What hobbies have you had in the past? Did the
pandemic and the subsequent lockdown lead you to cultivate new ones?
There is some historic precedent for that behavior-
As this will be our last class together for this academic
year, I would also like to know what hobbies you are thinking about picking up
during the summer. If you need some help on how to find a new hobby,
here's a helpful guide-
En la sesión que hemos tenido hoy en el club de lectura juvenil hemos recomendado un libro. El que quisiéramos... y este ha sido el resultado:
El Hobbit de J.R.R. Tolkien. Luis nos recomienda este libro escrito en 1930 para divertir a sus hijos. Es la primera obra del universo de Tolkien, de cuyas manos saldrá luego El Señor de los anillos.
Momo de Michael Ende es el libro que nos recomienda Ada. Que por cierto, ya se lo había leído pero ha hecho una relectura. Momo es una niña con una cualidad muy especial, escuchar a la gente y hacerles sentir bien. Pero llegarán los hombres de negro... y nos preocuparemos demasiado por el tiempo.
Los gatos guerreros es el libro que nos recomienda Nuria, lo ha escrito Erin Hunter, y pertenece a una saga con muchísimo éxito en EEUU, traducida a más de 30 idiomas.nos cuenta la historia de unos clanes de gatos salvajes y su vida en el bosque bajo la atenta mirada de sus antepasados (clan estelar)
Primos s.A. de María Menéndez Ponte es otra saga que nos recomienda Noelia. El título del libro que se ha leído es El monstruo de la laguna, y es el quinto volumen de esta colección llena de aventuras, misterio y, esta vez, vacaciones. ¿Lograrán resolver el caso?
El escarabajo de Horus de Rocío Rueda Sastre, es el libro que nos recomienda Daniel, un libro que combina magia, historia y misterio, y que nos hace viajar desde el museo del Louver al antiguo Egipto, al de los faraones. Por cierto, la escritora es de muy cerquita de aquí, de Saldaña.
Amanda Black, una herencia peligrosa. Nos lo recomienda Paula, y es el primer libro de lo que parece que podría ser una saga. Lo escribe Juan Gómez Jurado, autor que muchos padres y madres reconocerán por La Reina roja, entre otros; y por Bárbara Montes. y que está lleno de intriga, aventuras y acción. Amanda Black, la protagonista, recibirá una carta que le llevará a la casa familiar, donde descubrirá cosas de su pasado. Puedes escuchar el audio que nos manda Paula.
Tierra de Dragones, de James A. Owell es el libro que nos recomienda Ana, se publicó en 2007 y es una obra llena de fantasía que se ambienta en Inglaterra en la primera guerra mundial, pero donde aparecen el rey Arturo, la Atlántida o el capitán Nemo, los protagonistas tendrán acceso a él a través de un atlas muy especial.
Las aventuras del capitán calzoncillos nos las recomienda Raquel, esta hilarante aventura, de la que luego surgieron otros libros, fue escrita por Dav Pilkey, y ha tenido tanto éxito que hicieron una peli de estos dos chicos que dibujan comics y del director de su cole que no les deja... pero que acaba convertido en el Capitán Calzoncillos.
El tesoro más precioso del mundo de Alfredo Gómez Cerdá nos lo recomienda Ouarda, y en el que se mezcla la novela y el teatro a través de dos personajes, Flor, una chica que va a todas partes con una maleta cargada de títeres, y Nomeacuerdo, un escritor que parece que es bastante olvidadizo, pero que tiene una gran imaginación.
El último libro que recomendamos es el verano de la sirena, escrito por Mollie Hunter. Ambientado en tierras del norte, en Escocia, en un pueblo de pescadores, un pueblo vive amenazado por la presencia de una pretenciosa sirena que no soporta que hablen mal de ella. Eric, un viejo pescador se atreverá a decir que la sirena no existe. A partir de ahí la vida de sus nietos: Anna y Jon da un giro, y ellos serán los únicos que puedan liberar al pueblo de la maldición de esta criatura fantástica.
En el club de lectura infantil hemos leído Doctor de Soto, dentista de animales. Un divertido cuento sobre dos ratones dentistas con un dilema, ayudar a curar el dolor de muelas a un zorro que.. glups, se los podría comer.
¿Su ingenio será capaz de sanar al zorro y no acabar en su estómago? ahí lo dejamos.
Por cierto, ¿Sabíais que el ratoncito Pérez no trabaja en todos los países? en otros sitios los niños y niñas reciben la visita del hada de los dientes, que en Irlanda se llama Anna Bogle, en Francia es le petite souris quien se encarga.
ah en algunos países asiáticos el diente de la mandíbula inferior se entierra, y el de la mandíbula superior se tira al cielo pidiendo un deseo, que el diente se sustituya por el diente de un ratón. Resulta que los dientes de ratones crecen
durante toda la vida.
La isla del tesoro de R.L. Stevenson, es un clásico que problablemente la mayor parte de los padres y madres de los niños y niñas que particpan en el club juvenil, han leído.
Unos cuantos años después, lo leemos también... pero en una versión en cómic de David Chauvel con la que no se pierde su esencia.
¿nos gustaría irnos de aventuras a buscar un tesoro? por supuesto. Con el parche en el ojo y el loro en el hombro incluidos.
En el club de lectura infantil hemos leído La odisea contada a los niños, de Rosa Navarro Durán. Una adaptación de este clásico griego, con la que conoceremos quiés es Ulises, Poseidón, Telémaco, Atenea o Penélope.
Por cierto, ¿sabías que La Odisea es un poema compuesto hace casi tres mil años, y que está escrita en griego, en
12.110 versos?
Yasmina Reza: «Lo que define a un creador es la libertad»
La
autora de «Arte» conversó con Miguel del Arco, director de la
producción española de la obra actualmente en cartel, sobre el texto, el
teatro, el compromiso político o la creación artística
Aquella anécdota se convirtió en una de las obras de mayor éxito internacional de las últimas décadas: «Arte», que actualmente se ofrece en El Pavón Teatro Kamikaze, interpretada por Roberto Enríquez, Cristóbal Suárez y Jorge Usón, bajo la dirección de Miguel del Arco.
Con él conversó ayer, en el propio escenario de la función, la
dramaturga francesa; en la charla, Yasmina Reza destiló alguna de sus
lúcidas ideas acerca de la creación literaria, de la situación actual
del teatro, el compromiso político y, naturalmente, de la que es su obra
más popular -ha sido traducida a más de una treintena de idiomas
y es la pieza contemporánea más representada-. «No me importa que me
relacionen con esta obra solamente -reconoce-; por fortuna, otro de mis
textos, “Un dios salvaje”, también tuvo mucho éxito
-aquí no hubo una buena producción, pero en otros países sí- y
popularmente no soy autora de una sola obra. De todos modos, me siento
más cercana a otras piezas mías más atmosféricas».
Sonríe abrumada cuando escucha de labios de Miguel del Arco que «Arte» es «un clásico contemporáneo».
«Es algo injusto -dice la dramaturga-; sobre un texto tiene que pasar
el tiempo para ser considerado un clásico. Lo es cuando cien años
después de escrito sigue siendo contemporáneo». Sin embargo, algo de
razón debe tener Del Arco cuando la autora revela que la obra se estudia en los institutos franceses, en una edición especial para alumnos que incluye preguntas sobre el texto que ella misma, confiesa, no sabe contestar.
Una tragedia
Yasmina Reza, sin embargo, no tiene dudas cuando se le pregunta si «Arte» es «una comedia o una tragedia». «Una tragedia»,
responde rotunda, y a continuación explica lo que ella entiende por
humor -la obra siempre provoca carcajadas en el público-: «ser sensible al ridículo de las cosas;
no es el gag ni el chiste; es el exceso, dar un paso adelante, y en mis
obras se ríen, creo, por esto». Y es una tragedia porque la obra habla,
según su autora, «del desgarramiento de una amistad, y
eso es verdaderamente trágico». Por ello, reconoce, le gusta la versión
dirigida por Miguel del Arco. «Se pone el acento en ese aspecto. “Arte”
habla de una pasión amorosa, no de una amistad distante; en esta
función hay celos, hay posesión, hay cambios de bando... La amistad no es tranquila, es una pasión feroz».
No todo fueron parabienes para la obra, sin embargo, el día de su estreno. Yasmina Reza recuerda que se le tachó de misógina,
«porque los protagonistas son tres hombres y las mujeres de las que se
habla salen mal parada; pero es que yo partía de un hecho real y de tres
hombres reales, que hablaban así de sus mujeres».
Tampoco en el universo del arte contemporáneo fue muy bien acogida, por
la crítica -bastante evidente- que se hace del esnobismo que existe en
este mundo. «En Francia me tacharon de reaccionaria; sin embargo, en Estados Unidos varios museos y galerías regalaban entradas a sus clientes y me invitaban a sus exposiciones».
Precisamente del estreno en Nueva York
cuenta Yasmina Reza una anécdota que le ayuda a ilustrar una cuestión
acerca de la «propiedad» de las obras teatrales al subir a escena. «El
éxito que la obra tuvo en Londres, donde se presentó traducida por Christopher Hampton
(el autor de «Las amistades peligrosas») hizo que se estrenara en
Broadway. Se hizo una lectura con los actores para “americanizar” la
versión –narra la dramaturga-; teníamos todos el original francés y la
traducción inglesa, que es la que se leyó. Alan Alda,
que habla francés, hacía sugerencias para la adaptación americana muy
divertidas; yo las aceptaba encantada, pero Christopher Hampton decía
que no, que no era lo que yo había escrito. ¿Quién puede saber mejor que el autor lo que ha escrito? Él insistía. Volvimos luego al hotel y tuvimos una discusión metafísica sobre a quién pertenecía el texto».
Peligros
A Yasmina Reza no le gusta que la definan como «artista».
«Es un término que implica un estatus social que no me gusta; cuando se
alcanza acechan todos los peligros. Hay algo en el artista que debería
permanecer asocial; debe mirar hacia adentro y mantener siempre un punto de rebeldía,
porque lo que define a alguien que crea es la libertad, y eso está
reñido con los honores sociales. Por eso no me gustan las entrevistas,
no hago televisiones ni firmas de libros: para protegerme. De todos modos, no estoy tan loca como para pensar que soy absolutamente libre».
Toca hablar ahora del compromiso político del
creador. Yasmina Reza se muestra igual de contundente que en el resto
de la charla. «Estamos en una sociedad política y de hechos; es
imposible abstraerse. Todo es posicionamiento, y más en un escritor:
todo lo que se escribe es político. Si no, no eres de tu tiempo. Pero
creo que los escritores no deben expresar sus opiniones políticas,
porque destiñen y condiciona el pensamiento de los lectores».
En los últimos años, Yasmina Reza ha asumido la dirección de sus textos
-no descarta dirigir los de otros dramaturgos-. «He tenido la suerte de
que mis obras han sido montadas por grandes directores, pero con el
tiempo me he dado cuenta de que quería ofrecer mi propia visión de mis textos;
me encanta dirigirlos. Es una continuidad de la escritura; en ese
momento no trabajo como autora, sino como cualquier otro director, pero
tengo el ritmo de los textos, y así se lo marco a los actores».
Actriz
Ella misma fue actriz, y piensa que haber pisado el escenario ha sido «fundamental»
en su trabajo como autora y como directora -y coincide con ella Miguel
del Arco-. «No hubiera escrito teatro como lo he hecho si no conociera el ritmo, los silencios... Mi experiencia como actriz me ha llevado en muchas ocasiones a quitar palabras».
Actores y director,
precisamente, son la piedra angular del teatro, dice Yasmina Reza,
tirando una piedra sobre su propio tejado. «Un buen texto en manos de
malos actores y un mal director puede convertirse en una función atroz, pero unos grandes actores y un buen director pueden hacer un gran espectáculo con un mal texto».
Ahora,
Yasmina Reza es una autora consagrada y sus obras tienen la publicación
y el estreno garantizados antes incluso de ser escritas. Pero no fue
igual al principio. «Los comienzos en el teatro son extremadamente difíciles,
y ahora más todavía. La tendencia general del teatro hoy en países como
Francia o Alemania -no conozco el caso de España- es de hacer
espectáculos sin textos dramáticos. El autor dramático vivo molesta;
cuando está muerto ya no, porque se le puede cortar, reescribir...
Ahora mismo se presenta un Chéjov en el Odeón de París que apenas tiene
un puñado de palabras de Chéjov. Una obra de teatro no es ya necesaria
para hacer teatro.
Yasmina Reza (París, 1959) parece incómoda con el éxito que le llegó
siendo apenas treintañera y que no le abandona. Hoy, con 53 años, es una
autora consagrada que ha recibido los principales premios de teatro, en
Francia, Reino Unido y Estados Unidos, y que ha visto ampliadas sus
audiencias gracias a la versión cinematográfica de Un dios salvaje, realizada por su amigo Roman Polanski.
Reza se niega a analizar y a explicar sus obras, en esta entrevista que
concede coincidiendo con la aparición en español en un único volumen de
Tres versiones de la vida y Una comedia española, publicados por Alba en su colección Artes escénicas/Textos, en la que ya se ha editado Un dios salvaje.
La escritora responde por Internet a un cuestionario de preguntas del
que pide se excluya cualquier alusión a las pasadas elecciones
francesas. Celosa de su imagen, Reza escoge también la fotografía que
ilustrará el texto.
Yasmina Reza escribió Arte,
su primer gran éxito internacional, en seis semanas, en 1994. ¿Le costó
digerir la fama o podríamos decir, parafraseando a Giulio Andreotti,
que el éxito desestabiliza al que no lo tiene?
—El
éxito no es, evidentemente, un acontecimiento que se pueda aceptar de
manera neutra. Es algo que “desestabiliza” en el sentido literal del
término, como todo deseo que llega a realizarse. El éxito provoca muchos
malentendidos. Entre la gente que te admira, muchos lo hacen por
razones que, en tu opinión, no son las correctas. Esa es la razón de que
no proporcione seguridad. Nunca he pensado que el éxito sea una
confirmación del talento.
No todas las obras de Reza —que ha explorado también la novela con Hammerklavier, Una desolación o Adam Haberberg—
han sido éxitos fulminantes. Sin embargo, hay pocos casos en la
literatura actual en los que un autor sintonice de una manera tan
rotunda con el público en diferentes formatos. Reza demostró dominar el
relato periodístico con su libro El alba la tarde o la noche, sobre el expresidente francés Nicolas Sarkozy, al que siguió durante toda la campaña previa a las elecciones de 2007. Un libro que se vendió en Francia como rosquillas. Su retrato no totalmente negativo de Sarkozy, como ella descendiente de inmigrantes judíos, no gustó demasiado a la izquierda.
Los grandes actores no dejan de sorprenderme. Me asombran, van más allá de lo que yo esperaba”
Pero es el teatro, y su retrato de las clases medias acomodadas y
aparentemente triunfadoras y civilizadas, lo que le ha convertido en un
nombre de referencia. Piezas que indagan en las trampas de la
existencia, como Tres versiones de la vida, escrita en 2000,
que trata de los sacrificios que exige la sociedad al que quiere llegar a
lo más alto. ¿Puede el talento evitar esa servidumbre? “Es difícil
responder de una forma general. En lo que me concierne, no he tenido en
cuenta nada más que mi cabeza”, responde la escritora. “Nunca he escrito
nada que no hubiera nacido de un deseo personal. He sido muy
solicitada, pero creo que me resulta más fácil decir no que sí”.
Reza no exagera. Desde mediados de los años noventa ha sido cortejada
por multitud de directores, ansiosos de llevar sus obras a la escena, o
al cine. En Estados Unidos se la presentó como una mezcla de Molière y
Woody Allen. Una combinación que ni siquiera toma en cuenta. “No tengo
una mirada analítica sobre lo que hago. Mis textos puramente literarios
no tienen nada que ver con esas comparaciones”, dice. Tampoco es
partidaria de dar nombres cuando se le pregunta por los autores que
prefiere. “No me gusta citar a escritores contemporáneos porque siempre
que lo hago, enseguida pienso ¡oh, me he olvidado de aquél!”.
Incómoda con su perfil de triunfadora, reforzado con el estreno de Un dios salvaje,
escrita por encargo y en pocas semanas, en 2006, se niega a abordar el
tema cuando se le pregunta cómo ha conseguido conquistar a los
espectadores de medio mundo. “No lo sé. No lo percibo así”. ¿Tendrá algo
que ver con su capacidad de describir personajes de un mundo global?
¿Acaso no podrían ser, aparte de parisienses, londinenses, neoyorquinos o
madrileños los tres amigos de Arte, o las dos parejas de Un dios salvaje?
—Sinceramente, no me corresponde a mí contestar eso. No soy
socióloga. Y me niego a ser una comentadora parásita de mis escritos.
Su éxito internacional fue visto con cierta suspicacia en Francia. En 2009, en declaraciones a The New Yorker,
se quejó de los periodistas de izquierdas “en cuya opinión el éxito es
de derechas”. ¿Quizás les molesta su desprecio por la intelectualidad
francesa?
—Perdone, pero de nuevo me resulta difícil contestar, porque la
situación es complicada y está evolucionando. El éxito, en Francia, pero
creo que también en otros países, es percibido, a veces, erróneamente,
como falta de integridad. Usted me asocia con el éxito porque me habla
de textos que han dado la vuelta al mundo. Pero también he escrito cosas
que me gustan tanto o más, que han funcionado de una manera más
modesta. Por otra parte, siempre me las he arreglado para no ser
prisionera de un solo género. No desprecio a los intelectuales lo más
mínimo. Al contrario. Pero no tenemos el mismo oficio. El intelectual se
ocupa de pensar el mundo, intenta descifrarlo, acosa una verdad
oscurecida. El escritor critica el mundo, lo interpela, busca su propia
verdad que no tiene el menor valor de ejemplo. El escritor no es un
intelectual.
Un aspecto fundamental de sus obras es que sus personajes no son
buenos ni malos en estado puro. Solo personas comunes. Simples
ciudadanos, miembros de una sociedad desarrollada, más proclives quizás,
por ese motivo, a sufrir episodios de violencia. “No. El principio de
la civilización, de todas las civilizaciones pasadas y presentes, es
contener la violencia, el salvajismo inherentes al hombre”, precisa la
autora.
Podría pensarse, leyendo sus obras, que Yasmina Reza está más
interesada por el universo masculino que por el femenino. “Durante mucho
tiempo me sentía más protegida creando personajes masculinos. Pero
desde hace años ya no es el caso”, aclara ella. “Mi última obra, Comment vous racontez la partie (Cómo cuenta usted la partida), tiene como heroína a una mujer. Una comedia española explora más a las mujeres que a los hombres”.
En Una comedia española habla de actrices, un territorio que conoce bien Reza, que estudió interpretación en la escuela Jacques Lecoq de París,
y ha probado varias veces lo que se siente sobre un escenario. Una
experiencia que califica de “esencial”, en su obra. “No habría escrito
nunca de la manera que lo hago, en mi opinión muy económica, si no
hubiera tenido la experiencia de la interpretación. Escribo dejando un
hueco muy importante a los silencios, al subtexto, a todo lo que
acompaña a las palabras y puede ser utilizado por el actor”. En cuanto a
los actores, declara su “afecto” sin fisuras por su trabajo. “Les debo
mucho. Pienso en ellos cuando escribo teatro. Les doy lo que me parece
mejor para la interpretación futura, pero los grandes actores no dejan
de sorprenderme. Me asombran, van más allá de lo que yo esperaba. He
tenido la suerte y el privilegio de ver mis obras interpretadas por
grandes actores en diferentes idiomas. Siempre me han enseñado mucho.
Incluso sobre el sentido profundo de mi escritura”.
Y sin embargo, abandonó con gusto una profesión que ha calificado de
“desastrosa” por el grado de dependencia que conlleva. Reza, madre de
dos hijos, Alta, abogada penalista de 23 años, y Nathan, aspirante a
cantante, de 19 años, nacidos de su relación con el cineasta Didier
Martiny, se ha distinguido siempre por su espíritu independiente y su
interés por probar su talento en todos los frentes.
En 2009 dirigió una película, Chicas, basada en Una comedia española.
El filme pasó desapercibido, pero la escritora se declara satisfecha.
“Me encantó. No tengo la impresión de haber hecho algo diferente de lo
que hago normalmente. Tenía la impresión de estar escribiendo de otra
manera, con otras herramientas”. Chicas cuenta la historia de
una madre, con algunos rasgos de la propia madre de la autora, y de sus
hijas. Y es que su familia es un tema importante para la escritora.
“Mis orígenes son muy complejos”, cuenta. “Mi padre era judío de
Samarcanda, nacido en Moscú. Mi madre es húngara y también judía. Tengo
la herencia doble de los sefarditas y de los asquenazis. Sin embargo,
ninguno de los dos era religioso ni interesado en las tradiciones. Mi
familia era la quintaesencia de la familia cosmopolita, feliz de no
estar cargada de raíces. Lo contrario de lo que la mayoría de la gente
busca”. La falta de raíces, el sentirse un poco externa a la sociedad en
la que nació (un suburbio de clase media de París), ha marcado su obra.
A tenor de su éxito, habría que decir que de manera positiva, pero Reza
lo considera irrelevante en su trabajo. “Todo es bueno para un
escritor. Funciona con lo que tiene. El escritor no depende en absoluto
del contexto. Para un escritor es buena tanto la guerra como la vida
tranquila. De todos modos, por definición está mal adaptado”.
Yasmina
Reza nació en París. Su padre, nacido en Moscú, descendiente de una familia
judía expulsada de España por la Inquisición y que se refugió en Uzbekistán, y
su madre, violinista, de una familia de judíos húngaros, se conocieron en
París.
estudió Sociología y
Teatro en la Universidad de Nanterre. Además de francés, habla inglés y alemán. Comenzó a actuar en
papeles de obras nuevas o clásicos de Molière
o Marivaux. En 1987, escribió Conversations
après un enterrement (Conversaciones tras un entierro), que recibió
el premio Molière.