lunes, 8 de febrero de 2021

Encarnación López Júlvez, la vida encontrada de La Argentinita

 

#LeerSientaDeCine


Tras los pasos de La Argentinita

Paulina Fariza Guttmann firma una vibrante biografía de Encarnación López, figura extraordinaria de la danza española del XX

ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)

Hay personajes sobre los que circulan tal cantidad de tópicos y lugares comunes, reiterados a lo largo del tiempo, que se nos complica la tarea de discernir cuánto hay de verdad en torno a ellos. Un buen ejemplo es el de Encarnación López Júlvez, La Argentinita, cuya brillante trayectoria artística se despacha las más de las veces con la frivolidad de una frase que sepulta y desmerece toda su sobresaliente carrera: fue amiga de Federico García Lorca y amante de Ignacio Sánchez Mejías, el torero. De hecho, aún hoy es posible toparse con varias fechas distintas de su nacimiento, según la fuente que se consulte, a pesar de haber sido una de las figuras más relevantes de la danza española (y mundial) de todos los tiempos. 


Existe un silencio inexplicable en torno a ella; apenas unas pinceladas aquí y allá, pero no un relato completo sobre lo que su vida y su obra significaron para la historia de la danza, la música y la cultura del momento. Ha habido un maltrato de décadas que, sin ir más lejos, la ha excluido de la nómina de integrantes de la Generación del 27, de la que sin ninguna duda formó parte. 


Enhebrar los dispersos episodios vitales que se conocen, tratando de separar el grano de la paja. Construir una biografía coherente de aquella estrella que saltó a la fama siendo niña tras debutar en el Teatro-Circo de San Sebastián. Rescatar, contextualizar y dimensionar con justicia su legado artístico. Dar respuesta a las muchas preguntas que aún sobrevuelan en torno a su figura. Y, en fin, reivindicar a una mujer cuya vida –descabalada por la Guerra Civil, como la de millones de españoles– pivotó en torno a la creación de una estética personalísima y la gestión de su propia compañía de baile. A estos cometidos se ha consagrado Paulina Fariza Guttmann, quien firma esta vibrante semblanza de Encarnación López.


Sin academicismos (a pesar de las notas a pie de página que salpican el volumen) pero con el rigor que concede manejar diferentes fuentes. Con un estilo que unas veces nos hace pensar que estamos ante una biografía novelada y otras, ante un extenso reportaje periodístico. La autora va desbrozando la trayectoria vital y profesional de quien, nacida en Buenos Aires en 1897, protagonizó una fulgurante y exitosa carrera desde que se estrenara sobre las tablas con tan solo ocho años. Una adolescente que a los 13 ya era capaz de acreditar más de 250 actuaciones en una sola temporada. Una mujer que triunfó con su arte en los principales escenarios del mundo y supo subyugar durante décadas a público y empresarios nacionales y extranjeros, pero también a intelectuales y creadores. Más allá de Lorca o Sánchez Mejías: Dalí, Falla, Andrés Segovia, Fernando de los Ríos, Rafael Alberti, los Hermanos Quintero o Edgar Neville figuran, entre otros muchos, en esa lista de honor.


Paulina Fariza consigue que el lector se enamore poco a poco de La Argentinita y de su arte, como debieron hacerlo miles de seguidores en su época. Y también que siga apasionadamente, y con no pocos sobresaltos, los variados y muchas veces dolorosos sucesos que jalonan la biografía de una artista con mayúsculas que fue bailarina, bailaora, cantante, parodista, actriz y mucho más. Pero, mayormente, logra que se genere una profunda admiración hacia una mujer culta, decidida y temperamental que dinamizó la revolución cultural de su tiempo y participó de la modernidad y transversalidad artística del 27. 


Sus méritos fueron, sí, innumerables. Pero, aunque solo nos quedara esa maravillosa colección de Canciones populares españolas que grabó en 1931 con Lorca (y que los curiosos pueden encontrar en las plataformas de streaming), La Argentinita ya merecería ocupar un lugar privilegiado en el Olimpo. 

fuente: aisge


La Argentinita, mucho más que la amiga de Lorca

Una biografía pone en valor el legado artístico de Encarnación López, gran renovadora de la danza española, ensombrecido por su relación extramatrimonial con Sánchez Mejías y sus colaboraciones con el poeta

'La Argentinita', en una fotografía sin datar, incluida en el libro 'La vida encontrada de Encarnación López, La Argentinita'.
'La Argentinita', en una fotografía sin datar, incluida en el libro 'La vida encontrada de Encarnación López, La Argentinita'.ARCHIVO CENTRO GARCÍA LORCA. CONSORCIO GARCÍA LORCA

Cuando el año pasado se puso a recopilar información sobre la bailarina Encarnación López, conocida como La Argentinita, la escritora Paulina Fariza Guttmann decidió telefonear al Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías de Manzanares, el municipio manchego donde el diestro recibió la cornada que lo mató en 1934, que inauguró este centro en 2018 para honrar su figura con fondos donados por sus descendientes. La artista y el torero fueron amantes y cómplices de aventuras literarias y teatrales entre 1922 y 1934, por lo que Fariza imaginó que ahí debería haber muy buena documentación: cartas, fotografías, libretos, partituras. Pero se llevó una sorpresa mayúscula: “Algo azorada, la guía del museo me confiesa que allí no se hace mención alguna a Encarnación López, que los visitantes sí sabrán de la intervención de Ignacio Sánchez Mejías en la Compañía de Bailes Españoles como empresario y dramaturgo, pero poco más (…) ¿Qué dolor suspendido ha obrado que ni nietos ni bisnietos sepan el relato completo del hombre que, además de torear, compartió proyectos y vida con una mujer que ha sido pieza clave de la vanguardia de la danza española?”, se pregunta asombrada Fariza en la biografía literaria que ha resultado de aquella investigación, que acaba de publicarse bajo el título La vida encontrada de Encarnación López, La Argentinita, con el sello de la editorial Bala Perdida.

Setenta y cinco años después de la muerte de La Argentinita, todavía quedan muchas incógnitas en el recuento de su vida y sus logros artísticos. No solo por ese manto de silencio tendido sobre su relación extramatrimonial con Sánchez Mejías, sino también por el enorme peso de su amistad con Federico García Lorca: ella es la voz que canta en las famosas grabaciones de antiguas canciones españolas que se conservan con el poeta al piano, pero la proyección mediática del escritor hace que ella quede casi siempre en segundo plano. Y luego está, claro, la Guerra Civil. “Todo aquel trabajo de investigación sobre las raíces de los bailes populares, su visión de la danza como eje vertebrador de la cultura, en línea con la Generación del 27 y todas las vanguardias escénicas de aquel momento, quedaron sepultados por el enfoque estereotipado del folclore que impusieron los Coros y Danzas de la Sección Femenina durante la dictadura. Por suerte en los últimos años muchos estudios están volviendo a poner en valor aquellas vanguardias, pero todavía quedan algunos legados por reconocer, sobre todo los de las mujeres. Entre ellas, La Argentinita”, resume su biógrafa.

 

A su pesar, la propia Encarnación López contribuyó a tejer ese manto de silencio que aún ensombrece su vida. En sus inicios como artista de variedades, según escribe Fariza en su libro, “seguir su rastro consistía en abrir bien los sentidos para recabar verdad en circunloquios y picardías que encandilaban a cronistas”. Después, cuando comenzó su relación con Sánchez Mejías, “no tuvo más remedio que añadir, a esa primera ocultación del ‘sí, pero no’ que manejaba con mucho gracejo en las entrevistas de prensa del chascarrillo en sus primeros años, una nueva capa de ocultación y silencio mediático: la que a partir de su nueva condición de amante de un torero famoso se suma, la de ser la otra, la querida, la adúltera y demás acepciones, a cual más peyorativa”. Y finalmente, el régimen franquista, que la obligó a huir de España por su declarada adhesión a la República y que construyó una imagen distorsionada de ella tras su muerte en el exilio de Nueva York en 1945 por un cáncer de estómago: el régimen quiso apropiarse de su fama mundial y nunca se refirió a ella como exiliada, sino que su ausencia de España se debía a una larga gira internacional. Y por supuesto, silenció todo lo que tenía que ver con su vida privada y la renovación artística que emprendió con Lorca y otros integrantes de la Generación del 27.

Fotografía dedicada por Encarnación López a Federico García Lorca.
Fotografía dedicada por Encarnación López a Federico García Lorca.Archivo Centro García Lorca. Consorcio Centro Federico García Lorca.

Pero el legado artístico de La Argentinita va más allá de su proyección como “embajadora de la cultura española” en el mundo. Junto con otras leyendas del género como Antonia Mercé, La Argentina, Pastora Imperio y su hermana Pilar López, en complicidad con músicos como Manuel de Falla, Enrique Granados o los hermanos Halffter, incorporó las vanguardias escénicas del momento a los bailes nacionales, con una clara influencia de los Ballets Rusos de Diaghilev y su concepto de la danza como arte total. Desató el delirio en Nueva York con coreografías del Café de Chinitas (con decorado de Salvador Dalí), Bolero, Capricho Español o su versión de El amor brujo, de Falla. Y sobre todo, llevó el flamenco popular a los grandes teatros cuando todavía se consideraba un arte de cafés y tablaos: fue la primera en subir a un escenario a un cuadro de bailaores gitanos que no habían aprendido a bailar en academias, sino en la calle. Lo hizo principalmente con la Compañía de Bailes Españoles, que fundó en 1933, en la que contó con Sánchez Mejías como productor y la colaboración constante de Lorca. “Este arte gitano tan duro, tan severo consigo mismo y con los demás, ha entrado en la escena española definitivamente traído por La Argentinita”, escribió María Teresa León en El Heraldo de Madrid tras el estreno de la primera producción del grupo, El amor brujo.

La bofetada de Raquel Meller

A lo largo de la biografía de Fariza descubrimos cómo fue su padre quien le transmitió su pasión por los tablaos y los cafés cantantes. Lo cuenta su hermana Pilar en una entrevista en EL PAÍS con el periodista Miguel Mora recogida también en el libro: “Salía la bailaora y mi padre le hacía una especie de diagnóstico: ‘Encarnita, fíjate en esta bailaora nada más en los brazos’, salía otra: ‘Encarnita, fíjate en ese respinguillo que hace cuando termina’. Otra: ‘Fíjate cómo mueve los pies”. Salen a relucir también sus extraordinarias dotes como imitadora, por las que se llevó una bofetada de la archifamosa actriz Raquel Meller después de ver cómo la parodiaba en el cuplé Matrimonio. Y por supuesto, sus posibles amores con otro torero, Joselito el Gallo, cuñado de Sánchez Mejías, truncados por otra cornada mortal en 1920.

Tras su muerte en 1945, sus restos fueron repatriados a España y la prensa del régimen cubrió su legado artístico con un relato que hacía “especial hincapié en todo lo que suma a una vida de copla, donde no faltan toreros, drama y riqueza, según el gusto de la época en la que se exportaba un flamenco “edulcorado" para romper el aislamiento político, por mucho que Encarnación López jugara en otra liga dancística”, como escribe Fariza en su biografía. Pero “no solo la prensa de la época abonaba la frivolidad al referirse a la bailarina. Cincuenta años después de la muerte de La Argentinita, en 1995, el periódico El Mundo da cuenta de su hora final con cierta frivolidad y detalles gratuitos: ‘Y la muerte le llegó tras bailar por última vez, sevillanas y en bañador, ante Indalecio Prieto, en la casa del oftalmólogo Castroviejo en Nueva York. Quería Encarnación que don Inda le devolviera sus joyas robadas del banco en 1936’ (...) Veinte años más tarde, en el 70º aniversario de su muerte, el periódico La Vanguardia celebra la efeméride con el siguiente titular: Amiga de Lorca, amante del torero Sánchez Mejías”.

Paulina Fariza Guttman



PAULINA FARIZA GUTTMANN

 

La escena, la poesía, la narrativa, la música y todas las hibridaciones que se deriven de las mixturas de todo, hace tiempo que se desbordan, se alimentan, se pelean y, en ocasiones, hasta se ríen de mí.

Desde que me inventé una canción en el parvulario me he dedicado a las letras, es decir a la escritura en un sentido amplio. He sido tanto amante las cacofonías o errores accidentales del idioma, lo que me llevaba a reír sin parar, como alumna al borde de las lágrimas cuando tocaba recitar a los autores del Siglo de Oro que mis compañeros aborrecían. Tímida y observadora como era,  amaba a los clásicos y prefería ensayar en el coro a salir al recreo.

Nací y me crié en Vinaroz, Castellón, y, al acabar mis estudios de bachiller, pasé un año crucial de mi vida en Austria. Tenía diecisiete años cuando partí como estudiante a un país del que no conocía ni el idioma, ni casi nada. Tras la experiencia y el crecimiento personal de mi vida en Eisendstadt, fui a Barcelona a estudiar Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autònoma de Bellaterra.

Inicié mi andadura teatral poco antes de acabar la carrera de periodismo. Me formé en una escuela de interpretación ya desaparecida llamada Gente de Teatre de Barcelona, dirigida por Enrique Ibáñez y Víctor Hernando. Allí me formé con amigos que aún conservo. Carme Abelló, Mari Luz Lapuyade, Francesc Garrido, Cristina García y Xavi Tena fueron mis colegas entonces, algunos de ellos han seguido en la interpretación y otros no, pero  ni han desaparecido de mi vida ni de mi pensamiento.

Al bajar por las escaleras de aquel estudio destartalado de la Barceloneta llamado “Gente de Teatro” saludábamos a Pepe Otal, que tenía su piso lleno de todo tipo de marionetas, hoy es museo. En el terrado o la escalera, vivía El Búlgaro, un hombre que se bebía lo que ganaba, y aparecía en medio de nuestras improvisaciones para explicar las razones de su nombre. A saber, le gustaba Sofía Loren y la capital de Bulgaria era Sofía, ¿entiendes? Poco después, Cristina García Borrás (hoy Cristi Garbo) y yo creamos un espectáculo de cabaret musical llamado Canciones a la carta, con él recorrimos todos los locales de Barcelona que se pusieron en nuestro camino.

Al finalizar la carrera de periodismo participé en una obra llamada Chomsky Show al más puro estilo de musical fragmentado y experimental, se trataba de una suerte de ópera con el concurso de grandes personalidades del teatro de quienes aprendí mucho (Xavier Albertí, Arnau Vilardebó, Maria Luchetti, Inés Boza). Algo más tarde me incorporé al grupo Las Stupendams, y con ellas me arranqué con la composición de alguna letra, poco después publiqué un cuento infantil en la editorial Cruïlla, titulado Les sospites de la Mònica (Las sospechas de Mònica) para primeros lectores. Paralelamente traducía del alemán, inglés y catalán obras literarias y de divulgación, traduje también muchos textos infantiles que más bien requerían una reinterpretación. Fue por aquella época cuando tuve a mis dos hijos Pere y Clàudia, un dato biográfico que me atravesó y cambió mi perspectiva artística. En medio de la crianza, publiqué un libro de poemas titulado Inociencia (algunos de los poemas del libro han encontrado más tarde su lugar en el espectáculo musical Págines Calladas).

A partir de entonces, tomé mayor compromiso con la edición, de lectora profesional y traductora en editoriales señeras de la época, como Plaza y Janés, Salamandra, Destinto, etc., pasé a trabajar como jefa de comunicación editorial durante un tiempo nos años, hasta que cumplí mi deseo de ser editora. Fue mi vocación durante años. Fui editora en Alba Editorial y luego pasé a ocupar la dirección. Allí desarrollé proyectos fabulosos, de los que saqué mucho aprendizaje, y que han sido seminales en mi trabajo posterior: una colección dedicada a la interpretación actoral llamada Artes Escénicas donde pude leer y releer a pesos pesados de la cultura como Stanislavski o introducir en librerías a Augusto Boal, con el que se abrió la gran fiebre del Teatro del Oprimido; además pude idear títulos de cargado carácter feminista como Trátame bien, un compilación de testimonios de mujeres que salen del maltrato, como antídoto para ayudar a otras, idear títulos como El diario violeta de Carlota o publicar De qué hablamos las mujeres cuando hablamos de sexo, publiqué textos de música contemporánea, jazz y flamenco que me dejaron mucha huella (Kind of Blue, Sobre Camarón, Crónicas de mi vida de Igor Stravinsky) y grandes textos clásicos que me acompañan por dentro en cuanto se hace el silencio. Mi andadura editorial llegó a su fin en 2012, pero antes en 2010 el Ministerio de Cultura otorgó al proyecto editorial el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural.

Tras dejar el mundo de la edición, la gestión y la empresa atrás, volví a la creación que, en algún punto, había desaparecido de mi vida y necesitaba recuperar.

El canto y la escena se volvieron a conjurar para entrar y tomar espacio en mi vida. Llena de música y reconciliada de nuevo con la escritura, en primer lugar co-escribí un manual de canto, después creé a pie de escena, junto a Pepa Lavilla, amiga de mis tiempos en Gente de Teatro, la obra llamada Deeses. Poco después, Assumpta Cahiguelas y yo fundamos Ho Femmes Fatales y levantamos un espectáculo de cabaret que rodamos durante un tiempo. Me acerqué a tierras ampurdanesas y trabajé con Jaume Torrent y Mercé Riba, editores de Calígraf, y la pareja formada por Mercè Poch y Xavier Vallés (piano y bajo eléctrico) en un formato que se prodigó por la provincia de Girona, que llamamos Compañía inesperada.

Seguí con la redacción de una novela, La amabilidad de los desconocidos y en el ínterin, en una feria de editores independientes, propuse F de feminismos a la editorial Elisabeth Falomir de Editorial Melusina, un título que llegó a las librerías en 2017 e ilustro Ishara Solís. El resultado es tan bonito que, aún tras años de su publicación, se sigue viendo en escaparates, lo mismo ha sucedido con Nanas de Colores, un proyecto en el que se unían mis dos pasiones, el canto y la literatura, que musicó Ricky Schneider e ilustró Jani Lunablau con mucho arte.

fuente: Paulina Fariza Guttman

La loi Évin

 

  • Petite histoire de la consommation de la cigarette : 
https://www.francetvinfo.fr/sante/drogue-addictions/lutte-contre-le-tabagisme/la-loi-evin-a-30-ans-retour-sur-la-politique-de-lutte-contre-le-tabac-en-france-en-quatre-actes_4250937.html

https://www.youtube.com/watch?v=Y0pdUyFC7As&feature=emb_logo

martes, 2 de febrero de 2021

Escuela de pensar desde casa

 

El filósofo Byung-Chul Han da 7 apuntes sobre la pandemia

9 Julio 2020 CULTURA INQUIETA

Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista surcoreano experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín.

Supervivencia, sacrificio del placer y pérdida del sentido de la buena vida. Así es el mundo que vaticina el filósofo coreano Byung-Chul Han después de la pandemia: “Sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente”.



 Nacido en Seúl en 1959, Han estudió Filosofía, Literatura y Teología en Alemania, donde reside, y ahora es una de las mentes más innovadoras en la crítica de la sociedad actual. Según describe en una entrevista a EFE, nuestra vida está impregnada de hipertransparencia e hiperconsumismo, de un exceso de información y de una positividad que conduce de forma inevitable a la sociedad del cansancio.

El pensador coreano, global y viral en su fondo y forma, expresa su preocupación porque el coronavirus imponga regímenes de vigilancia y cuarentenas biopolíticas, pérdida de libertad, fin del buen vivir o una falta de humanidad generada por la histeria y el miedo colectivo.

"La muerte no es democrática", advierte este pensador. La Covid-19 ha dejado latentes las diferencias sociales, así como que “el principio de la globalización es maximizar las ganancias” y que “el capital es enemigo del ser humano”. A su juicio, “eso ha costado muchas vidas en Europa y en Estados Unidos” en plena pandemia.

Byung-Chul Han está convencido de que la pandemia “hará que el poder mundial se desplace hacia Asia” frente a lo que se ha llamado históricamente el Occidente. Comienza una nueva era.

El filósofo daba nueve apuntes importantes a propósito de la pandemia en una reciente entrevista para Carmen Sigüenza y Esther Rebollo, de Agencia EFE.

 Uno

“El coronavirus está mostrando que la vulnerabilidad o mortalidad humanas no son democráticas, sino que dependen del estatus social. La muerte no es democrática. La Covid-19 no ha cambiado nada al respecto. La muerte nunca ha sido democrática.

La pandemia, en particular, pone de relieve los problemas sociales, los fallos y las diferencias de cada sociedad. Con la Covid-19 enferman y mueren los trabajadores pobres de origen inmigrante en las zonas periféricas de las grandes ciudades. Tienen que trabajar. El teletrabajo no se lo pueden permitir los cuidadores, los trabajadores de las fábricas, los que limpian, las vendedoras o los que recogen la basura. Los ricos, por su parte, se mudan a sus casas en el campo".

 Dos

“La pandemia no es solo un problema médico, sino social. Una razón por la que no han muerto tantas personas en Alemania es porque no hay problemas sociales tan graves como en otros países europeos y Estados Unidos. Además el sistema sanitario es mucho mejor en Alemania que en los Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Italia”.

 

Tres

“El segundo problema es que la Covid-19 no sustenta a la democracia. Como es bien sabido, del miedo se alimentan los autócratas[1]. En la crisis, las personas vuelven a buscar líderes. El húngaro Viktor Orban se beneficia enormemente de ello, declara el estado de emergencia y lo convierte en una situación normal. Ese es el final de la democracia”.

 

Cuatro

“Con la pandemia nos dirigimos hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud se convierten en objetos de vigilancia digital. El choque pandémico hará que la biopolítica digital se consolide a nivel mundial, que con su control y su sistema de vigilancia se apodere de nuestro cuerpo, dará lugar a una sociedad disciplinaria biopolítica en la que también se monitorizará constantemente nuestro estado de salud”.

 

Cinco

“El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos. Y vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en última instancia en el miedo a la muerte. Ahora sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplearán para prolongar la vida. En una sociedad de la supervivencia se pierde todo sentido de la buena vida. El placer también se sacrificará al propósito más elevado de la propia salud”.

 

Seis

“La pandemia vuelve a hacer visible la muerte, que habíamos suprimido y subcontratado cuidadosamente. La presencia de la muerte en los medios de comunicación está poniendo nerviosa a la gente. La histeria de la supervivencia hace que la sociedad sea tan inhumana. A quien tenemos al lado es un potencial portador del virus y hay que mantenerse a distancia.

Los mayores mueren solos en los asilos porque nadie puede visitarles por el riesgo de infección. ¿Esa vida prolongada unos meses es mejor que morir solo? En nuestra histeria por la supervivencia olvidamos por completo lo que es la buena vida”.

 

Sietee

“La Covid-19 probablemente no sea un buen presagio para Europa y Estados Unidos. El virus es una prueba para el sistema. Los países asiáticos, que creen poco en el liberalismo, han asumido con bastante rapidez el control de la pandemia, especialmente en el aspecto de la vigilancia digital y biopolítica, inimaginables para Occidente.

Europa y Estados Unidos están tropezando. Ante la pandemia están perdiendo su brillo. El virus no detiene el avance de China. China venderá su estado de vigilancia autocrática como modelo de éxito contra la epidemia. Exhibirá por todo el mundo aún con más orgullo la superioridad de su sistema. La Covid-19 hará que el poder mundial se desplace un poco más hacia Asia. Visto así, el virus marca un cambio de era”.

 

 

REFLEXIÓN

¿Crees que realmente es más fácil enfermar de coronavirus, o estar más grave cuanto más pobre eres? ¿Por qué?

¿Consideras bueno el sistema de salud español? ¿Te ha cambiado la percepción durante la pandemia? ¿crees que los problemas sociales que puede tener España como el desempleo hacen que la pandemia sea peor?

¿opinas como en el punto tres, que el coronavirus puede beneficiar a los partidos más autoritarios como en el caso de Hungría, al líder de la extrema derecha?

Para saber más sobre el punto cinco, lee el artículo siguiente.

Ese sacrificio del placer por la propia salud, ¿Crees que nos ha convertido en seres apáticos, sin sueños?

¿Es la pandemia un comienzo para una nueva era en la que Asia será quien tenga el poder?

 

ARTÍCULO SOBRE LA VIGILANCIA EN TIEMPOS DE COVID

La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa desde Berlín

 

Byung-Chul Han 22 mar 2020 ELPAÍS

El coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema. Al parecer Asia tiene mejor controlada la pandemia que Europa. En Hong Kong, Taiwán y Singapur hay muy pocos infectados. En Taiwán se registran 108 casos y en Hong Kong 193. En Alemania, por el contrario, tras un período de tiempo mucho más breve hay ya 15.320 casos confirmados, y en España 19.980 (datos del 20 de marzo). También Corea del Sur ha superado ya la peor fase, lo mismo que Japón. Incluso China, el país de origen de la pandemia, la tiene ya bastante controlada. Pero ni en Taiwán ni en Corea se ha decretado la prohibición de salir de casa ni se han cerrado las tiendas y los restaurantes. Entre tanto ha comenzado un éxodo de asiáticos que salen de Europa. Chinos y coreanos quieren regresar a sus países, porque ahí se sienten más seguros. Los precios de los vuelos se han multiplicado. Ya apenas se pueden conseguir billetes de vuelo para China o Corea.

Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. Parece que Europa no puede controlar la pandemia. En Italia mueren a diario cientos de personas. Quitan los respiradores a los pacientes ancianos para ayudar a los jóvenes. Pero también cabe observar sobreactuaciones inútiles. Los cierres de fronteras son evidentemente una expresión desesperada de soberanía. Nos sentimos de vuelta en la época de la soberanía. El soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Es soberano quien cierra fronteras. Pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve de nada. Serviría de mucha más ayuda cooperar intensamente dentro de la Eurozona que cerrar fronteras a lo loco. Entre tanto también Europa ha decretado la prohibición de entrada a extranjeros: un acto totalmente absurdo en vista del hecho de que Europa es precisamente adonde nadie quiere venir. Como mucho, sería más sensato decretar la prohibición de salidas de europeos, para proteger al mundo de Europa. Después de todo, Europa es en estos momentos el epicentro de la pandemia.

Las ventajas de Asia

En comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes para combatir la pandemia? Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia. Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital proclamarían que el big data salva vidas humanas.

La conciencia crítica ante la vigilancia digital es en Asia prácticamente inexistente. Apenas se habla ya de protección de datos, incluso en Estados liberales como Japón y Corea. Nadie se enoja por el frenesí de las autoridades para recopilar datos. Entre tanto China ha introducido un sistema de crédito social inimaginable para los europeos, que permite una valoración o una evaluación exhaustiva de los ciudadanos. Cada ciudadano debe ser evaluado consecuentemente en su conducta social. En China no hay ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación. Se controla cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales. A quien cruza con el semáforo en rojo, a quien tiene trato con críticos del régimen o a quien pone comentarios críticos en las redes sociales le quitan puntos. Entonces la vida puede llegar a ser muy peligrosa. Por el contrario, a quien compra por Internet alimentos sanos o lee periódicos afines al régimen le dan puntos. Quien tiene suficientes puntos obtiene un visado de viaje o créditos baratos. Por el contrario, quien cae por debajo de un determinado número de puntos podría perder su trabajo. En China es posible esta vigilancia social porque se produce un irrestricto intercambio de datos entre los proveedores de Internet y de telefonía móvil y las autoridades. Prácticamente no existe la protección de datos. En el vocabulario de los chinos no aparece el término “esfera privada”.

En China hay 200 millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una técnica muy eficiente de reconocimiento facial. Captan incluso los lunares en el rostro. No es posible escapar de la cámara de vigilancia. Estas cámaras dotadas de inteligencia artificial pueden observar y evaluar a todo ciudadano en los espacios públicos, en las tiendas, en las calles, en las estaciones y en los aeropuertos.

Toda la infraestructura para la vigilancia digital ha resultado ser ahora sumamente eficaz para contener la epidemia. Cuando alguien sale de la estación de Pekín es captado automáticamente por una cámara que mide su temperatura corporal. Si la temperatura es preocupante todas las personas que iban sentadas en el mismo vagón reciben una notificación en sus teléfonos móviles. No en vano el sistema sabe quién iba sentado dónde en el tren. Las redes sociales cuentan que incluso se están usando drones para controlar las cuarentenas. Si uno rompe clandestinamente la cuarentena un dron se dirige volando a él y le ordena regresar a su vivienda. Quizá incluso le imprima una multa y se la deje caer volando, quién sabe. Una situación que para los europeos sería distópica, pero a la que, por lo visto, no se ofrece resistencia en China.

Ni en China ni en otros Estados asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán o Japón existe una conciencia crítica ante la vigilancia digital o el big data. La digitalización directamente los embriaga. Eso obedece también a un motivo cultural. En Asia impera el colectivismo. No hay un individualismo acentuado. No es lo mismo el individualismo que el egoísmo, que por supuesto también está muy propagado en Asia.

Al parecer el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa. Sin embargo, a causa de la protección de datos no es posible en Europa un combate digital del virus comparable al asiático. Los proveedores chinos de telefonía móvil y de Internet comparten los datos sensibles de sus clientes con los servicios de seguridad y con los ministerios de salud. El Estado sabe por tanto dónde estoy, con quién me encuentro, qué hago, qué busco, en qué pienso, qué como, qué compro, adónde me dirijo. Es posible que en el futuro el Estado controle también la temperatura corporal, el peso, el nivel de azúcar en la sangre, etc. Una biopolítica digital que acompaña a la psicopolítica digital que controla activamente a las personas.

En Wuhan se han formado miles de equipos de investigación digitales que buscan posibles infectados basándose solo en datos técnicos. Basándose únicamente en análisis de macrodatos averiguan quiénes son potenciales infectados, quiénes tienen que seguir siendo observados y eventualmente ser aislados en cuarentena. También por cuanto respecta a la pandemia el futuro está en la digitalización. A la vista de la epidemia quizá deberíamos redefinir incluso la soberanía. Es soberano quien dispone de datos. Cuando Europa proclama el estado de alarma o cierra fronteras sigue aferrada a viejos modelos de soberanía.

No solo en China, sino también en otros países asiáticos la vigilancia digital se emplea a fondo para contener la epidemia. En Taiwán el Estado envía simultáneamente a todos los ciudadanos un SMS para localizar a las personas que han tenido contacto con infectados o para informar acerca de los lugares y edificios donde ha habido personas contagiadas. Ya en una fase muy temprana, Taiwán empleó una conexión de diversos datos para localizar a posibles infectados en función de los viajes que hubieran hecho. Quien se aproxima en Corea a un edificio en el que ha estado un infectado recibe a través de la “Corona-app” una señal de alarma. Todos los lugares donde ha habido infectados están registrados en la aplicación. No se tiene muy en cuenta la protección de datos ni la esfera privada. En todos los edificios de Corea hay instaladas cámaras de vigilancia en cada piso, en cada oficina o en cada tienda. Es prácticamente imposible moverse en espacios públicos sin ser filmado por una cámara de vídeo. Con los datos del teléfono móvil y del material filmado por vídeo se puede crear el perfil de movimiento completo de un infectado. Se publican los movimientos de todos los infectados. Puede suceder que se destapen amoríos secretos. En las oficinas del ministerio de salud coreano hay unas personas llamadas “tracker” que día y noche no hacen otra cosa que mirar el material filmado por vídeo para completar el perfil del movimiento de los infectados y localizar a las personas que han tenido contacto con ellos.

(…)

SI QUERÉIS LEER EL ARTÍCULO COMPLETO https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

REFLEXIÓN

¿Pensáis que es correcto que a través de vuestro móvil u ordenador tenga el gobierno o distintas empresas acceso a vuestros datos, a compras, a lugares en los que habéis estado, etc.?

¿os sentís vigilados?

 

 



[1] autócrata Del fr. autocrate, y este del gr. αὐτοκρατής autokratḗs, infl. en su acentuación por ‒́crata. 1. m. y f. Persona que ejerce por sí sola la autoridad suprema en un Estado. Se daba especialmente este título al emperador de Rusia.

 

martes, 12 de enero de 2021

Notre droit n’est plus en mesure de sauver des vies: la bureaucratie française, coupable idéale des ratés de la vaccination

L’exécutif critique l’administration de la santé pour la lenteur de la mise en place de la stratégie vaccinale qu’il avait lui-même validée. Il y a « un risque de rupture avec l’opinion », selon les sondeurs.

Par Claire Gatinois et Audrey Tonnelier
Le document compte 45 pages, cinq chapitres, quatre annexes et un luxe de détails, allant de la taille des aiguilles requises à la procédure visant à s’assurer du consentement des patients avant de leur injecter le précieux vaccin contre le Covid-19. Fallait-il 45 pages à en-tête du ministère de la santé pour guider un personnel de santé déjà soumis à un code de déontologie et, a priori, coutumier de piqûres en tout genre ?
Alors que la pandémie continue de flamber, décimant chaque semaine des centaines de Français, le guide de l’organisation de la vaccination distribué aux établissements d’hébergement pour personnes âgées dépendantes (Ehpad) et aux unités de soin de longue durée est venu illustrer l’une des causes présumées de la lenteur de la vaccination contre le Covid-19 en France : la bureaucratie.
« Protéger en priorité les aînés dans nos Ehpad, oui. Leur pondre un guide de vaccination incompréhensible de 45 pages, non », s’est agacé Emmanuel Macron lundi 4 janvier après avoir fait étalage, la veille, de sa « colère » en « une » du Journal du dimanche. Le chef de l’Etat, qui prétendait incarner une nouvelle pratique du pouvoir, plus agile et plus efficace, ce président d’un « nouveau monde », se retrouverait donc, à son tour, embourbé dans la pire crise du XXIe siècle du fait de ce jacobinisme si français.
« La crise sanitaire a mis à nu le caractère inopérant de notre fonction publique. Le pays est doté d’un droit pour les contemplatifs qui n’est pas fait pour atteindre des objectifs précis, et surtout pas pour répondre à l’urgence, appuie Alain Lambert, à la tête du Conseil national d’évaluation des normes et grand pourfendeur de la technocratie. Notre droit n’est plus en mesure de sauver des vies !»




Failles du système de santé
L’administration, et en particulier celle du système de santé, est décrite comme un millefeuille d’institutions prisonnières les unes les autres de protocoles, de règles et de précautions, qui priveraient l’ensemble de cohérence, de pragmatisme et de bon sens. Après le raté des masques, l’échec des tests, les critiques envers la stratégie vaccinale confirment les défaillances d’une organisation incapable de répondre à l’urgence sanitaire.
A chaque fois, la logistique déraille et la communication, confuse et maladroite, alimente la défiance du grand public. Les failles du système de santé sont d’autant plus criantes qu’ailleurs, notamment à Bercy, la fonction publique a su se mobiliser pour déployer des aides massives et inédites en un temps record, sans tomber dans les travers habituels de formulaires à remplir ou d’attestations à fournir.
La France compte 93 000 administrations (Etat, Sécurité sociale, collectivités territoriales) qui peuvent dépenser de l’argent public, contre 15 000 en Allemagne, rappelait la Cour des comptes dans son dernier rapport de novembre 2020.

Sur le terrain, maires et collectivités locales se plaignent de l’arrogance des hauts fonctionnaires, qui les méprisent à un moment où l’union sacrée devrait primer
« Il y a un problème d’organisation : l’administration fait beaucoup trop de choses, car les Français le demandent. Dès qu’il y a un problème, il faut une nouvelle réglementation, estime François Ecalle, ancien ­conseiller-maître à la Cour des comptes et fondateur du site d’analyse Fipeco. De plus, en France, on a une organisation des ministères très verticale, en silo. Le ministre donne ses instructions à des responsables de programmes, qui eux-mêmes délèguent les crédits aux responsables dans les territoires. En parallèle, au niveau local, les préfets sont sous tutelle du ministère de l’intérieur. Bercy voit des ministères verticaux comme plus efficaces. Mais la seule solution serait une réelle décentralisation. »
Sur le terrain, maires et collectivités locales se plaignent, de leur côté, de l’arrogance des hauts fonctionnaires, qui les méprisent à un moment où l’union sacrée devrait primer. « Si l’Etat nous faisait confiance, on aurait une procédure vaccinale qui marche. On a l’habitude de faire, on a les locaux, lycées, collèges, les moyens de transport et une capacité de mobilisation record ! Mais l’Etat nous regarde et se dit : “qui sont ces ploucs ?” », se désole Hervé Morin, président du conseil régional de Normandie.
« On ne peut mener une campagne de vaccination sans s’appuyer sur les collectivités territoriales. Il est temps également d’en finir avec la trop lourde bureaucratie de notre pays », a aussi tweeté, mercredi 6 janvier, le président du Sénat, Gérard Larcher (Les Républicains).

Hypercontrôle
Pour Alain Lambert, cette défiance du pouvoir central et ce souci du détail auraient été accentués, paradoxalement, par les différentes lois de décentralisation. L’Etat, n’étant plus acteur mais prescripteur, aurait compensé sa perte de pouvoir par un hypercontrôle. « C’est comme si un général des armées décrivait une à une les actions à mener par les soldats pour gagner la guerre. On est dans une guerre sanitaire, ce n’est pas possible ! », poursuit M. Lambert.

« Isoler la technostructure comme une force du mal est une erreur de raisonnement », pense Martin Hirsch, directeur général de l’Assistance publique-Hôpitaux de Paris

La « bureaucratie », ennemi invisible et coupable idéal ? « Isoler la technostructure comme une force du mal est une erreur de raisonnement », pense Martin Hirsch, directeur général de l’Assistance publique-Hôpitaux de Paris.
L’homme, qui se décrit comme un « bureaucrate en chef », ne nie pas les lourdeurs qui pèsent sur le système de santé et, plus largement, sur le fonctionnement de l’Etat. Mais, à l’en croire, elles ne sont en rien responsables de la lenteur des vaccinations. « La stratégie était de se concentrer dans un premier temps sur les Ehpad, et seulement après de s’adresser aux autres publics. Le 31 décembre, on nous a autorisés à vacciner les soignants de plus de 50 ans. Le 2 et le 3 janvier, des milliers de personnes étaient vaccinées », rappelle-t-il.
«Il y a des gens dans la crise qui se défoncent dans les agences régionales de santé et au ministère. Ils sont à fond jour et nuit, et on dit “c’est qui ces bureaucrates qui n’en foutent pas une ?”, s’énerve un haut fonctionnaire très au fait des questions de santé publique. Si on nous demande s’il y a de la frustration parce que la machine est lourde, la réponse est oui, mais quel est le bon système ? En Allemagne c’est souvent compliqué entre les Länder, en Espagne c’est le bazar. » Et d’ajouter : « Le protocole de 45 pages pour la vaccination n’est pas sorti du cerveau malade d’un bureaucrate, mais c’est le fruit de mois de discussions avec les médecins et les professionnels de la santé.»

« Risque de rupture de l’opinion »

La « colère » d’Emmanuel Macron envers la langueur de l’Etat prend ainsi pour certains des allures de mise en scène peu fair-play. Avant qu’éclate la polémique, le chef d’Etat n’a-t-il pas validé sans ciller la stratégie vaccinale ? Et l’énarque, ex-inspecteur des finances, qui avait fait de la réforme de l’Etat l’une des priorités de son quinquennat, peut difficilement masquer son propre échec dans ce domaine.
Qu’a donné le Comité action publique 2022, installé en grande pompe en 2017 pour réformer les missions de service public et réduire la dépense ? « Rien », souligne l’économiste Jean Pisani-Ferry, qui fut l’un des architectes du programme présidentiel. « C’était une armée mexicaine, reconnaît Philippe Aghion, professeur au Collège de France, qui y participa. On a mis de la bureaucratie pour s’occuper des bureaucrates… »
« Pour Emmanuel Macron, c’est l’heure de vérité, conclut le politiste Jérôme Fourquet. Le premier confinement avait été un gros crash test pour l’appareil d’Etat, et hormis sur les aides économiques, le résultat n’a pas été concluant », dit-il, évoquant les stocks de masques qui pourrissaient dans des hangars de l’Etat et ces infirmières qui fabriquaient des surblouses à partir de sacs-poubelle. « Le deuxième crash test est celui des vaccins, et c’est encore catastrophique », pense-t-il.
« On est face à un risque de rupture de l’opinion. Evoquer l’héritage d’une bureaucratie française n’est plus jouable après neuf mois de crise », insiste Frédéric Dabi, directeur général adjoint de l’institut de sondage IFOP. Selon lui, l’effet « Eurovision » de la stratégie vaccinale, permettant aux pays européens de se comparer les uns les autres, est dévastateur pour la France, dramatiquement en retard sur ses partenaires.
A moins de corriger le tir au plus vite, le souhait d’une alternance du pouvoir pourrait s’installer avec, en toile de fond, le sentiment d’être gouverné par des incompétents, alerte-t-il. Un procès en impuissance alimenté par une partie de l’opposition depuis la révélation, par le média en ligne Politico le 5 janvier, du recours au prestigieux cabinet de conseil anglo-saxon McKinsey, contracté pour épauler le ministère de la santé dans sa stratégie vaccinale.                                                                                                                                                                                                                         Source : Le Monde