lunes, 17 de enero de 2022

Dinero, de Martin Amis

 

Martin Amis, el estilo de la vulgaridad

El escritor presentará la próxima semana en España 'Dinero', novela de una autodestrucción

 
"Comenzamos escribiendo sobre los dioses, seguimos con los reyes, luego con los guerreros, más tarde con la clase media, nosotros, y ahora", dice con asco, "sobre ellos". Así habla en su silencioso estudio londinense Martin Amis, uno de los escritores más conocidos de la joven narrativa en inglés y a quien su sinceridad le ha creado una imagen de dificil. No lo es. A dos portales de distancia, una casa amenaza ruina, hay tres coches abandonados en 100 metros y merodean al menos dos vagabundos. Amis viajará a España la próxima semana para presentar Dinero (Anagrama) la feroz autodestrucción de un hombre que sólo cree en el dinero y el exceso. "Escribo con estilo sobre cosas vulgares", dice Amis.

John Self (Juan Mismo, o algo así), el protagonista de Dinero, es un hombre atiborrado de pornografía y la historia plana de la televisión, tan corto que lee literalmente Granja de animales, la célebre alegoría de George Orwell sobre la revolución de Octubre, y no se cree que los cerdos puedan llegar a ser tan inteligentes.Publicista con mucha suerte, a Self le llueve el dinero de forma constante hasta que conoce a un hombre en un avión entre Londres y Nueva York -la novela es un péndulo entre las dos ciudades-, ambos deciden hacer una película y ahí comienza el fin. Entretanto, John Self se mantiene sobrio en tan sólo unas pocas de las 398 páginas del libro, y las demás son la crónica feroz y a veces divertida de su decadencia a través del alcohol y las mujeres, ése tipo de mujeres que exprimen.

Amis, de 38 años, es casi norteamericano. Vivió allí, ha publicado como periodista numerosos reportajes sobre Estados Unidos (The moronic inferno and other visits to America, Penguin), su mujer y sus dos hijos son norteamericanos, y ésa es la razón de que el libro tenga, como el protagonista, una dimensión excesiva. "Cuando los británicos éramos el centro del mundo, podíamos escribir novelas de 500 páginas, como hacen los americanos. Mis primeras novelas eran de 250 páginas. Pero yo necesitaba aire, y con Dinero decidí hacer una obra americana".

El aguante del crápula

Aunque no lo parezca, Dinero es también un libro autobiográfico, y no sólo por el tono de confidencia con que John Self cuenta la historia de sus excesos. Martin Amis aparece en el libro como personaje, al modo de un Pirandello y, según explica, no se trata sólo de un medio para distanciarse del personaje. La asombrosa resistencia de John Self para aguantar su vida de crápula está inspirada en experiencias del propio Amis principalmente cuando soltero. "El humor consiste en eso", dice, "en exagerar las cosas hasta el borde de la línea que las separa de la farsa". Self tiene cosas de Amis, "pero no tiene otras cosas que tengo yo".Por lo demás, afirma, existe cierta tendencia a lo autobiografía en la novela actual, como si el escritor ya sólo confiara en su propia experiencia y descreyera de la imaginación.

Dinero es también una novela moral, concede Amis, "aunque la mayor parte de los escritores son moralistas". Pero lo sería en el sentido en que Saul Bellow, maestro de Amis, dijo que coexisten en Chicago la ética, sólo lo relacionado con el dinero, y la moral: sólo lo relacionado con el sexo. "Lo que más me preocupa", comenta como para sí, "es en lo que está metido el escritor: una suerte de vampiro que roba y chupa de la vida para meterlo en los libros".

Amis es bajito y con brazos fuertes de tenista, pelo rubio pajizo, tímido, capaz de escuchar y, sobre todo, capaz de hablar. No es que hable mucho sino que cuando habla -y cuando escribe-, lo hace con una notable inventiva, y a la mínima que se interese ha soltado ya una retahíla de sinónimos, ha inventado una palabra o ha colocado un taco bien colocado, lo que no es fácil. Las dos habitaciones amplias de su estudio se encuentran en una callecita de chalés a das manzanas de Portobello Road (el Rastro de Londres), y todo, libros, sofá, habitaciones y chalés tienen ese aire viejo y usado que los ingleses consiguen como nadie.

"Soy un escritor cómico que escribe sobre el dolor", y aunque ésa podría ser la definición misma de los humoristas, Amis cree que él va más allá en la brillante tradición humorística británica; más allá que Wodehouse, Waugh, o Sharpe, que le parece un farsante. Más allá que Kingsley Amis, su padre, que con Lucky Jim se hizo un nombre tan importante en el género que aún pesa sobre las espaldas literarias de su hijo; es él quien menciona a su padre, y para explicar que no es sólo la atmósfera algo cerrada de la literatura inglesa la que le hace marchar a América periódicamente: "Gracias al cielo, allí hablan inglés".

El tema espera

Uno no elige ser humorista, dice Amis, ni tampoco elige el tema sobre el que escribe. "Más bien, uno reconoce el tema, que le estaba esperando". Amis escribe sobre "el sufrimiento y la humillación", dice -sus tres autodefiniciones son variantes de una misma idea-, pero no sabe por qué.Salvo una primera infancia que no se podría llamar de pobreza, sino "algo así como la escasez en la casa de un posgraduado", la vida de Amis está llena de lo que se considera suerte. Oxford, periodismo de calidad en las mejores publicaciones británicas, y novelas con excelente acogida de la crítica: Other people: a mystery story, Success, Dead Babies, y Los papeles de Raquel (ésta en Anagrama), premio Maugham para jóvenes autores.

"El estilo revela la forma en que vemos las cosas", dice Amis, "y la elección del tema está determinada por el espíritu". Si en literatura cabe hablar de causas y de efectos, parecería que algo le corroe el alma a este humorista, y eso es lo que persigue en sus libros, en los que puede caber la carcajada pero difícilmente la sonrisa. Puro humor desesperado.

fuente: EL PAÍS 

 

Los editores de Martin Amis: “Digamos que Amis no es tan conocido en Alemania como en Inglaterra”

Martin Amis ya no es lo que era

La polémica literaria del año tenía un poso raro. Su protagonista, el británico Martin Amis, autor de Campos de Londres y Dinero, entre muchas otras novelas, y posiblemente uno de los escritores más relevantes de las décadas de los ochenta y noventa –y aún con numerosos fans- se quedaba de pronto sin sus editoriales alemana y francesa para la publicación de su última novela, The Zone of Interest. Y no eran sellos cualesquiera: Gallimard y Hanser Verlag, dos grupos importantes.

Amis y su agente literario, la agencia de Andrew Wylie, pronto dejaron caer que el tema de la novela –una sátira sobre Auschwitz y el Holocausto- no gustaba demasiado a franceses y alemanes, y además no la habían entendido bien. Como si aún no se pudiera hablar de aquello. ¿Se trataba de censura?, se preguntaron los diarios en Europa y EEUU. No hay que olvidar que Amis ya mostró su humor negro relacionado con el periodo nazi en La flecha del tiempo.

La cuestión parece que tiene algo más que ver con la calidad literaria del libro y con motivos económicos. Según ha podido saber eldiario.es, el agente de Amis, conocido como el Chacal por sus particulares formas de negociar contratos, había llegado a pedir hasta 300.000 euros por el anticipo de esta novela a alemanes y franceses, cantidad que estos se negaron a pagar. Y fue a partir de ahí fue cuando se generó toda la controversia y empezó a sobrevolar la palabra ‘censura’.

Las dos editoriales rechazan esta acusación: “¡Hablar de censura es absurdo! -han declarado a eldiario.es.- Nosotros leemos todos los manuscritos y lo que ha ocurrido con Zone of Interest es que no nos ha convencido. No obstante, esto es algo normal en las editoriales, ya que no publicamos cada libro nuevo”, señala a este diario Christina Knecht, jefa del departamento de prensa de Hanser Verlag. El mismo argumento que ofrece Marie-Pierre Gracedieu, de Gallimard: “Esto no tiene nada que ver con la censura sino que no estamos convencidos con la forma literaria del libro”.

Razones literarias, esto es, ¿no es bueno el libro? ¿Es por ello que se han negado a pagar este anticipo a un autor al que llevan años publicando? Ninguno de los dos sellos han confirmado la cantidad supuestamente exigida, pero sí han dejado caer algunas pinceladas: “Digamos que Amis no es tan conocido en Alemania como en Inglaterra”, apostilla Knecht desde una editorial que, por otra parte, ha llegado a publicar hasta cinco novelas del autor.

Las razones que se dan en España, donde The Zone of Interest será publicada por Anagrama en otoño de 2015 ayudan a clarificar el asunto, ya que según han podido saber el eldiario.es, aquí su agente pide mucho menos dinero que en Francia y Alemania.

No es la primera vez que Amis se ve envuelto en una polémica por el anticipo de una novela. A mediados de los noventa tuvo un enfrentamiento con su agente de toda la vida, Pat Kavanagh, esposa de su amigo Julian Barnes por no pedir 500.000 libras a la editorial Jonathan Cape por La información. Amis se enfureció, abandonó a Kavanagh, se enemistó con Barnes y se fue con el Chacal, que sí los consiguió. Años después se arrepintió de aquello.

Años noventa: la era dorada de los anticipos

Años noventa: la era dorada de los anticiposEs probable que en aquella época Amis sí valiera aquel dinero. Él fue uno de los escritores que hizo que desde los noventa los anticipos comenzaran a crecer exponencialmente. Fue una época dorada. La casa por la ventana. Era una liga que se llenaba, además, de jóvenes autores británicos desconocidos a los que había que convertir en estrellas.

También había un brit-pop literario: a Zadie Smith se le llegaron a pagar 250.000 libras por unas pocas páginas del manuscrito de Dientes blancos, Hari Kunzru se llevó 1,5 millones de libras por The impressionist. Y en EEUU se mantenía la misma tendencia: Jonathan Safran Foer, con solo 26 años, recibió 500.000 dólares por su primera obra, Todo está iluminado. Hasta Dave Eggers pilló aquellos estertores del dinero a mansalva y en 2009, como él mismo anunció, obtuvo 100.000 dólares por su primer libro, Una historia conmovedora, asombrosa y genial.

Precisamente aquella fecha, 2008-2009, marcó un punto de inflexión. Cayó Lehman Brothers y con él muchas más cosas. A los autores desconocidos ya no se les podía pagar tanto y, en cualquier caso, mucho más fraccionado, en hasta cinco pagos y después de la publicación, como admite Eric Simonoff, agente literario de James Frey y Jhumpa Lahiri. La media para un autor seudoconocido empezaba a situarse en los 30.000 dólares en EEUU y en torno a las 26.000 libras en Reino Unido. Nada que ver con las cifras astronómicas de hacía una década.

Ahora: la apuesta por valores seguros y mediáticos

Ahora: la apuesta por valores seguros y mediáticosOtro aspecto que ha acabado sacando a Amis de la liga de los grandes tiene que ver con que las editoriales ya solo quieren apuestas seguras, y si puede ser un personaje mediático, mucho mejor. Y el británico, como apuntaba la editora alemana, no es ya ni tan joven ni tan conocido ni tan mediático, más allá de los mentideros literarios. Tampoco se conocen quiénes son ahora los nuevos valores británicos (de Zadie Smith no han trascendido los anticipos que cobra en la actualidad).

Ahora son otros los que reciben los anticipos millonarios –que también los hay- como la actriz y creadora de Girls, Lena Dunham, a la que Random House ofreció 3,5 millones de dólares por No soy ese tipo de chica, la humorista y presentadora Tina Fey, a la que Little Brown le pagó cinco millones de dólares por Bossypants, o los políticos Tony Blair -4,6 millones de libras- y Bill Clinton -15 millones de dólares- por sus respectivas memorias.

Quizá sólo haya una escritora que se salga en este momento de la ecuación: la norteamericana Donna Tartt, que cobró 450.000 libras por The Secret History y un millón por El jilguero. Eso sí, se convirtió en Premio Pulitzer.

En definitiva, la jugada de Amis –y, sobre todo, de su agente- ha salido mal. Los tiempos han cambiado. Fin de ciclo. Y la censura -literaria- no tiene mucho que ver con ello. Llámenlo como una de sus novelas: dinero. 

fuente: eldiario.es

Dioses, ruinas, semillas y canciones

 

El poeta y escritor Héctor Castrillejo publica ‘Dioses, ruinas, semillas y canciones’

El libro recoge la producción poética de los últimos 10 años de Héctor Castrillejo, con poemas, versos de canciones, rapsodias, micropoemas y greguerias

El grupo El Naán prepara su cuarto disco, que saldrá después del verano, coincidiendo con la gira de conciertos para presentar los nuevos temas

El poeta y escritor Héctor Castrillejo, componente de la formación musical El Naán, acaba de publicar el poemario ‘Dioses, ruinas, semillas y canciones’, un libro que recoge su producción poética de la última década, con poemas, letras de canciones, brindis que son versos al sol, rapsodias de la Tribu Zíngara y micropoemas y greguerías. Se trata, sin duda, de una obra clave para entender la poesía rural contemporánea.

El autor explora los temas y las formas de la tradición oral más ancestral para llevarlo a un lenguaje contemporáneo, un camino ya recorrido en la creación de las canciones del grupo El Naán. Muchos de los poemas de la obra forman parte de esas canciones, a los que se suman las nuevas composiciones.

‘Dioses, ruinas, semillas y canciones’, editado por ‘Punto Rojo Libros’, nace, según explica su autor, “en un pajar de barro que contiene un hogar en su interior y que  resiste estupefacto, en el centro de un mundo que desaparece”. Héctor Castrillejo vive en ese pajar reconstruido entre ruinas de adobe, en Tabanera de Cerrato (Palencia), un pueblo de 60 habitantes que llegó a tener casi 800 habitantes, hace algunas décadas, donde también nació la canción ‘Cuando el ruido regrese’, que se estrenó con un videoclip en pleno confinamiento.

Este libro se puede adquirir en diversas librerías y puntos de venta o se puede conseguir previa petición al correo  poemaenruinas@gmail.com (14 euros más gastos de envío).

“Desde esta privilegiada atalaya del vaciamiento, solo podía germinar esta poesía que aspira a recoger la belleza que se desprende a borbotones de la desolación. Un pequeño universo donde los enseres que brotan de entre las ruinas nos hablan de los seres que lo poblaron. Un mundo lejano y aparentemente extraño que en realidad es el nuestro, el de nuestros pueblos, el de nuestros abuelos, el de nuestra infancia”, así explica el autor el nacimiento de esta obra. “versos que germinaron  al calor de la lumbre y bajo el colosal cielo de los páramos, que nos hablan del derrumbe físico y emocional de un mundo rural que desaparece llevándose consigo una vasta sabiduría que nos conecta con la tierra, con los ciclos, con los oficios y con la belleza”.

Héctor Castrillejo San Millán nació en Zumárraga (1974) y además de su conocida faceta como miembro y fundador de El Naán, imparte cursos y conferencias de Arqueología Experimental y Prehistoria y es creador de  la  Universidad Rural Paulo Freire del Cerrato.

El libro está fragmentado en varios “libros” interiores: ‘Poemas del Derrumbe’, que son palabras y versos que han “fermentado entre las ruinas”; Canciones, los poemas que conforman las canciones de los discos “La Danza de las Semillas” (2017), “Código de Barros” (2013) y “De babel a Ítaca” (2009) editados por El Naán; Brindis, versos creados para ser lanzados al aire, oraciones, plegarias o ruegos para celebrar, honrar, bendecir o pedir protección al vino en todas sus formas y deidades conocidas y desconocidas; Rapsodias de la Tribu Zíngara, poemas creados para ser declamados a viva voz en diversos espectáculos y ritos, tanto en conciertos de El Naán como en las representaciones, los viajes y los rituales de la Kabaila Zingary y en  pregones para fiestas y eventos, y Micropoemas y greguerías,  chispas, guiños fugaces de poesía, a veces ocurrente y humorística y a veces simple pero esencial.

Como expone el autor en su presentación, este libro está dedicado a “un mundo ajeno que en realidad habita en nuestra sangre y en nuestros sueños. Un mundo perdido al que pertenecemos y que contiene también arcadias campesinas, sabidurías secretas, hogueras y cánticos en la noche, oficios asombrosos y susurros antiguos. Un mundo en el que las semillas atrapadas en las grietas comienzan a palpitar con la promesa de que entre las ruinas está fermentando un mundo nuevo”.

El autor está inmerso en la presentación de este en diversos encuentros literarios, que compagina con las actuaciones del espectáculo poético-musical “La desaparición de las luciérnagas” que ofrece El Naán, en versión dúo, donde los poemas de ‘Dioses, ruinas, semillas y canciones’ se funden con canciones y melodías propias y tradicionales interpretadas por Héctor Castrillejo, junto al músico Carlos Herrero.

El grupo palentino El Naán es un proyecto musical y poético, que explora la raíz étnica de la tradición Ibérica y Castellana. En la actualidad el grupo castellano prepara un nuevo trabajo discográfico, inspirado en el concepto de la ‘rosa de los vientos’ y que cómo explica Héctor Castrillejo, será un paseo por los “caminos invisibles que nos unen, un mapa imaginado de los cuatro vientos, las mareas, o los humildes senderos de tierra, con parada en las músicas de raíz de la América indígena y campesina.

Este nuevo trabajo, que será el cuarto disco, saldrá después del verano, casi al mismo tiempo que se iniciará la Gira de actuaciones para presentar los nuevos temas, si el confinamiento lo permite.

El Naán al completo está formado por César Díez (bajo eléctrico), María Alba (segunda voz, percusiones y pandero), Adal Pumarabín (percusiones), Javier Mediavilla (guitarra eléctrica), Carlos Herrero (voz principal, buzuqui, tres), Héctor Castrillejo (poesía, videoarte y rapsoda) y César Tejero (saxo).

El septeto ha llevado su directo a festivales de Irlanda, Polonia, Hungría, Portugal y en Inglaterra, donde actuaron en directo en la BBC. Su segundo disco, ‘Código de Barros’ fue distribuido por el sello Inglés ARCMusic, una de las principales referencias mundiales en la World Music y el Folk, desde 1976. El último disco ‘La Danza de las Semillas’ fue el Mejor Disco Europeo 2018, por la Trasnglobal World Music Chart, y llegó al puesto número 4 del TOP 100 Mundial.

Fuente: Canción a quemarropa 

Entrevista a Héctor Castrillejo: “Lo no urbano ya estaba germinando antes de la pandemia”

Autor del poemario "Dioses, ruinas, semillas y canciones"
Por Inés Villodre y José An. Montero viernes 21 de agosto de 2020, 08:00h
 
El poeta castellano Héctor Castrillejo publica su poemario Dioses, ruinas, semillas y canciones (Punto Rojo Libros, 2020), en el que recopila los poemas originales que inspiraron las canciones de El Náan, junto con poemas que invocan desde la contemporaneidad rural a dioses antiguos y sabidurías a punto de desaparecer.
Héctor Castrillejo
Héctor Castrillejo (Foto: cedida por el autor)

Durante el último siglo el mundo rural ha sobrevivido entre las grietas de la cultura urbana, estigmatizado y ridiculizado como un arte bruto en el sentido más puro del término artístico acuñado en los cuarenta. Formas de expresión artística desvinculadas de las modas y de la academia, han sobrevivido en los márgenes de la sociedad del espectáculo. Una nueva generación de poetas, músicos y artistas plásticos han vuelto su mirada a las fuentes milenarias para beber de la tradición oral y del saber que durante milenios había inspirado al ser humano.

La poesía de Héctor Castrillejo, habitante de Tabanera del Cerrato (Palencia) y fundador de El Naán, grupo de referencia de la música folk contemporánea, llega al papel después de haber sido compartida, depurada y cantada colectivamente. Una poesía que es semilla y que contiene los ritmos puros castellanos, ibéricos y antiguos. Ritmos poéticos ancestrales que se convierten en el esqueleto capaz de soportar los naufragios y soledades contemporáneas. Una poesía que habita en el mundo rural y en los saberes tradicionales convertidos en semilla de vanguardia y de creación contemporánea.

 

¿Poesía nacida para ser declamada que ahora se convierte en papel?

Llevo muchos años haciendo poesía, pero sobre todo para espectáculos. Vengo del mundo del teatro y la música. En los espectáculos y los conciertos del Naán siempre recito poesía, pero nunca había publicado. Nunca había sentido la necesidad, pero creo que ahora era un momento bueno, así que he juntado ahí muchas cosas: canciones, poemas, brindis… La historia comenzó en un espectáculo que hemos creado Carlos Herrero, compositor y cantante del Naán, y yo, que se llama “La desaparición de las luciérnagas”. Son temas de El Naán llevados a su mínima expresión, a lo más puro, solo un ravel o con unas cántaras, unas vasijas, o con unas tejoletas, tocado con unas piedras, con objetos de cocina… mezclados con poemas míos. Nos está encantando el concepto y cómo funciona y parece que también le está gustando mucho porque siempre cuando acabamos viene mucha gente y pregunta dónde están estos poemas… y no estaban en ningún sitio.

Un poemario poblado por dioses antiguos, ¿dioses que ya murieron?

La palabra dioses para mí es la metáfora de las metáforas. Es el demiurgo: lo que genera cosas. Yo soy un enamorado de la Prehistoria. Me dedico también a la arqueología experimental, a la prehistoria, y a todas las referencias a las deidades antiguas, las más ancestrales, es lo que me conecta con la poesía de manera automática y profunda. Entonces, las deidades antiguas son muchas cosas, pero acaban todas en la naturaleza misma. Son el rayo, los árboles, los ríos… Todo ese mundo de los dioses antiguos paganos son metáfora de muchas otras cosas. Ese hilo me encanta recorrerlo. Por ejemplo, en el libro hay muchos brindis, que son oraciones antiguas, más antiguas que la mayoría de las religiones. Antes de que hubiera religiones monoteístas ya orábamos alzando un cuenco para estos dioses del vino.

Las ciudades se hicieron con la supremacía de la cultura contemporánea. Es difícil seguir el rastro de la poesía rural…

La poesía, como la música popular, rural, no ha estado en las academias, y tiene mucho que ver con la tradición oral, y por eso es verdad que está poco puesta en valor y poco recogida. Yo en este libro pretendo, por lo menos, beber de la tradición oral, que da unos contenidos, unos resultados y unas formas que no tienen nada que ver con lo académico. Los brindis, por ejemplo, son una tradición oral clarísima.

Yo tengo necesidad de esa poética. En los últimos 20 o 30 años lo urbano ha tenido tanta fuerza que todo tenía que pasar por ahí en muchos aspectos. En el literario y en el poético también. Entonces parecía que la poesía, la música y la pintura tenían que ser urbanas. De alguna manera se ha ido arrinconando al mundo rural, que en España tiene un cliché de algo zafio, a superar, aburrido. Lo que era guay era lo urbano y la poesía ha ido por ese mismo tobogán. Claramente ya estaba empezando a cambiar eso. Lo “no urbano”, por no decir lo rural, que parece estar relacionado con los oficios de la tierra y no necesariamente tiene que ser todo eso ni tampoco paisajismo, pueden ser muchas cosas. Lo no urbano ya estaba brotando, ya estaba germinando cuando ha llegado la pandemia y creo que lo va a acelerar bastante, porque creo que nuestra concepción de lo urbano y lo rural se va a ver modificada bastante a nivel colectivo.

La poesía de Héctor Castrillejo tiene sabor a nuevo pero destila también la palabra masticada, lenta...

La intención es recoger la tradición, pero no para ponerla en una vitrina como algo intocable, en un museo, donde se muere. La tradición lo es cuando está viva. Cuando rompe lo anterior, pero conservando la raíz, el ADN. Entonces, con la música, en el Naán hacemos eso. Intentar recoger ritmos, melodías o instrumentos, para hacer una composición contemporánea. Yo con las letras y la poesía intento hacer lo mismo. No es nada nuevo, Machado lo hacía. Lorca también, de manera evidentísima, siendo él mismo etnógrafo, recogiendo poemas y melodías de la tradición oral con La Barraca, yendo por los pueblos y convirtiéndolo en la vanguardia absoluta de su época. A mí eso es lo que me hace vibrar.

Todos esos mundos cuando se mezclan, cuando fermentan, sale algo parecido a lo que me sale a mi. Tampoco tengo un sistema muy claro de construcción, sino que es muy impulsivo e intuitivo. Lo popular tiene sus ritmos. Por ejemplo, el Naán, tiene a veces, como representación más pura, los ritmos castellanos, ibéricos, antiguos. Sobre ese ritmo, que es como un “esqueleto”, se coloca la carne que tú quieras poner. El ritmo antiguo, ese esqueleto, soporta cualquier contenido contemporáneo. Al revés igual era más complicado.

La despoblación es la ruina de una cultura...

Toda la ruina que hay en este pueblo y en otros tantos tiene que ver con la despoblación. Somos tierra de emigrantes, no deberíamos olvidarlo. La migración tiene que ver con dónde están los recursos y dónde se ponen. Observar las migraciones a nivel global y ver cómo la gente que está viniendo a España o al resto de países ricos están viviendo lo que vivimos nosotros cien años atrás. Amigos saharauis, de Senegal o de Mauritania que nos han visitado en nuestro pueblo de Palencia ven como en su país ha empezado a pasar lo que pasó aquí. En sus pueblos construidos también en adobe, ha empezado hace no mucho el vaciamiento, por eso se sorprendían al observar qué sucede con las ruinas de adobe cuando se deshacen.

Nuestros abuelos y abuelas se fueron a Cuba, Argentina y Venezuela. Nuestros padres se fueron a Alemania. Nuestros hijos y nosotros nos estamos yendo a Londres. Realmente, las ruinas tienen que ver con eso: con el reparto de la riqueza y la inmigración. Conectar eso es muy poderoso para la mirada de aquí, porque es algo que no te da tiempo a ver desde dentro.

En muy pocos años hemos perdido una cultura milenaria, como si se nos hubiera deshecho entre las manos. En tu música y en tu poesía hablas con frecuencia de lo irrecuperable, de una cultura que ya es pasado.

La cultura tradicional, la campesina, es un continuo desde el Neolítico. Hace 10000 años que estamos aprendiendo, mejorando fórmulas, generación tras generación, para llegar a sitios muy interesantes. Estamos a punto de perder una cantidad de conocimiento y sabiduría incalculable que va a ser imposible recuperar, porque hemos tardado 10000 años en juntarla. Yo creo que el futuro pasa por dejar de perder toda esa sabiduría que se va a borbotones y recuperar lo que se ha perdido.

El tema del coronavirus nos ha puesto en nuestro sitio. Nos hemos creído invencibles, con una soberbia tremenda. Creíamos que no necesitábamos conocer nada de lo que es más importante: los ciclos, la naturaleza, y sin eso estamos perdidos. Si vienen malos tiempos, todo ese conocimiento es lo que nos podría salvar. En los pueblos se ha vivido de modo menos estresante el confinamiento, porque hay un conocimiento que tiene que ver con los ciclos, con el tiempo, que hace que no tengas una presión tan enorme con el concepto de la dependencia. El mundo tecnológico nos hace ir muy rápido, así que no vemos aquello que va despacio, y sobre todo nos hace dependientes.

Hemos cambiado el saber de todo: recolectar alimentos, construir nuestra casa, criar a nuestros hijos (como nuestros abuelos), todo lo que era necesario para estar bien, por ganar dinero y que nos lo hagan. Cuando vienen malas rachas, la gente que tiene un poco de ese conocimiento no tiene tanto miedo.

¿Qué podemos encontrar del próximo disco de El Naán en las páginas de Dioses, ruinas, semillas y canciones?

No sé si habrá mucho o todo. Los poemas son semillas. Están todos los poemas y las canciones de los discos anteriores de El Naán, aunque no están todas las letras tal cual, porque al hacer la canción se han ido cambiando trozos, modificándose, pero aquí están tal y como fueron concebidas en el origen. En principio no hay ningún poema nuevo, ni siquiera el poema del último tema que hemos hecho, “Cuando el ruido regrese”, está ahí. Pero como semilla hay muchas cosas que en algún momento usaré. Es mi almacén de metáforas.

¿Nos está sirviendo la pandemia para mejorar como humanos?

Siempre estábamos diciendo que lo importante no nos dejaba hacer lo urgente; que no había tiempo para nada, que pararan el mundo un momento y se ha parado y no lo hemos sabido aprovechar, pues tenemos mal remedio. Entonces no lo sé, yo creo que sí que en este estado de ansiedad en el que vive el mundo occidental sobre todo, los países ricos, esa velocidad, hace que a mucha gente le entre el pánico, el horror vacui, el pánico al silencio, el pánico a que las cosas vayan despacio, pero yo creo que a mucha gente nos ha servido también para lo contrario: para parar más aún y volver a cerciorarnos de lo que de verdad es importante: lo esencial y lo superfluo.

En el medio rural se ha vivido de una manera absolutamente diferente a las ciudades. Realmente, más allá de ideologías, de formas de concebir el mundo, ya solo el hecho de estar en el medio rural y cerca de la naturaleza hace que lo asimiles de otra manera. Yo he visto aquí a la gente en el pueblo con mucha tranquilidad, aquí vivimos en estado de alarma desde hace muchas décadas. Yo cuando me asomo por la ventana aquí, en medio del barrio de abajo de Tabanera de Cerrato, que es una zona de casas de adobe, que se van deshaciendo, veía la misma gente más o menos en el estado de alarma que antes.

fuente: Todo literatura

domingo, 21 de noviembre de 2021

20 de noviembre. Día de los Derechos del Niño y la Niña

 

TENEMOS DERECHO A JUGAR

 Artículo 31

1 – Los Estados Partes reconocen el derecho del niño y la niña al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes.

2 – Los Estados Partes respetarán y promoverán el derecho del niño y la niña a participar plenamente en la vida cultural y artística y propiciarán oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad de participar en la vida cultura, artística, recreativa y de esparcimiento.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Pecados poco originales, Raquel Lozano

 

Entrevista a Raquel Lozano: «El microrrelato busca la precisión en el lenguaje, la concisión y la sugerencia»

Raquel Lozano Calleja nació en 1971 en Palencia con P, con P de piel, de “Piel de retales”, seudónimo literario desde hace 7 años y nombre con el que firma el blog (http://pielderetales.blogspot.com.es/).

Como microrrelatista acumula más de quince premios nacionales e internacionales ; el año pasado realizó el guión y produjo el cortometraje frente a la violencia de género “Cosas que hacer” y en la actualidad imparte cursos de escritura creativa. Tiene diversas publicaciones colectivas pero en solitario ha publicado su primer libro de microrrelatos que hoy presentamos en Generación Fénix «Pecados poco originales»

-¿Qué se encuentra el lector en ‘Pecados poco originales’?

– Es una selección de microrrelatos en donde priman los juegos de palabras, los dobles sentidos, el amor, la ironía, el humor, y textos menos amables y más desgarradores donde trato de ahondar en la cualidad humana.

-¿Qué tiene el microrrelato que no tienen otros géneros narrativos?

El microrrelato busca la precisión en el lenguaje, la concisión y la sugerencia. Consiste en contar una historia situando al lector directamente en el clímax, para tratar posteriormente y con un giro inesperado de desbaratar la lógica de los sucesos. Si bien es cierto que puede leerse de forma rápida, entender todas las lecturas que un mismo microrrelato puede tener no es tan sencillo. La magia del microrrelato es la relectura, descubrir al volverlo a leer detalles que en una primera lectura se nos han pasado por alto.

-¿En los microrrelatos que hay de autobiografía, qué de observación de la realidad y qué de ficción pura?

 –Yo escribo, o trato de escribir ficción, pero es evidente que no puedo relatar lo que desconozco, ni eludir mi propia experiencia vital. Los que me conocen ven mucho de mí en mis textos. A pesar de disfrazar personajes, de introducirme en vidas que no son las mías, supongo que al final el acto de escribir te desnuda un poco aunque trate de esconderme.

-¿Las redes sociales favorecen el género del microrrelato?

-Sin duda. Vivimos en una sociedad donde triunfa la inmediatez, la velocidad y la escasez de tiempo entre otras cosas para leer. Las redes sociales son un fiel reflejo de cómo somos y los escritores hemos encontrado en ellas, a través del microrrelato, un espacio estupendo para compartir nuestras creaciones. Sólo hay que pasearse un poco por twitter y descubrir cómo con tan pocos caracteres se destila ingenio e imaginación. Para mí las redes sociales han supuesto un antes y un después en mi estilo y en mi forma de escribir.

-En el libro también hay algún poema. ¿Poeta, cuentista, relatista o todas esas cosas a la vez?

Siempre me ha gustado más el término de cuentista, pero desde hace unos años mantengo una relación muy apasionada con el microrrelato, que es un género del que me confieso plenamente enamorada. Tenemos un noviazgo muy sano, aunque a veces me confieso adicta y un tanto dependiente, pero me siento muy cómoda con él y me proporciona muchísimas alegrías. Con la poesía mantengo un flirteo poco fiel. No es un género que cultive de forma habitual pero de vez en cuando me apetece tontear con ella. Generalmente escribo poesía a tenor de mis estados de ánimo, la utilizo a modo de catarsis.

-¿Cómo surgen tus textos, en dónde o en qué encuentras la inspiración?

-Para mí escribir constituye una diversión, así que no soy de forzar historias, si han de llegar, simplemente fluyen sin más. A veces se presentan a través de una imagen, de una mirada, de una experiencia vivida, onírica o aprehendida. Las musas aparecen donde les apetece y de forma desordenada. El día que mis textos sean premeditados y disciplinados, dejaré de escribir.

-¿Qué es el pecado para Raquel Lozano?

Es un acto de rebeldía, una transgresión premeditada en donde deleitarme con el morbo que produce lo prohibido. Es posible que si desde niña hubiera desconocido la existencia del pecado, habría sido más feliz, pero seguramente más aburrida también. Violar cualquier precepto, cuando lo consideras absurdo, es un verdadero placer.

-¿Algún pecado, que desees cometer sin morir en el intento?

-Todos los que me produzcan placer entendiendo éste de la manera más amplia de la palabra y nunca y bajo ningún precepto aquellos en los que pueda hacer daño a nadie. Tenemos un concepto muy equivocado sobre el pecado. En cualquier caso no te lo voy a revelar. Los mejores son los inconfesables.

fuente: generación fénix


«Me gusta guiar al lector por un sendero sin desvelarle la ruta»

Raquel Lozano Calleja presenta este viernes el libro de microrrelatos ‘Pecados poco originales’

FERNANDO CABALLEROPalencia

‘Pecados poco originales’ es el título del libro que este viernes presenta Raquel Lozano Calleja, un palentina que mantiene con el microrrelato una relación de vicio confesable. La presentación tendrá lugar a las 19:00 horas en la Biblioteca Pública (calle Eduardo Dato, número 4).

–¿Qué le motivó para dedicarse a la literatura?

–Mi relación con la escritura viene desde muy atrás, desde que era una niña, pero hasta bien pasados los treinta no decidí hacerlo público. No se trata de motivación, escribir es casi una necesidad vital para mí. Lo hago porque me hace sentir bien, me divierte sin más disciplina, sin orden, conforme me dicta el impulso y concretamente con el género del microrrelato nuestra relación ha llegado a ser un vicio. Confesable, pero vicio.

–¿De una historia, qué es prioritario plasmar en un microrrelato?

–Puede parecer curioso, pero a mí lo que me resulta prioritario en un microrrelato es lo que no se cuenta. Me gusta darle todas las pistas al lector, llevarle de la mano por un sendero pero sin desvelarle la ruta. Que sea él mismo quien descubra el destino final y pueda entonces entender el juego del que ha sido partícipe. Es un trabajo minucioso en el que cada palabra es importante e incluso en muchos de ellos utilizo también el título para completar y dar mayor comprensión al texto. Me gusta crear sorpresa en el lector, jugar a que no imagine nunca a dónde quiero llevarle.

–¿Cómo surgen tus historias?

–No soy de forzar historias, si han de llegar, simplemente fluyen sin más. A veces se presentan a través de una imagen, de una mirada, de una experiencia vivida, onírica o aprehendida. Las musas aparecen donde les apetece, pero siempre visten de largo y de noche. Me gusta escribir en lugares tranquilos y en silencio y para eso, en mi caso, habitualmente necesito la complicidad de la noche.

–¿Qué tiene el microrrelato que no tienen otros géneros?

–El microrrelato busca la precisión en el lenguaje, la concisión y la sugerencia. Consiste en contar una historia situando al lector directamente en el clímax, para tratar posteriormente y con un giro inesperado de desbaratar la lógica de los sucesos. Si bien es cierto que puede leerse de forma rápida, entender todas las lecturas que un mismo microrrelato puede tener no es tan sencillo. La magia del microrrelato es la relectura, descubrir al volverlo a leer detalles que en una primera lectura se nos han pasado por alto.

–¿Qué se encuentra el lector en ‘Pecados poco originales’?

–Es una selección de microrrelatos en donde priman los juegos de palabras, los dobles sentidos, el humor, la ironía y textos menos amables y más desgarradores donde trato de ahondar en la cualidad humana. 

–¿Por qué pecados poco originales?

–Cuando decidí hacer una selección de microrrelatos para compilarlos en un libro, ya tenía un título pensado, que nada tenía que ver con este, pero al revisarlos, me di cuenta de que en su mayoría tenían un elemento en común que era que todos ellos, de algún modo llevaban intrínseco un pecado, entendiendo la palabra como el acto de realizar algo prohibido o de transgredir las normas. El título es otro juego de palabras más que me pareció oportuno. En el acto de pecar, todo está inventado, no hay nada original.

–Hay también poemas, ‘Versículos diversos’. ¿También cultiva usted la poesía?

–Con la poesía mantengo un flirteo poco fiel. No es un género que cultive de forma habitual pero de vez en cuando me apetece tontear con ella. Generalmente escribo poesía a tenor de mis estados de ánimo, la utilizo a modo de catarsis.

–¿Las redes sociales favorecen el género del microrrelato?

–Sin duda. Vivimos en una sociedad donde triunfa la inmediatez, la velocidad y la escasez de tiempo entre otras cosas para leer. Las redes sociales son un fiel reflejo de cómo somos y los escritores hemos encontrado en ellas, a través del microrrelato, un espacio estupendo para compartir nuestras creaciones. Solo hay que pasearse un poco por twitter y descubrir cómo con tan solo en 140 caracteres se destila ingenio e imaginación. Para mí las redes sociales han supuesto un antes y un después, he contactado con escritores no solo de España, sino de otros lugares del mundo y compartimos proyectos. De vez en cuando hacemos ‘microquedadas’ para conocernos y poner en común experiencias.

–¿En los microrrelatos que hay de autobiografía, qué de observación de la realidad y qué de ficción pura?

–Yo escribo, o trato de escribir ficción, pero es evidente que no puedo relatar lo que desconozco, ni eludir mi propia experiencia vital. Los que me conocen ven mucho de mí en mis textos. A pesar de disfrazar personajes, de introducirme en vidas que no son las mías, supongo que al final el acto de escribir te desnuda un poco.

–¿Se ha planteado un relato largo, una novela?

–El relato largo es un género en el que también me siento cómoda, me permite explayarme más en la historia deleitándome en las descripciones de los lugares y en el mundo interior de los personajes, nada tiene que ver con la microficción pero me gusta. Lo que he intentado sin éxito y de hecho tengo algún que otro proyecto, es la novela. Me falta tiempo y paciencia para ello. De momento para la literatura soy hiperactiva y me acaba aburriendo convivir demasiado tiempo con los mismos personajes.

–¿El microrrelato ‘Cosas que hacer’ ha pasado a ser un cortometraje. ¿Cómo ha sido este paso?

–Resultó sencillo porque quise que en todo momento el cortometraje no perdiera la esencia del microrrelato, que fuera lo más fiel al texto posible pero aprovechando la narrativa audiovisual. En vez de guionizar la parte central del cortometraje, donde se desarrolla la historia, pensé que utilizando el recurso de la voz en off, la historia no sólo no perdería fuerza, sino que le daría muchísima más intensidad. Lo más difícil fue encontrar una voz de mujer que encajara en el texto. Cuando escribes, además de visualizar a tus personajes, les pones voz y fue una tarea ardua encontrar la adecuada. Finalmente, y como un regalo inesperado, la actriz de doblaje habitual de Julia Roberts o de Michelle Pfeiffer entre otras, Mercedes Montalá, se prestó a ponerle voz y el resultado fue sublime.

–¿Cómo fue su experiencia como productora del corto?

–Se me agolpan los adjetivos, pero lo voy a dejar solo en inolvidable. Era un reto nuevo al que me enfrenté con toda la ilusión y en el que me rodeé de un equipo muy joven pero altamente preparado. El cortometraje ha estado presente ya en varios festivales importantes en España y Argentina, y estuvimos seleccionados en dos categorías para los premios CYLnema, que convoca la Televisión de Castilla y León y ahora ha llegado lo que para mí es un sueño, que es estar presentes en el Festival de cortos de Aguilar de Campoo, donde el día 6 de diciembre se proyectará en la sección Quercus.

–¿Qué mensajes quiere transmitir en el corto?

–El cortometraje habla de violencia machista pero desde otra perspectiva. He querido profundizar y colarme en la epidermis de una mujer que es consciente de que algún día su nombre será otro más en la lista de víctimas que aparecen en los telediarios y cómo, en esa alienación que provoca el miedo, lejos de denunciar o buscar una solución, lo único de lo que es capaz es de intentar que la vida de su hijo no se vea afectada por su ausencia.

fuente: el Norte

Necesitamos nombres nuevos, Noviolet Bulawayo

 NOVIOLET BULAWAYO

NoViolet Bulawayo, seudónimo de Elizabeth Zandile Tshele, es una escritora que nace en Tsholotsho, Zimbabue en el año 1981. En sus primeros años de educación asistió a Njube High School, y más adelante a Mzilikazi High School para los niveles avanzados. Completó su formación universitaria en los Estados Unidos, estudiando en Kalamazoo Valley Community College, así como obteniendo el bachillerato y el máster en Inglés por Texas A&M University-Commerce y Southern Methodist University, respectivamente. En el año 2010, completó el Máster de Bellas Artes en Escritura Creativa en la Universidad de Cornell, donde su trabajo fue reconocido con una beca de investigación Truman Capote.

En el año 2011, ganó el Premio Caine por su relato breve “Hitting Budapest”, que había sido publicado en Boston Review en el número de noviembre / diciembre de 2010 y se convirtió en el capítulo inicial de la novela con la que se presentaría a la sociedad: Necesitamos nombres nuevos. La novela fue incluída en la lista del premio Man Booker 2013, lo que convirtió a Bulawayo en la primera mujer negro-africana, así como en la primera zimbabuense en ser nominada para el premio. También ganó el Premio Etisalat para la Literatura, y el Premio Fundación/PEN Hemingway, entre otros galardones.

En 2011, se informó de que había empezado a trabajar en un proyecto de memorias. Bulawayo formó parte de la iniciativa literaria panafricana Writivism entre 2014 y 2018.

fuente: casa África


Con una lectura que bien podría ser recomendada especialmente para los adolescentes, es parte de lo mucho que ofrece la escritora zimbabuense, NoViolet Bulawayo, en su novela Necesitamos nombres nuevos, basada en una conmovedora y atractiva historia que proyecta una imagen compleja de África, de los africanos y del hecho migratorio, una visión de las múltiples caras de un prisma, muchas de las cuales no se corresponden con los discursos más habituales.

Bastardo, Chipo, Sabediós, Sbho y Stina forman el grupo de amigos en Darling, la protagonista y narradora de la historia, todos ellos habitantes de un poblado de chabolas con un evocador nombre, Paraíso. A este grupo de infantes, a decir de la autora en una entrevista para el diario El País, les dio voz para entender el mundo desde otra perspectiva: “Los niños también son piezas de este puzzle que compone la vida, pero la viven a través del mundo que construyen los adultos”.

Agregó que tocar temas como la violencia, los abusos o el suicidio visto a través de los menores, es una forma de colocar a los adultos en un punto incómodo, en un punto distinto, para que reflexione sobre estos problemas, y se pregunte qué pueden hacer para que ya no sucedan.

“La generación actual vive en un país con una disfuncionalidad extrema. Aunque los detalles son diferentes, es la historia de mis sobrinos y sobrinas. Pero no hay que olvidar que hay muchas historias en el mismo país y también hay niños privilegiados que jamás han experimentado historias como las de Darling”.

Darling habla de sus amigos, de su madre, de sus vecinos, de sus juegos, de lo que le rodea. De vez en cuando, se va con su abuela a la capilla. Habla de la presencia de los chinos, que están trabajando y dirigiendo algunas obras en la ciudad. Con su ingenua pero experimentada mirada, Darling describe muchas experiencias difíciles, como las que vivió la propia NoViolet, pues ambas comparten la migración a otro país, el cruzar fronteras: “cuando Darling llega a EE UU, nuestras historias se vuelven más íntimas y se acercan más. Las dos hemos estado intentando encontrar nuestra voz, buscando nuestro lugar, sintiéndonos desplazadas. Pero Darling se ha quedado en un limbo en el que el hogar no es en realidad el hogar… También tenemos en común la voz: hablamos igual, sonamos igual y las dos somos tremendamente divertidas”.

En libro editado por Salamandra, Noviolet Bulawayo muestra luces y sombras de los dos estilos de vida: en África hay pobreza, pero están su madre, su familia, sus amigos, etc. En Estados Unidos no pasa hambre, pero vive con escasas expectativas, condenada a asimilar una cultura con la que no se identifica y que le provoca traumas.

“Darling es un excelente personaje que encarna estas ambigüedades y, sobre todo, la nostalgia que siente de haber perdido definitivamente su mundo y sus raíces”, señaló la galardonada por el Premio Caine para la Escritura Africana por su cuento Hitting Budapest, en la que narra las idas y venidas de una banda callejera de jóvenes en un slum de Zimbabwe, una historia más, dice Noviolet, “de esas que normalmente no se cuentan”.

fuente: siempre


NoViolet Bulawayo: "Me criaron mujeres y siempre estuve rodeada de historias"

La escritora ha acaparado la atención con su primera novela Necesitamos nombres nuevos, en la que en la voz de una niña cuenta la realidad de su país natal, Zimbabue

NoViolet Bulawayo. Foto: Krystal Griffiths

Finalista del Man Booker y ganadora del premio Caine de literatura africana por su primera novela, Necesitamos nombres nuevos, el escritor keniata Ngugi wa Thiong'o señalaba a NoViolet Bulawayo (Tsholotsho, Zimbabue, 1981), junto a Chimamanda Ngozie Adichie o Peter Minai, como una de las jóvenes escritoras africanas actuales con más talento. A Bulawayo, que actualmente vive en Estados Unidos, donde emigró para estudiar derecho y terminó escribiendo relatos, su afición por narrar cuentos, dice, le viene de Zimbabue. "Lo que a mí me conmueve son las historias de la gente en el momento en que se están viviendo y creo que este es el material que más utilizo" señala.

Gran admiradora de autores como Toni Morrison o Gabriel García Márquez, explica que ella está "intentando" reinventarse un poco para no fijarse "en grandes modelos". En este contexto, su novela Necesitamos nombres nuevos, una historia que ella define como una especie de canto a la humanidad, ha conseguido hacerse el hueco en un mercado ciertamente complicado para una escritora novel de origen africano. Algo que celebra como un regalo maravilloso e inesperado. En ella, a partir de la voz narrativa de Darling, una niña de 10 años, y sus amigos, la autora desgrana la realidad difícil y complicada de Zimbabue, donde el hambre, las convulsiones socio-políticas, la enfermedad o la inmigración forman parte de la vida y del juego. O, como dice uno de sus personajes, "¿no ves que esto no es un juego?".

Pregunta.- Titula su novela Necesitamos nombres nuevos y lo cierto es que los nombres de sus personajes (Darling, su protagonista, Bastardo, Sabediós, Nacidolibre o Perdón…) tienen también su importancia, ¿por qué?
Respuesta.- Los nombres llevan consigo historias y yo quería que se viera en el texto cómo se relacionan con el carácter además de celebrar una cultura de nombres muy coloridos. Vengo de un país en el que los nombres significan algo y quería que el libro fuese una celebración de esa parte de mi herencia.

P.- De hecho, el escritor Biyavanga Wainaina cuenta en Algún día escribiré sobre África que en su cultura era costumbre pensar que el nombre, de algún modo, determina en quién te acabas convirtiendo, ¿comparte esa opinión?
R.- No siempre. A veces sí. No puedo hablar de la experiencia de todo el mundo, pero sé que los nombres son importantes. Yo misma soy alguien que se cambió el nombre que le pusieron por otro que pensé que reflejaba mejor quién era yo y lo que me importaba. Mi nombre original no me hacía ser quién era pero encontré un nombre que sí que era especial para mí.

P.- Cuenta la historia de una niña que, como usted, crece en Zimbabue y se va a vivir a Estados Unidos, ¿su novela tiene algo de autobiográfico o es ficticia? ¿Qué parte es real?
R.- Creo que todo eso no importa. Lo que importa es que es una historia que suena a real porque mi personaje pasa por cosas que son reales y trata sobre gente que crece en un espacio distinto y difícil y después tiene que cruzar fronteras.

P.- Escribe con una voz distendida sobre el hambre, el sida, las agitaciones sociales de su país, incluso de la violencia... ¿Cómo eligió su voz narrativa?
R.- Creo que la voz vino con el personaje. Darling es joven y la manera en la que se expresa siempre va a ser directa, inocente, honesta, sin filtros y, a veces, también con humor. Como artista tenía que pensar cómo contar la historia de la mejor manera posible, una historia que era difícil y dolorosa y pensé que con esa voz de niña era una manera mucho más efectiva de comunicarla.

Nuestra literatura no solo es escrita, también es oral. Pero mi dieta literaria viene de todas partes del mundo. No solo de Zimbabue"

P.- En ella, escribe que no se puede ser el mismo una vez que has dejado atrás lo que eres. Usted también, de algún modo, tuvo que dejar esa parte atrás, ¿se busca ahora en la literatura?
R.- No activamente, pero me encuentro conmigo misma de vez en cuando y creo que las mejores historias son aquellas que nos permiten hacer eso. Al fin y al cabo son historias que tratan de la humanidad, de personas como tú y como yo, y es genial tener esos momentos. Esto era importante para mí, sobre todo cuando era una lectora joven, me enseñó que podía encontrarme a mí misma en cualquier parte no solo en mis propias historias sino en historias de otros países también. Por supuesto, también es importante no esperar que eso suceda todo el rato, porque la vida no trata de uno mismo, hay otra gente que tiene otras experiencias y sus historias son igual de importantes para que podamos entendernos a nosotros mismo y al resto del mundo.

P.- En una segunda parte de su novela, su protagonista se enfrenta además al sentimiento de desarraigo, ¿existe una especie de distancia insalvable entre los que se quedan y los que se van?
R.- Es una barrera incómoda, la verdad. Pero es una barrera que, especialmente en el mundo que vivimos hoy en día en el que existen muchos movimientos, donde la gente sale en búsqueda de otros espacios distintos, es más o menos normal. Tenemos que encontrar la manera de ver cómo equilibramos esa experiencia. Ya sea en nuestro lugar de origen o en otro, hay que buscar ese modo de conciliar los diferentes espacios porque hoy en día, especialmente con la gente joven que es ambiciosa o con la gente que se ve forzada a irse a otro sitio por una razón u otra, es inevitable. Lo que hay que encontrar es la forma de cómo podemos ayudarnos los unos a los otros independientemente de donde estemos.

P.- La inmigración es otro de los temas que aborda su novela, ¿qué opinión tiene de las políticas actuales con respecto a este asunto?
R.- Es un tiempo bastante complicado para los inmigrantes. El mundo va más hacia el miedo al migrante, al racismo y a la demonización y eso hace que la experiencia sea mucho más difícil. Tenemos que recordar que los migrantes no se van de casa por diversión sino que lo tienen que hacer por obligación así que esta deshumanización y esta negatividad que están sufriendo en la búsqueda por algo mejor es algo que tendríamos que pensar.

P.- ¿Qué papel tienen los escritores para derribar fronteras?
R.- No creo que sea responsabilidad de los escritores, creo que es la responsabilidad de todo el mundo. Cómo podemos hacer que el mundo sea más justo, cómo podemos hacer que nuestras fronteras sean más justas y cómo podemos ayudar a la gente de verdad, a la gente que necesita ayuda.

P.- Actualmente vive en Estados Unidos, pero ha visitado recientemente Zimbabue, ¿cómo vive su país? ¿Cuál es la situación ahora?

R.- Con frustración y con ira. Porque sobre todo quiero decir que nosotros nos merecemos algo mejor. Zimbabue se merece algo mejor. Sobre todo si nos centramos en la última década de Mugabe, en sus últimos años. Es como volver ahora mismo a la casilla de salida, en términos de disfuncionalidad, de crisis, es como volver a 2008, es muy decepcionante. Pero bueno, el hogar es el hogar y te juntas con la gente que está allí y te levantas e intentas ver cómo puedes seguir e intentar ayudar a que esto cambie.

P.- Precisamente, Necesitamos nombres nuevos está dedica Zimbabue "por el don de las historias", escribe, ¿es de ahí de donde surge su escritura?
R.- A mí me criaron mujeres y siempre estuve rodeada de historias. Historias que a lo mejor no tenían ningún sentido y con narrativas muy distintas. También tuve la influencia de mi padre y su amor por contar cuentos. Cuando crecí empecé a descubrir los libros y cuando crucé la frontera de los Estados Unidos descubrí muchos más títulos. Así que las historias siempre han estado en mi vida y creo que es natural que haya terminado, no estudiando derecho, que es a lo que fui, sino como escritora.

P.- ¿Y cómo es el panorama literario de su país de origen?
R.- La verdad es que estoy muy contenta y muy agradecida de venir de un lugar con una parte literaria tan importante. Hay que decir que nuestra literatura no solo es escrita, también es oral. En ese sentido estoy feliz de venir de un espacio tan rico. Pero mi dieta literaria viene de todas partes del mundo. No solo de Zimbabue. No soy solo una niña de Zimbabue cuando hablamos de lo que he estudiado, sino que soy una niña del mundo.

fuente: El Cultural


lunes, 1 de noviembre de 2021

club de lectura juvenil

 A principios de octubre el club de lectura juvenil se volvió a reunir con caras ya conocidas y otras nuevas en torno, cómo no, a la lectura.

Coolest Grandmother Granny Gangster Gift' Sticker | Spreadshirt

Nos presentamos, hicimos juegos... todo eso sí a través de la pantalla porque este curso, como el anterior, seguimos sin encontrarnos en la biblioteca. Aunque por supuesto, mantenemos nuestro espíritu de divertirnos con los libros. 

En breve comentaremos La abuela Gangster, un buen disfraz para halloween por cierto. 


Club de lectura infantil

A principios de octubre hemos tenido un curso más nuestra primera sesión del Club de Lectura Infantil. Esta vez, de nuevo online, pero con el mismo espíritu y ganas de leer que si nos viéramos en la biblioteca cara a cara. 

Nos conocimos, hicimos juegos... y en noviembre nos volvemos a ver para comentar Pequeño vampiro va a la escuela, un comic terrorífico para justo hablar de él después de Halloween.

Fantasma, Víspera De Todos Los Santos, Temor, Amistoso

foto: pixabay