miércoles, 17 de febrero de 2021
Faut-il accorder le droit de vote à 16 ans ?
Biden
What makes a speech a good speech? What elements does
it require?
This topic was suggested for the class and I think it would
be interesting to take a look at it. I don't think I've ever sent a
speech out as the reading assignment before.
Please watch the video and read the transcript from Biden's
Inaugural Address (attached).
https://www.youtube.com/watch?v=j3a6n_1owPY
Is it a good speech? Why/why not? What purpose
does it serve? What feelings does it invoke? Does it inspire
you?
miércoles, 10 de febrero de 2021
Dogs
Did you know that in some countries around the world people eat dogs? However, it is a practice that does seem to be falling out of favor.
What are your feelings towards dogs? Should humans eat
dog meat or should it be banned? Why is it culturally taboo to eat dogs
but perfectly okay to eat pigs and cows? Have you ever eaten any 'exotic'
meats?
lunes, 8 de febrero de 2021
Kepa Murua, varios
Sobre el fenómeno poético
Fragmentospor km en 3 julio, 2020 en
El poeta que no escribe escuchando su voz es un hombre acabado. El hombre que habla con las palabras de otros es un calco de su derrota. El poeta que piensa solo en poesía cuando habla es un simulador que no sabe cómo colocar sus manos, el hombre que cierra los ojos es la imagen del sueño descubriendo su propia derrota. El poeta que quiere ser a todas horas poeta es un hombre mezquino tras un sendero de falsos prestigios. El hombre que solo a veces se siente poeta es igual de mezquino, pero se sabe a salvo cuando descubre el pensamiento en fragmentos que retratan su vida con descaro. ¿Por qué quieres escribir de la soledad cuando no amas? ¿Por qué hablas de la vida si hace tiempo que estás muerto? El poeta que mira a otro lado es un libro abierto con la cobardía de su tiempo. El poeta que mira con los ojos abiertos encuentra al hombre midiendo el tiempo y la vida que se vislumbra a cada paso. El poeta que persigue su voz con el error de su sentimiento verá la luz aunque le llegue el silencio. El hombre que se retrata en silencio conocerá su afonía y su lamento, un grito que la poesía llenará de eco en cualquier momento. ¿Por qué entonces se huye del hombre como se huye de la poesía? ¿Por qué la poesía finalmente muestra la felicidad que no acontece? El que no escucha al poeta es un cuerpo a la deriva.
Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.
El día que muera
por km en 31 enero, 2021 en Poéticas
El día que muera
no me enterréis con los míos,
dejadlos en paz.
Dejad a los Aurizenea
con su timidez y su belleza
alzarse sobre una colina
con el apellido a cuestas.
Dejad a los Murua
descansar por fin
con su inteligencia
y sus ojos ruidosos.
Dejad a mis amigos en
su descanso.
A mis enemigos, dejad que sus huesos
les coman los gusanos.
Disfrutad de la fiesta
el día que muera.
Prohibid exequias, negad mi buen nombre,
bebed un vaso de vino.
Leed algo, quizá un
poema, pero no mío.
Y ahuyentando mi memoria
con una bengala detrás del horizonte, olvidadme.
Aventad mis cenizas el
día que muera
en un círculo hecho silencio.
Ese día descansad y dejadme.
Y si alguno de
vosotros llora
decidle que si es triste el recuerdo
la vida mereció la pena.
© Del libro No es nada, Calambur 2008, Amazon 2019.
Los sentimientos somos nosotros
por km en 8 enero, 2021 en Poéticas
Los sentimientos somos
nosotros
y alguna vez son los demás.
Pero el amor es ese cuchillo
que solo a nosotros nos hace daño
mientras su fuerza rodea al mundo
con su manto de bondad.
Los sentimientos infundados
sobre la sospecha mientras el amor
se desenvuelve ajeno
a lo que nos pasa
y se confiesa como ese beso entregado
a las profundidades de un espejo
donde aparecemos desnudos
con las arrugas del cuerpo
y el rostro tras el tiempo detenido
de las palabras inconfesables.
También los miedos son así: son nuestros
y algunas veces, de otros.
Pero el amor sustituye al deseo,
su inconformidad más latente.
En una noche hermosa
donde el hombre espera a su amada
y esta no vuelve.
En una mañana de lluvia
donde la amada quisiera darle un abrazo
y el mundo se vuelve esquivo
y lo que se ve por la ventana
parece un mar plano y duro
como el suelo de cemento
en una ciudad deshabitada.
Los sentimientos como barcos a la deriva
en una cocina a fuego lento en nuestra casa.
Y alguna vez, a lo lejos, en la de los demás
como navegantes minúsculos
que parecen puntos negros
que juntándolos más tarde
hacen del aire un cuerpo unido
que nos sostiene en la duda
con una fatídica pregunta:
¿son verdaderos los sentimientos?
¿Nos engañan si los vivimos en silencio?
Otra vez lo que ven los ojos,
lo que se siente y lo que se dice.
En medio, el silencio
como la única verdad
que nos ata al mundo
como eso que sentimos propio
y ese amor ajeno que se nos escapa.
© Del libro Ven abrázame, editorial Amargord, 2014.
Lo más difícil
por km en 22 diciembre, 2020 en Opinión
Encontrar un camino no es sencillo cuando todos los senderos han sido analizados con lupa y los atajos observados y marcados previamente. Un camino, además, difícil y largo, más tortuoso no es recomendable. La escritura concierne a la vida que mantiene intactos sus límites. El individuo ve cómo sus sueños no solo no se realizan, sino que suponen una carga más que añadir a sus frustraciones. La escritura nos salva de la quema en una primera instancia, pero en su devenir nos exige más de lo que podemos dar. Nos exige esfuerzo sin recompensa, dedicación sin remuneración, una concentración total sin tiempo para semejante entrega. Nos exige el tiempo de la realidad que nos transforma, así como el de la verdad que hemos de mostrar, con tiento, ante los demás que nos observan.
La escritura no es ese escribir porque sí, ese juntar palabras hasta colocar un sujeto, un verbo, un predicado y un punto. Es moldear con tiempo la frase completa. Es dotar de espacio la narración sentida, de silencio el verso, de melodía el poema, de conocimiento el diálogo preciso. De aire toda su existencia. El individuo asiste perplejo a la vida de la misma manera que el niño se sorprende por todo. La sorpresa de la literatura no estriba en el asombro por lo perdido, sino en la maravilla de crear un mundo desde la incertidumbre que imponen la duda y la nada que en un principio se constatan en la página en blanco.
Pero el tiempo no nos concede muchas oportunidades para realizar una escritura que domine toda una biografía y una narración que cuente nuestros pasos. El tiempo de la escritura es otro, te envuelve, te embarga, te domina y no te da nada a cambio. Nada más que una soledad extrema donde la realidad se confunde con el engaño y la verdad con la historia que nunca se ha contado. Esa es la magia de la literatura, el truco de un camino que parecía tortuoso y, en realidad, es imaginario. Imaginamos así un mundo nuevo en cada párrafo, constatamos su fragilidad en cada diálogo, observamos su indiferencia en cada relato, la indiferencia del proceso y, sin embargo, hagamos lo que hagamos, pensemos como pensemos, nos va la vida en ello.
Mi madre
por km en 19 octubre, 2020 en Poéticas
A mi madre le gustaba
mirar por la ventana.
Podía pasar horas y horas
con los ojos hacia dentro
mirando a la calle.
Cuando yo volvía de la escuela
ella estaba allí por la tarde
mirando como si no viera nada.
Tantos días, con una sillita
cerca del balcón hacía macramé
tejiendo y moviendo los dedos
con las gafas que se le caían de la cara.
Eso del macramé es como la poesía:
tejer y destejer hasta dar
con el sentido de la vida.
Y luego me decía:
estoy perdiendo
vista, hijo mío.
Como yo hoy, que la estoy perdiendo
por no ver nada de lo que me pasa.
Mi madre iba para soltera.
Nació en un pueblo pequeño de la montaña
llamado Aia, de donde se ve el mar.
Un pueblo que en la guerra visitó Franco,
a quien mi tía Alicia entregó un ramo de flores.
Mi tía era como Sophia Loren
pero mi madre también era muy guapa.
Tenía esa belleza que mira para dentro
con ojos oscuros como piedras
que crecen debajo de una virgen
que uno encuentra en su camino.
Como lo hizo mi padre más tarde
casi por la cara. Luego vinimos nosotros:
mis tres hermanas, Marijo, Belén, Yolanda
y yo. El último, con bastante retraso,
el pequeño, Hilario, que con pocos años
te pedía cinco pesetas
para completar la de cinco pavos.
Qué tiempos aquellos cuando existía
el macramé y la peseta
y se podía mirar para dentro
como se abren los ojos
a través de una ventana.
© Del libro, El gato negro del amor, Calambur 2011.
Los sentimientos encontrados de Kepa Murua
Reseña “Los sentimientos encontrados: diario de un poeta y editor” de Kepa Murua
Kepa Murua (Zarautz, 1962) es un hombre comprometido con el Arte, a quien le debe todo a pesar haberlo mimado como pocos. A sus numerosísimos poemarios y varias novelas les acompaña la revista Luke de creación contemporánea, que da voz a autores consagrados y a autores noveles. Asimismo, durante quince años (1996 – 2011) dirigió con tremendo buen gusto la editorial Bassarai, que se hizo un nombre dentro de los círculos especializados y que, como dice el propio Kepa, se adelantó a su tiempo, apostando por libros de vanguardia. Ambas identidades, la de poeta y la de editor, conforman una personalidad completa que mira con atención a ambos lados de la mesa para no perder el hilo de la conversación.
Hace seis años se publicó “Los pasos inciertos (1996 – 2004): memorias de un poeta metido a editor” (ed. Milrazones). En sus casi trescientas páginas se asiste al nacimiento de la editorial Bassarai y de la revista Luke, que son ya proyectos consolidados en “Los sentimientos encontrados (2005 – 2007): diario de un poeta y editor” (ed. Cálamo). Se han escrito ríos de tinta explicando el auge de los diarios, género que en España apenas se había cultivado hasta fechas muy recientes. Una de ellas apunta a que el público ahora demanda textos más eclécticos, a lo que se adapta mejor el diario que otros géneros. Otra causa apunta al diario como ejercicio introspectivo que ayuda a ordenar los sentimientos del individuo aislado en el marco de una sociedad frenética y posmoderna. Sin embargo, la explicación más completa, y esto el autor lo ha entendido mejor que nadie, reside en el pacto de verdad que asume el escritor con los lectores, que se materializa en la necesidad de no inventar y no fantasear. En este sentido, el respeto con el que Kepa trata al lector invade ambas esferas: como poeta nos muestra sus miedos y como editor sabe que tenemos la última palabra.
Con los diarios de Kepa Murua se accede a la intimidad del trabajo editorial de un emprendedor que apuesta por la literatura periférica. Es un testimonio muy útil para quienes quieran conocer de primera mano el surgimiento de las decenas de editoriales independientes que –aún hoy- permanecen firmes contra viento y marea. Kepa encuentra la razón «de este renacer de las editoriales independientes en un cambio generacional, en una renovación cultural que cada cierto tiempo acontece en todos los países». El editor independiente debe mantener la ilusión y la confianza en su proyecto a pesar de las tremendas dificultades que impone no pertenecer al círculo de distribución mayoritario. El mundo de la edición es una pescadilla que se muerde la cola.
La segunda parte de los diarios plantea un juego desde el principio. Del título se extraen dos lecturas: los sentimientos encontrados como sentimientos reconocidos (identificados, si se quiere) por medio de la meditación sosegada producto de la escritura; y los sentimientos encontrados como sentimientos en disputa o contradictorios. Ambos significados enlazan con la naturaleza propia del hombre: el deslumbramiento producto de la reflexión, así como la lucha constante entre dos pulsiones en conflicto.
Kepa Murua nos invita a bucear en su día a día, haciéndonos partícipes del enfrentamiento entre ambas identidades. Estos son «unos diarios para recordar, para no olvidar, que muestra la intimidad de un poeta y la trastienda de una editorial» El propio diarista así nos los cuenta: «la diferencia entre un editor y un escritor es clara: el editor tiene un oficio con más decepciones que alegrías, y el escritor obtiene de su oficio solitario más alegrías que decepciones». El poeta se apoya en el editor y el editor aprende del poeta. Pero, ¿conoce cada personalidad sus límites? Ahí es donde el escritor se vuelca y, en cierto modo, se ahoga: «siento que mi trabajo de editor me quita mucho tiempo para la escritura». Así, son recurrentes las anotaciones en las que Kepa observa un mismo prisma desde distintos ángulos: como poeta, como editor y como hombre («el editor que no se cree su papel, el que no se cree su discurso, es un farsante. El poeta que se cree lo que hace es un auténtico escritor. El hombre que se cree su existencia, un verdadero poeta»).
A pesar del fatigoso esfuerzo con el que se ha de empeñar un editor independiente, en los diarios aún hay tiempo para las relaciones sentimentales y las escapadas. Es sorprendente la sinceridad con la que Kepa describe la ruptura con Mi. y los episodios de desesperación que asolan a Dé. Estos diarios son, del mismo modo, un libro de viajes en el que el autor nos recomienda paseos, museos y salas de baile en Londres, Buenos Aires, Canadá y Brasil. Con un estilo sobrio y directo que compagina con disertaciones sobre poesía, novela y ensayo –algunas entradas son verdaderos testimonios académicos -, Kepa mezcla con maestría las diferentes caras de una misma persona.
Los diarios de este escritor guipuzcoano son de extraordinario interés para quienes quieran conocer la industria del libro. Además, en sus páginas se maneja con maestría el relato, apoyándose en una «economía verbal que busca el volumen justo para que la atención se centre en la calidad de la voz» porque «en la escritura nada es casual, todo es consciencia». Kepa es un narrador incómodo que accede a la profundidad de las cosas y nos las enseña. Es un regalo que comparte la experiencia de alguien que se ha ganado el respeto por derecho propio: un artesano del libro que no debe nada a nadie.
fuente: almacén de hierros
“Aquí está alguien que va de frente”
Kepa Murua presenta el sábado en Mara Mara ‘Los sentimientos encontrados’, la nueva entrega de su diario como editor y escritor
carlos gonzález alex larretxi 01.02.2020 | 17:54
Kepa Murua presenta el sábado en Mara Mara ‘Los sentimientos encontrados’, la nueva entrega de su diario
Vitoria - "Antes de que otros hablen de mí, prefiero hacerlo yo", dice con una sonrisa que aunque cansada por las exigencias de la agenda diaria, se muestra también satisfecha al hablar de Los sentimientos encontrados (Cálamo). Entre sus páginas se encuentra la segunda parte de las memorias profesionales y vitales que Kepa Murua fue construyendo durante los 15 años de la editorial Bassarai, una nueva entrega de este diario de un poeta y escritor -así se subtitula el libro- que ahora centra su mirada entre los años 2005 y 2007 para tomar el relevo a Los pasos inciertos, que abarcaba de 1996 a 2004. En ninguno de los dos ha tocado una sola línea salvo alguna pequeña corrección. Tampoco lo hará con los volúmenes que vendrán en el futuro. "Si cambiase algo me estaría traicionando" asume.
Este sábado, coincidiendo con el Día del Libro, Murua presentará su creación a los lectores en la librería Mara Mara a partir de las 19.00 horas en el marco de una conversación amena y cercana mantenida junto a Roberto Lastre y Pedro Tellería. "Éste es un volumen donde se puede aprender mucho de la literatura, del mundo del libro, de los entresijos de la poesía y de esa trastienda de la edición que muchas veces no se cuenta; también se habla de los sentimientos de un editor periférico e independiente que apuesta por la literatura de calidad" a través de un diario que Murua fue construyendo casi cada día a primera hora de la mañana o a última de la tarde.
Por supuesto, como uno es también su tiempo y su lugar, hay referencias a la realidad del País Vasco y de España; a sus viajes por distintas partes del mundo invitado por ferias, congresos o universidades; a las personas que, también en lo íntimo, marcaron al autor ("nadie se puede desligar de su biografía sentimental"); a... sin olvidar a sus colegas de profesión. "En las opiniones soy bastante contundente. De la misma manera que me analizo, miro también a los otros de una manera que puede o no gustar, y es posible que haya autores a los que haya retratado de un modo... extraño. Es un ejercicio filosófico, literario, poético, experimental y sobre todo balsámico. Son opiniones de una persona que va de frente. Un collage bien estructurado aunque cuando lo iba escribiendo no era muy consciente de su objetivo, que es mostrar las bambalinas del mundo de la edición y de la escritura".
Tras la buena aceptación que tuvo la primera entrega ("el mundo de los diarios y dietarios cada vez tiene más aceptación"), Murua espera que éste también conecte como "relato de un viaje personal, como un documento socio-literario. Al fin y al cabo, son los sentimientos encontrados entre un poeta, un editor y un hombre".
Ahora, aunque sigue siendo responsable de la edición de la revista Luke, el autor reconoce que "cuando hablo con los editores abro muy poco la boca y escucho mucho". No siente nostalgia de la época de Bassarai, entre otras cosas porque "en estos momentos estoy gozando como escritor". "Me interesa la literatura de calidad y la apuesta seria y profesional. Respeto todo lo que la gente hace, pero sé distinguir muy bien lo que es bueno y lo que no. Me gustan las colecciones que se sustentan con buenos títulos y para eso necesitas tiempo. El problema está en la rapidez, en la inmediatez que se vende en este mundo de las nuevas tecnologías. Al principio, cuando empecé con la editorial, todo eran críticas, sobre todo económicas. Siempre hay espacio para los esprínters y los eyaculadores precoces, pero el trabajo bien hecho tiene que pasar, desde el punto de vista de la creación, por la duda y el fracaso".
No hay que olvidarse, tampoco, del otro, de un "lector y ciudadano al que respeto y por eso hay que sopesar las palabras. Muchas veces la gente ni se escucha ni piensa lo que dice. Yo, en este libro, presento una reflexión contenida a través de las letras".
fuente: noticias Álava
Kepa Murua
Escritor, poeta y ensayista. Se sirve de géneros distintos para crear un mundo literario que el lector encuentra con una voz definida, transparente y clara.
Su obra se compone de numerosos títulos. En poesía: Siempre conté diez y nunca apareciste (Calambur, 1999), Cavando la tierra con tus sueños (Calambur, 2000), Un lugar por nosotros (Germanía, 2000), Cardiolemas (Calambur, 2002), Las manos en alto (Calambur, 2004), Poemas del caminante (Bassarai, 2005), Cantos del dios oscuro (El Gaviero, 2006), No es nada (Calambur, 2008; Amazon 2019), Poesía sola, pura premonición (Ellago Ediciones, 2010), El gato negro del amor (Calambur, 2011), Escribir la distancia (Luces de Gálibo, 2012), Ven, abrázame (Amargord, 2014), La felicidad de estar perdido (Siltolá, 2015), Lo que veo yo cada noche (Luces de Gálibo, 2017), Autorretratos (El desvelo, 2018), Pastel de nirvana (Cálamo, 2018), El cuaderno blanco (El Desvelo, 2019) y El aire que respiras (Amazon, 2019).
Ha publicado, asimismo, los ensayos: La poesía y tú (Brosquil Ediciones, 2003), La poesía si es que existe (Calambur, 2005), Del interés del arte por otras cosas (Ellago Ediciones, 2007), Contradicciones (Arte Activo Ediciones, 2014), Poemas de la servilleta (Olifante, 2016) y Cambiar con la escritura (Amazon,2020); libros de artista: Itxina (Bassarai, 2004), Flysch (Bassarai, 2006) y Faber (Bassarai, 2009). Las novelas: Un poco de paz (El desvelo, 2013) Tangomán (El desvelo, 2015), De temblores (El desvelo, 2017) y La carretera de la costa (El desvelo, 2020).
Ha publicado dos volúmenes de sus diarios: Memorias de un poeta metido a editor, con el título de Los pasos inciertos, 1996-2004 (Milrazones, 2012) y Los sentimientos encontrados, 2005-2007 (Cálamo, 2016).
En el terreno audiovisual ha participado en la grabación de su diario filmado, y en el musical, sus poemas han formado parte del proyecto Poemas y canciones (Agruparte, 2007).
Su obra se ha traducido al inglés, italiano, portugués, rumano, húngaro, árabe y turco. Tras licenciarse en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo, fundó la editorial Bassarai (1996-2011) y la revista Luke (2000-2018).
Nací en Zarautz, en 1962, un pueblo de la costa vasca, y eso deja huella, nacer cerca del mar y no en una ciudad del interior marca una diferencia. El mar es un tema recurrente en mi escritura.
Si tengo que explicar algo de mí no quisiera decir mucho más, pues cada vez hablo menos y con el paso del tiempo he aprendido a escuchar; no quiere decir esto que haya cambiado drásticamente, más bien creo que ha sido una construcción paulatina hacia mi verdadera personalidad. He escrito y he publicado, no lo puedo olvidar, he vivido entre libros. Nunca he recibido premios ni me han concedido subvenciones –quizá porque no las he pedido–, pero sí es cierto que en varias oportunidades he sido nominado a algunos, nunca he ganado. Puedo reconocerme en la derrota de un modo sereno y, por eso mismo, aparecer tranquilo ante los ojos de los demás, ya no desconfío de las personas tal como lo hacía en el pasado. En el presente, aparentemente más quieto que antes, me siento mucho más vivo, mucho más libre que cuando intentaba cambiar el mundo y me molestaba lo que veía, por más que la escritura me ayudara a comprenderlo y, a menudo, me pidiera dejarlo todo para ser feliz algún día. Ahora tengo mi propia familia y ya no quiero irme ni aislarme.
Cuando escribo siento que el tiempo pasa rápido; me siento vivo, todo es como el mar que aparece al fondo de mi existencia, pero mucho más bello. ¡Ah!, se me olvidaba: practico boxeo.
fuente: kepamurua.com


