El sábado 23 de octubre pudimos disfrutar en streaming de una conversación con Emmanuel Carrère para distintos clubes de lectura organizada por la Fundación Princesa de Asturias.
Esperamos verdaderamente que por fin, el curso que viene podamos acercarnos allí a encontrarnos con la próxima persona ganadora de este galardón.
Director de cine, guionista y escritor, Emmanuel Carrère
(París, 1957), nuevo Premio Princesa de Asturias de las Letras, es autor
de ensayos, biografías, reportajes, novelas y un grupo de obras –las
más conocidas– que encajan en el género de la autoficción, del que se ha
convertido en una de las voces más prestigiosas. Así puede apreciarse
en su última obra, Yoga, que, sin embargo, ha provocado que el autor francés haya decidido dar por finalizada esta etapa de su trayectoria literaria.
Como novelista, Carrère se inició con Bravura (1984), donde mezcla la fantasía, la realidad y la ficción en una novela que transcurre por diferentes episodios históricos. El bigote
(1986) es una obra con un planteamiento original: el protagonista
decide afeitarse su bigote y descubre que nadie se da cuenta de este
hecho; al contrario, nadie pensaba que lo tuviera, lo que le provoca una
aguda crisis de identidad.
Después publicó la biografía novelada Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (1993), dedicada a uno de sus escritores favoritos, el autor de ciencia-ficción Philip K. Dick. Una semana en la nieve (1995)
es una novela en la que el realismo y un soterrado terror traspasan las
peripecias, inventadas o no, que vive un niño en sus vacaciones en un
campamento de esquí.
Autoficción y reportaje
Tras esta obra hay un drástico cambio en su manera de enfocar la literatura. En 2000, con El adversario, uno de sus libros más celebrados, comienza a emplear las técnicas de la autoficción y del nuevo periodismo. El adversario
se centra en un caso real: el asesinato que cometió en 1993 Jean-Claude
Romand de su mujer, sus dos hijos y sus padres. La novela cuenta el
largo historial de embustes del asesino, que llevó una doble identidad
durante dieciocho años. Carrère conoció por la prensa estos hechos y
decidió escribir un libro. Para ello, asistió a todas las sesiones del
juicio, conoció de primera mano los testimonios, visitó los lugares que
frecuentó Romand, se carteó con el asesino, le visitó en alguna ocasión
en la cárcel… El autor francés se introduce en el relato contando sus
pesquisas y las conclusiones que va extrayendo de lo que sale a relucir
en el proceso.
A continuación publicó Una novela rusa (2007), en la que el
autor y narrador se convierte en protagonista del libro, contando un año
de su vida. Con un intimismo crudo y radical, Carrère fuerza el relato
autobiográfico. En 2009 aparece De vidas ajenas, donde decide contar la vida de unas personas que conoce, aunque el yo del autor sigue traspasando todo el libro.
Carrère es capaz de descubrir insólitos personajes que le
sirven de modelo para ofrecer una atrevida disección de la cultura
contemporánea
Otra de sus grandes obras es Limónov (2012). En ella, vuelve
a mezclar de manera atrayente e ingeniosa los géneros literarios para
contar la biografía de un personaje real, desmesurado, Limónov, un
exiliado ruso, constante viajero, que se mueve por los bajos fondos de
diferentes ciudades, escribe novelas y, asqueado del mundo capitalista,
funda el Partido Bolchevique. Acaba en la cárcel, pero no abandona una
ideología caótica repleta de surrealistas contradicciones. Carrère, hijo
de la historiadora Hélène Carrère d’Encausse,
especializada en el régimen soviético, realiza una radiografía
anárquica de la Rusia actual sirviéndose de un esperpéntico personaje.
Este libro tuvo muchísimo éxito en todo el mundo.
En El Reino
(2015) vuelve a convertir sus propias peripecias en la principal
materia narrativa del libro. En este caso, cuenta su conversión al
catolicismo tras un periodo de profunda depresión y su posterior
desencanto y decepción. La obra incluye un personalísimo y parcial
análisis de los Hechos de los Apóstoles.
Al año siguiente publicó Calais (2016), un reportaje sobre la incidencia de la inmigración en esta ciudad francesa.
Su última obra publicada es Yoga,
en la que cuenta diferentes episodios de su vida, como su pasión por el
yoga, la muerte de uno de sus mejores amigos, su caída en una profunda
depresión y su colaboración en algunas actividades solidarias.
Una mirada muy personal
Carrère ha conseguido ser uno de los máximos representantes de una
renovadora manera de narrar que combina el relato biográfico con los
recursos del reportaje periodístico. Su literatura resulta muy amena por
la facilidad que tiene para indagar en su propia intimidad y en
cuestiones reales y cercanas a los lectores.
Es cierto que, a veces, el peso del yo ahoga y cercena las
posibilidades literarias de los asuntos que está contando, traspasados
continuamente por una única y dominante manera de mirar la realidad,
obsesiva y subjetiva, que puede incluso llevar a manipular esa realidad
en detrimento de otros personajes. Aborda, además, cuestiones muy
actuales, aunque las muestre de una manera cómodamente crítica y a veces
superficial, aunque no den esa apariencia.
Pero su estilo ofrece un individualismo novedoso que plantea
interesantes retos narrativos. Además, es capaz de descubrir en la
realidad insólitos personajes que le sirven de modelo para ofrecer una
atrevida disección de las luces y sombras de la cultura contemporánea.
Emmanuel Carrère: "Lo que le permite a uno mantenerse a flote es estar consciente de que todas las etapas son transitorias"
Norberto Paredes
Festival Digital Colombia@BBC Mundo
Fuente de la imagen, Getty Images
El francés Emmanuel Carrère está acostumbrado a romper moldes.
Y
eso es lo que precisamente hizo con "Yoga", su último libro, que desde
que se publicó en septiembre del año pasado se ha convertido en un
bestseller.
Después
de "El reino" (2014) -en el que habla de los orígenes del cristianismo y
de su muy breve experiencia como creyente-, Carrère vuelve a la
palestra con una obra que, como es de esperar por el título, habla de
esa actividad tan de moda en nuestros tiempos y que él ha practicado por
más de 30 años, pero también de una oscura y depresiva etapa de su vida.
Inicialmente, su ambición era redactar un "librito sonriente y sutil" que le pudiera servir a muchos amantes del yoga.
Y
aunque (al principio) lo logra, la novela de 400 páginas evoca
experiencias traumáticas, como la muerte de su amigo y colega periodista
Bernard Maris, asesinado en el atentado contra la revista Charlie
Hebdo, y además relata sin tapujos un duro episodio depresivo que lo
hizo acabar en un hospital psiquiátrico.
La obra ha dado mucho de que hablar, y no solo en los círculos literarios.
De
hecho, se volvió el epicentro de un renovado campo de batalla en su
accidentado divorcio de la periodista francesa Hélène Devynck, quien, en
una carta publicada por Vanity Fair, calificó la nueva obra de su
exesposo como un libro donde "la línea entre la ficción y las mentiras está difuminada".
"Emmanuel
y yo estamos sujetos a un contrato que lo obliga a obtener mi
consentimiento para utilizarme en su obra. No consentí el texto tal como
se publicó", escribió Devynck a finales de septiembre de 2020
Emmanuel Carrère y su exesposa Hélène Devynck en el estreno de "Remember" en el Festival de Cine de Venecia de 2015.
Poco
después, Carrère ofreció su propia versión en el diario Libération,
asegurando que respetó las peticiones de su exmujer y "fue mucho más
lejos", haciéndole leer no solo las líneas que le concernían sino todo
el libro, que enmendó "no una, sino dos veces".
Para muchos, la polémica en torno a "Yoga" hizo que el libro fuera excluido de la segunda selección del codiciado premio Goncourt -uno
de los galardones literarios más importantes de Francia-, a pesar de
que era uno de los grandes favoritos para hacerse con la distinción.
A
lo largo de "Yoga", el parisino hace gala de su sentido del humor dando
distintas definiciones de lo que son la meditación y el yoga.
Su concepto favorito de la primera, cuenta, es uno que toma prestado "del budismo Zen más rústico": "meditar es orinar cuando orinas y hacer caca cuando haces caca".
Carrère
es uno de los autores más prominentes de su país. Y aunque utilizó la
ficción para darse a conocer, ahora destaca por los relatos que escribe
en primera persona sobre su vida y la de otros.
Para
muchos críticos, con la publicación en 2000 de "El adversario" -un
relato sobre un mitómano que mató a toda su familia y luego intentó
suicidarse, una historia real que conmocionó a Francia en los años 90-
Carrère marcó un antes y un después del género.
Lo
adaptó y lo hizo suyo, concibiendo obras que incluyen relatos muy
íntimos mezclados con reportaje, filosofía y hechos históricos, como
"Una novela rusa", "Limónov" y "El reino".
Lo
que sigue es un extracto del diálogo que BBC Mundo tuvo con el
galardonado autor, que ha sido calificado como uno de los escritores
vivos "más interesantes de nuestros tiempos".
¿Por qué ahora escribes novelas no ficción cuando tuviste tanto éxito con tus libros de ficción?
No
se trata de una elección ideológica ni de una preferencia por la no
ficción sobre la ficción. De hecho, no es totalmente imposible que algún
día vuelva a escribir novelas de ficción.
Digamos
que desde "El adversario", un libro que relata un caso criminal, me
adentré en el territorio particular de la no ficción, donde uno se
enfrenta a lo real y donde nos exponemos mucho más a una especie de
respuesta surrealista inesperada.
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Me
parece más honesto contar una historia de la que formo parte, o con
cuyos personajes he tenido interacciones, que contarla como si fuera
Dios".
Es
básicamente como la diferencia en el cine entre hacer una película de
ciencia ficción, con actores y un guion, y rodar un documental en el que
nunca sabes lo que va a pasar o a dónde te va a llevar.
Esa incertidumbre, esa apertura a lo desconocido, es algo que me encanta, con los peligros que representa.
En los últimos años son además cada vez más personales. ¿Por qué?
En
cierto modo está relacionado con el hecho de que escribir historias
basadas en hechos o personajes reales me obliga a exponerme también.
Me
parece más honesto contar una historia de la que formo parte, o con
cuyos personajes he tenido interacciones, que contarla como si fuera
dios o pudiera ver las cosas desde el planeta Marte.
Cuando hago no ficción, las interacciones que puedo tener con los personajes forman parte de la obra.
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Pie de foto,
Emmanuel
Carrère publicó su primer libro cuando tenía 24 años y a lo largo de su
carrera ha sufrido de depresión y de trastornos bipolares de los cuales
habla abiertamente en su obra.
En "Yoga", hablas de tu admiración por "los pocos hombres" que saben que vinieron a la tierra solamente para contemplar el cielo, como tu amigo Hervé. ¿Eres uno de ellos?
(Risas).
Me encantaría, me encantaría... pero no podría decir eso. No. Diría que
la razón por la que me siento en la Tierra es más bien para tratar de
formar frases que reflejen mi experiencia como ser humano.
También hablas de la salud física y mental y citas
el concepto de Freud, que dijo que la salud física es ser capaz de amar
y trabajar. Me imagino que es un concepto con el que estás de acuerdo, pero ¿qué significa para ti estar en buena salud física y mental? ¿Cómo haces para tratar de mantenerla?
Absolutamente, esa definición de Freud es muy cierta.
En
realidad, no soy la mejor persona para hablar de salud física y mental:
en mi libro hablo de la enorme depresión que atravesé.
Pero
pienso que lo que le permite a uno mantener la salud física, o al menos
mantenerse a flote, es estar consciente de que todas las etapas son
transitorias.
Puede
parecer tonto y banal dicho de esa manera, pero con frecuencia dentro
de las banalidades encontramos las cosas más ciertas.
Hay que estar consciente de que las etapas marcadas por la controversia no son absolutas.
También es importante saber que cuando pasas por un momento de mucho dolor, en algún punto lo vas a superar.
Y,
de la misma forma, cuando las cosas van muy bien, no está mal decirse
que la buena racha no va a durar. No se trata de ser pesimista, sino de
ser realista.
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Es
importante saber que cuando pasas por un momento de mucho dolor, en
algún punto lo vas a superar. Y cuando las cosas van muy bien, no está
mal decirse que no va a durar".
Hay que aceptar la idea de que existen ciclos.
A lo largo de "Yoga", también das varias definiciones de meditación, ¿cuál es tu favorita?
(Risas)
Hay una que voy a citar y que es una definición que proviene realmente
del budismo Zen más rústico y es: "la meditación es orinar cuando orinas
y hacer caca cuando haces caca".
¿Por qué te gusta tanto esa definición?
No
es hallazgo paradójico mío, es una definición clásica que quiere decir
que es algo muy simple y su dificultad es precisamente hacer de eso algo
simple.
Solamente es hacer lo que uno está haciendo mientras lo hace, en lugar de agregar capas, comentarios y razonamiento.
¿Cómo la meditación y el yoga te han ayudado personalmente?
Siempre
resulta complicado responder a eso, porque es como el psicoanálisis:
uno nunca sabe qué habría pasado si uno nunca hubiera hecho.
Pero
tanto la meditación como el yoga son de gran utilidad y todos los que
las practican terminan por darse cuenta de que ayudan mucho.
Por
supuesto, uno podría decir lo mismo de correr y de todas esas
disciplinas que son a la vez físicas y que aportan beneficios físicos,
pero que también hacen un trabajo de fondo sobre la conciencia.
Idealmente,
te ayudan a aumentar el área y la capacidad de conciencia. Son
actividades extremadamente benéficas en muchos ámbitos.
¿Son para todo el mundo?
Totalmente.
Bueno, hay personas cuyo temperamento no les permite del todo
practicarlas, pero que pueden encontrar otras formas de meditación, que
pueden ser las artes marciales, por ejemplo.
Creo que incluso uno puede jugar fútbol como una forma de meditación.
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El yoga no sería yoga si no fuera para todo el mundo".
Pero creo que cada uno puede encontrar lo que mejor le convenga.
El yoga no sería yoga si no fuera para todo el mundo.
¿Qué significa el yoga para Emmanuel Carrère aparte de la"bienfaisante gymnastique" (un tipo de gimnasia que hace bien)?
Es, ante todo, la"bienfaisante gymnastique", en cualquier caso.
Pero
también es la idea de que esta "gimnasia" que trae beneficios físicos
poco a poco puede llevar incluso a una transformación de la consciencia.
Y si no llegas allí, al menos habrás hecho ejercicio, lo cual ya es bastante.
¿Cuáles son tus referencias actuales? ¿En quién te reconoces?
¿En
literatura? Tal vez sea muy pretencioso decir esto, pero actualmente no
hay ningún escritor del que yo me sienta cercano, que me haga decir que
hacemos un poco la misma cosa.
(Pausa).
Espera. Hay un escritor inglés con el que siento cierta cercanía: Geoff
Dyer. Escribe cosas muy buenas, en las que habla de sí mismo, y del
mundo, con mucho humor y mucho ingenio.
¿Ya pensaste en escribir un libro sobre 2020? ¿Sobre qué iría?
Sí.
Obligado por las circunstancias, hace poco comencé un libro estilo
documental sobre un par de calles del barrio en el que vivo en París.
Trato de describirlas, de describir a la gente que hace vida acá.
Es
una especie de diario, en realidad, en el que, por supuesto, he anotado
cosas que vi que pasaron durante este año absolutamente espantoso que
fue 2020.
Si tienes de 10 a 13 años... apúntate al club de lectura juvenil de la biblioteca. De momento online, pero con las mismas ganas que si fuera presencial.
El último libro que hemos leído en el club de lectura juvenil ha sido La princesa y el traidor. Un libro escrito por Andreu Martín y Jaume Ribera, y que pertenece a la serie La cadena Mágica. De hecho, este es el segundo libro.
Durante siglos, hubo dos mundos en conflicto compartiendo una misma
tierra: el mundo de las tinieblas y aquel donde la magia solo existía
como leyenda. Hasta que el gran mago del Agujero creó el " mundo nuevo "
y, con él, la cadena mágica de cristal que obraría la magia de abrir su
Puerta. Atrapado en el mundo mágico del Agujero, Héctor sigue el
rastro de Bijou, que ha caído prisionera del ejército del despiadado rey
koon. Podría haber escapado haciendo uso del primer eslabón pero, fiel a
su amistad y a pesar de las adversidades, Héctor correrá un sinfín de
aventuras para tratar de regresar con ella a casa.
Y parece mentira, pero hemos terminado el club juvenil en este año tan raro en el que no hemos podido hacer nuestras sesiones en la biblioteca, pero donde hemos seguido disfrutando de los libros en los encuentros a través de la pantalla.
El martes 2 de junio tuvimos nuestra última sesión del club de lectura infantil de este curso 2020-2021. Un curso en el que no hemos podido encontrarnos físicamente, pero donde nos hemos visto las caras a través de la pantalla y hemos seguido disfrutando de las lecturas, y de los comentarios.
El último libro que hemos leído ha sido Un mundo a capas, un libro divulgativo sobre la tierra, su composición, interesantísimo, que nos ha encantado.
Y para terminar, hemos participado de nuestro concurso: ¿Qué sabes de cuentos? y... nos hemos llevado el bote. Ahí van las preguntas. Por si queréis intentar contestarlas.
1. ¿quién entró en una casa con tres osos?
2. Fruta envenenada que duerme eternamente.
3. Conciencia de Pinocho
4. ¿qué dos cosas llevó Jack en el cuento de las habichuelas mágicas?
a) arpa y gallina b)arpa y monedas de oroc)arpa y un cofre del tesoro
5. ¿Cuál era la profesión de los enanitos de Blancanieves?
6. ¿Cuántos cabritillos se enfrentaron al lobo?
7. ¿Dónde se escondió el cabritillo al que no encuentra el lobo?
8. ¿Cómo se llama el enano saltarín?
9. ¿Cuál es la moraleja de la liebre y la tortuga?
10. ¿Quién es Rocinante?
11. ¿Cómo se llama el niño malo de Harry Potter?
12. enumera tres libros que hayamos leído este año
13. ¿quién escribió Harry Potter?
14. ¿Qué se representa con la onomatopeya "zas"?
a) el tic tac del relojb)una caída o golpec) un disparo
15. ¿quién escribió Marco y Mirco?
16. ¿Con quién toma el té Alicia en el país de las maravillas?
17. ¿dónde vive Peter Pan?
18. ¿quién saca huesos de pollo por una jaula?
19. ¿a quién se lleva un tornado lejos de casa con su perro Totó?
20. ¿qué tienen en común Pedro, los tres cerditos y Caperucita?
Miguel Delibes de Castro, en el jardín de su casa en Sevilla, con sus formidables prismáticos Leica.JAMES RAJOTTE
Delibes hijo heredó el amor por el medio ambiente de Delibes padre,
cuyo centenario se celebra en 2020 y quien ya en 1975 alertó en su
discurso en la RAE de la “inmolación” planetaria en ciernes. Juntos
escribieron en 2004 La tierra herida, una charla casera sobre la amenaza
del colapso ecológico. El padre defendió la cultura rural sublimándola
en sus novelas. Su hijo fue director de la Estación Biológica de Doñana y
ha sido el gran protector del lince ibérico. Jubilado y activo, el
biólogo avista tempestades.
Es mediodía, hace sol en Sevilla y Miguel Delibes de Castro
ya ha dado su habitual paseo mañanero en bicicleta con su yerno Jose.
Ha recorrido 40 kilómetros —cifra estupenda para un hombre de 73 años— y
lo único reseñable es que al sortear un camino recién arado se ha
pinchado con una rama en un brazo. El biólogo no se fijó en qué clase de
árbol lo rozó. Unos días más tarde, tras otro paseo, el exdirector de
la Estación Biológica de Doñana
y máxima autoridad en el lince ibérico envía un escueto mensaje de
móvil informando de que se trataba de una planta leguminosa: “Fue una
acacia”.
Miguel Delibes de Castro en entrevistaJames Rajotte
El 17 de octubre se cumplieron 100 años del nacimiento de su padre, el escritor Miguel Delibes, fallecido en 2010. La Biblioteca Nacional está celebrando con una gran exposición
el centenario de un prodigio de las letras que fue a su vez un
enamorado y un defensor de la naturaleza, sensibilidad que absorbieron
sus hijos. En 1975, en su acto de ingreso en la Real Academia Española
—sillón e minúscula para una persona que siempre rehuyó lo mayúsculo—,
leyó un discurso titulado El sentido del progreso desde mi obra
en el que advertía de los peligros de “un progreso de dorada apariencia
pero absolutamente irracional” y sostenía la necesidad de encauzar el
desarrollo con sentido ético y manteniendo la conexión con la
naturaleza. Para quienes entonces pensaban sobre todo en un rápido
crecimiento económico y en la modernización de aquella España
anquilosada, podían sonar como las palabras de un aguafiestas o, como el
propio Delibes dijo aquel día, de un retrógrado o un reaccionario. Hoy
se leen simplemente como las palabras de un individuo cabal y perspicaz.
La preocupación medioambiental acompañó al escritor toda su vida, y en 2004 publicó con su hijo Miguel el libro La tierra herida,
una charla casera en la que el novelista anciano apremia al científico
en su plenitud a que le dé respuestas concretas sobre el desaguisado que
se estaba produciendo en el planeta Tierra.
Nuestro desaguisado de ayer. Nuestro desaguisado de hoy. Nuestro desaguisado de mañana.
En la sala de estar de Miguel Delibes de Castro hay un simpático peluche de lince eurasiático, el Lynx lynx. El biólogo se encuentra fresco y bien dispuesto.
Es importante la bicicleta, ¿verdad?
Es esencial, cómoda y
entretenida. Su empleo no debería ser visto como una imposición
desagradable, sino como algo saludable y que permite disfrutar del
paisaje de otra manera. En bici ves muchas cosas. Mi libro Cuaderno del carril bici: pedaladas de un viejo naturalista en Sevilla y más allá
[Tundra, 2019] nació un día por la mañana en el que yendo hacia el
trabajo tuve la suerte de observar el instante en el que un águila
pescadora —el Pandion haliaetus— capturaba un pez junto a la
Torre del Oro. En realidad, la he visto dos veces intentar pescar por la
ciudad. Una se llevó una buena pieza, la otra falló. Por lo demás, es
obvio que el uso de la bicicleta es muy importante por la reducción del
dióxido de carbono y de otras partículas contaminantes que emiten los
coches, y que la salud de los ciudadanos que andan en bici mejora. ¡Es
tan absurdo gastar dinero y tiempo pedaleando en un gimnasio, o haciendo
spinning como dicen, cuando se puede hacer ejercicio al aire
libre para desplazarse de un lugar a otro! Una buena noticia es que
parece que con el posconfinamiento se está haciendo un esfuerzo en las
ciudades europeas por mejorar los carriles bici. París lidera el
proceso, según dicen. En un lugar como Copenhague se le da tanta
relevancia que esta vía es la primera que se limpia cuando cae una
nevada. Madrid, al contrario, es nefasta para la bici.
¿Cree que en España hay un rechazo hacia este humilde medio de transporte?
No, tampoco diría eso. Lo
que sí es un problema generalizado es que caminamos poquísimo para el
clima tan benévolo que tenemos. Cogemos el coche para movernos uno o dos
kilómetros. La verdad es que no sé de dónde viene esto.
En su familia la bici ha sido objeto de veneración.
¡Hombre, no tanto! Es cierto
que a mi padre le gustaba muchísimo. Antes de casarse se hacía 100
kilómetros en bici para ir a ver a mi madre, y la usó hasta que tenía 85
años. Pero lo más importante para él, la pluma aparte, fue la escopeta.
Ten presente que él no dijo nunca: “Soy un ciclista que escribe”. Dijo:
“Soy un cazador que escribe”.
¿Y usted en qué está investigando?
Ya no tengo grandes
proyectos, trabajo en temas con los que llevo años. Por ejemplo, otros
biólogos del CSIC y yo tenemos pendiente la publicación de un par de
artículos relacionados con la nutria. En uno estudiamos cómo va
disminuyendo la contaminación en el río Guadiamar, ocasionada por el
vertido de Aznalcóllar,
mediante el análisis de las cargas de minerales pesados en los
excrementos de las nutrias. Otro tiene que ver con las poblaciones de
este animal en Marruecos, por donde hemos andado unos cinco años
buscando nutrias. Es muy grato investigar cuando estás jubilado porque,
aunque tengas que pagarte los gastos, te ahorras la horrorosa burocracia
de la ciencia en España. Me siento más libre.
¿Por qué las nutrias?
Hace
medio siglo, cuando yo empecé, aquí no había una estructura científica y
básicamente escogías para investigar lo que más te apetecía. A mí me
gustaban los mamíferos carnívoros como la gineta, el lince o la nutria,
que en los setenta estaba desapareciendo en toda Europa y se ha
recuperado con mucho éxito.
Tiene fama de ser pelín agresiva.
No hay animales agresivos si
tú no los agredes, al menos en España. Todos son huidizos, y si hay
algún riesgo se derivaría de una excesiva confraternización con ellos.
Hay que comprender que los animales son distintos a nosotros, que Walt
Disney creo una fantasía, que no es nada prudente acercarse a un oso
cuando está devorando su pieza de carroña. Nosotros podemos
considerarnos amigos de los animales, como Félix Rodríguez de la Fuente,
pero ellos no tienen por qué ser amigos nuestros.
Su padre en su discurso de 1975 precisó que había escrito aquella disertación en memoria de su esposa, Ángeles de Castro, fallecida un año antes.
Sí, a ella le hizo muchísima
ilusión que lo eligieran académico. Mi hermana Elisa recuerda que mi
madre andaba por casa y de repente decía: “¡Uy, no sé por qué estoy tan
contenta hoy!”, y luego: “¡Ay, sí, claro, por lo de la Academia!”. Ella
murió en 1974, cuando aún no estaba acabado el discurso. A mi padre le
entra una gran depresión y no tiene ánimo para hacer nada, pero en los
primeros meses de 1975 saca fuerzas para terminarlo por ella. Por
cierto, que esa parte del discurso que mencionas decidió no leerla en el
acto porque temía quebrarse y echarse a llorar.
Delibes de Castro asoma entre el follaje de una madreselva.JAMES RAJOTTE
No quería exponerse.
Se conocía. Las comidas y
las reuniones formales lo angustiaban. Decía que se le cerraba el
estómago y que le entraba ansiedad. También le daban claustrofobia los
aviones, y por eso cuando tenía que ir de viaje, así fuera a lugares
remotos como Moscú o Estambul, nos pedía a alguno de los hijos y
nuestras parejas que viajáramos con él. Mi esposa, Isabel, y yo lo
acompañamos una vez en una gira por los países nórdicos, y después de
Noruega y de Suecia, cuando aún teníamos que ir a Finlandia, se
angustió, se le cerró el estómago y nos propuso que nos fuéramos a hacer
turismo hacia el círculo polar, huyendo de comidas formales y clases
magistrales. Él decía que era neurasténico.
¿Su madre y su padre compartían la preocupación por el medio ambiente?
Mi
madre tenía otra clase de relación con el campo. Simplemente lo
disfrutaba y, por su carácter alegre, tendía a ver el lado bueno de
todo. Pienso que si ahora le dijesen que han desaparecido las truchas en
tal sitio, ella diría: “Pero fíjate cuántas hay en tal otro”. En mi
padre, sin embargo, las inquietudes siempre adquirían el cariz de una
preocupación grave. Si se interesaba tanto por el medio ambiente, aparte
de porque también lo disfrutaba mucho, era porque tenía la sensación de
que era un bien que se estaba perdiendo rápido; lo mismo le sucedía con
la cultura rural. Él, por su carácter depresivo, tendía a ver las cosas
como negativas e irreversibles. Me acuerdo de que aun a los 89 años,
poco antes de morirse, me dijo: “Hijo, yo sabía que el fin del mundo
estaba cerca, pero no tanto. Me parece que aún voy a llegar a verlo”.
¿Ella era ama de casa?
Sí, aunque no el ama de casa
al uso que se quedaba siempre en el hogar cuidando a los hijos y
haciendo la comida. Le interesaba hacer patrones de moda, durante un
tiempo fue con una tía mía distribuidora de libros en Valladolid, era
agente de mi padre, lidiaba con sus traductores, organizaba sus viajes,
reservaba los hoteles. Cuando ella murió, mi padre se encontró de pronto
inerme, sin capacidad de hacer nada solo.
¿Qué comían en su casa en un día especial?
De muy niños, pollo, que
ahora suena de lo más corriente. Comer pollo era excepcional. Mi madre
hacía un formidable pollo guisado.
Imagínese que sus
padres y sus siete hijos se reuniesen hoy a comer. Corre un día
cualquiera de octubre de 2020. Una pandemia ha provocado ya la muerte de
más de un millón de personas. Se atropellan las noticias sobre el
cambio climático. ¿De qué hablarían?
Uy, qué difícil de imaginar.
Ella murió hace 46 años, todavía vivía Franco y por entonces lo que más
le preocupaba era la transición al posfranquismo. Le daba mucho miedo
por su recuerdo de la Guerra Civil. Temía que hubiera otra guerra, y a
los hijos nos pedía calma, prudencia, huir de los extremos; nos decía
que había que buscar la democracia pero sin causar daños mayores que los
que ya habíamos tenido. A mi padre esto no le preocupaba tanto. Creo
que lo veía de modo más racional. En fin, que recuperar a mi madre en
2020 me resulta demasiado difícil. Pero la verdad es que sí estaría muy
bien juntarnos otra vez todos a la mesa a comer un bonito con tomate,
unas manitas de cordero o unos calabacines rellenos. Y hablaríamos de la
pandemia, claro, pero casi seguro también de la familia, porque los
Delibes somos muy familiares. Hablaríamos de las bodas de los nietos de
mis padres, de sus nuevos bisnietos…
Cuando escribieron La tierra herida lo subtitularon ¿Qué mundo heredarán nuestros hijos? Han pasado 16 años. ¿Qué mundo heredarán los bisnietos de Delibes?
La situación es peor. Pese a
que en comparación con entonces hay una mayor conciencia del problema, e
incluso una tendencia casi universal a llevar a cabo políticas
ecológicas y sostenibles, el deterioro del medio ambiente se acelera.
Podemos constatar muchas mejoras concretas —los ríos europeos están
mucho más limpios que hace unas décadas, hay más parques naturales y hay
especies como la nutria o el lince en una situación más positiva, por
poner algunos ejemplos—, pero todo pequeño avance local es casi
insignificante a escala mundial.
¿Qué es lo más grave del deterioro actual del medio ambiente?
¡Eso es una pregunta de liga
de fútbol! Los científicos no nos dedicamos a los rankings. Yo suelo
decir que estamos ante un solo problema: un único problema ambiental y
social con diversas facetas. Si no conseguimos una justicia económica
global, la sostenibilidad social a la par que la ecológica, no
arreglaremos nada ni salvaremos la naturaleza. Mientras haya gente que
viva muy mal, habrá gente que daña el medio y gente que acaba con
especies de animales; habrá pérdida de bosques; habrá pérdida de
biodiversidad; seguirá sin detenerse la hiperfertilización de la tierra y
de los océanos… Y parece inevitable que el mundo vaya volviéndose más y
más complicado. Aunque dejásemos de emitir del todo gases de efecto
invernadero, continuarán el aumento de la temperatura, el deshielo, la
subida del mar, los huracanes y otros fenómenos extremos, y todo ello
dará lugar a grandes dificultades de orden práctico, además de probables
guerras por el agua. Esto va a más y solo se podrá afrontar con una
gobernanza global, con algo como lo que supuso la ONU en tiempos del
temor a un apocalipsis nuclear. Para evitar el colapso de nuestro mundo
—climático o de otro tipo, pues bien pudiera ser tecnológico, por
ejemplo— no hay soluciones locales.
¿Diría que su padre fue un ecologista?
Creo
que sí, aunque el ecologismo hoy es muy heterogéneo. Algún ecologista lo
rechazaría con cajas destempladas, pero otros lo aceptarían de buen
grado. En todo caso, creo que es el único ismo al que se adscribiría.
No lo aceptarían,
por ejemplo, los animalistas. ¿Cree que su padre, como cazador que era,
tenía una concepción poco evolucionada de los derechos de los animales?
El punto de vista de los
derechos de los animales es una conciencia nueva muy urbanita, y mi
padre era de otra época y entorno y no tenía dicha conciencia. Yo como
biólogo tengo dudas sobre algunos de esos derechos. No me considero en
absoluto animalista y creo que esta corriente está llegando a extremos
antiecológicos. ¡Hay movimientos que reclaman eliminar a los animales
depredadores porque hacen sufrir a las presas!
En su discurso su
padre dijo que se le acusaba de retrógrado por cuestionar la idea
imperante de progreso en defensa de la naturaleza.
Más bien yo creo que si lo tachaban de eso era por el mundo rural que representaba en novelas como El camino o Las ratas.
Entendían que era un conservador que no quería el progreso de los
españoles (“¡cómo va a defender Castilla si convierte en héroe a un niño
que vive en una cueva!”), cuando lo que subyacía a esas historias era
una defensa de la necesidad de mantener la cohesión en el campo, los
lazos con la tierra y la lentitud de ese modo de vida, adelantándose al
problema tan obvio hoy del vaciamiento de los pueblos.
Le traslado una
pregunta que lanzó su padre en su discurso: “¿En qué consiste el
bienestar? ¿Qué entiende el hombre contemporáneo por estar bien?”.
Te digo lo que yo creo: que
si pudiéramos ser felices sin comprar mucho, sin tener que cambiar de
casa o de coche cada poco, sin necesidad de ir a las Maldivas de
vacaciones, nos estaríamos acercando a una idea sensata del bienestar.
Hacen falta economistas que nos orienten hacia la economía del no
crecimiento y políticos que nos ayuden a ir por ese camino sin necesidad
de que nos obligue una catástrofe como la actual o como otras que
puedan venir.
¿Qué era para él el bienestar?
Estar en el campo. Que la
familia estuviera bien. Ir de caza: “Ser un hombre libre en un campo
libre contra una pieza libre”, decía. Y, por supuesto, la justicia
social.
Y usted, ¿cuándo está bien?
Yo también en el campo. Es donde más canto.
¿Qué canta?
Canciones de los sesenta o
de los setenta. En las excursiones familiares cantamos mucho. Hace
apenas un año, en un viaje a Noruega, cantaba Palmero sube a la palma, de Los Sabandeños, con mi hermano Germán mientras navegábamos en piragua por aguas del círculo polar.
Es divertido que en La tierra herida
su padre lo chinchaba seguido con comentarios como “Necesitamos hablar
con cierto rigor”, “Pero bueno, ¿estás elucubrando?”, “Hablas y hablas…”
o “¿Es que los científicos trabajáis por tanteo?”.
Sí, mi padre me chinchaba
porque quería que fuera muy concreto, como le gustaban las cosas a él, y
yo, como corresponde a la formación del científico, le iba dando
vueltas a todo.
Y si ahora mismo su padre le reclamara que le dijera cómo va la cosa del medio ambiente, seca y llanamente, qué le diría.
Como decía el cartel de un niño que me llegó el otro día al WhatsApp: “Regulinchi”.