domingo, 24 de octubre de 2021

La escritura y la vida. Encuentro con Emmanuel Carrère

El sábado 23 de octubre pudimos disfrutar en streaming de una conversación con Emmanuel Carrère para distintos clubes de lectura organizada por  la Fundación Princesa de Asturias. 

Esperamos verdaderamente que por fin, el curso que viene podamos acercarnos allí a encontrarnos con la próxima persona ganadora de este galardón.  






miércoles, 13 de octubre de 2021

Yoga de Emmanuel Carrère

 

Emmanuel Carrère: el yo literario como principio y fin


Emmanuel Carrère. CC: ActuaLitté

Emmanuel Carrère. CC: ActuaLitté

 Director de cine, guionista y escritor, Emmanuel Carrère (París, 1957), nuevo Premio Princesa de Asturias de las Letras, es autor de ensayos, biografías, reportajes, novelas y un grupo de obras –las más conocidas– que encajan en el género de la autoficción, del que se ha convertido en una de las voces más prestigiosas. Así puede apreciarse en su última obra, Yoga, que, sin embargo, ha provocado que el autor francés haya decidido dar por finalizada esta etapa de su trayectoria literaria.

Como novelista, Carrère se inició con Bravura (1984), donde mezcla la fantasía, la realidad y la ficción en una novela que transcurre por diferentes episodios históricos. El bigote (1986) es una obra con un planteamiento original: el protagonista decide afeitarse su bigote y descubre que nadie se da cuenta de este hecho; al contrario, nadie pensaba que lo tuviera, lo que le provoca una aguda crisis de identidad.

Después publicó la biografía novelada Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (1993), dedicada a uno de sus escritores favoritos, el autor de ciencia-ficción Philip K. Dick. Una semana en la nieve (1995) es una novela en la que el realismo y un soterrado terror traspasan las peripecias, inventadas o no, que vive un niño en sus vacaciones en un campamento de esquí.

Autoficción y reportaje

Tras esta obra hay un drástico cambio en su manera de enfocar la literatura. En 2000, con El adversario, uno de sus libros más celebrados, comienza a emplear las técnicas de la autoficción y del nuevo periodismo. El adversario se centra en un caso real: el asesinato que cometió en 1993 Jean-Claude Romand de su mujer, sus dos hijos y sus padres. La novela cuenta el largo historial de embustes del asesino, que llevó una doble identidad durante dieciocho años. Carrère conoció por la prensa estos hechos y decidió escribir un libro. Para ello, asistió a todas las sesiones del juicio, conoció de primera mano los testimonios, visitó los lugares que frecuentó Romand, se carteó con el asesino, le visitó en alguna ocasión en la cárcel… El autor francés se introduce en el relato contando sus pesquisas y las conclusiones que va extrayendo de lo que sale a relucir en el proceso.

A continuación publicó Una novela rusa (2007), en la que el autor y narrador se convierte en protagonista del libro, contando un año de su vida. Con un intimismo crudo y radical, Carrère fuerza el relato autobiográfico. En 2009 aparece De vidas ajenas, donde decide contar la vida de unas personas que conoce, aunque el yo del autor sigue traspasando todo el libro.

Carrère es capaz de descubrir insólitos personajes que le sirven de modelo para ofrecer una atrevida disección de la cultura contemporánea

Otra de sus grandes obras es Limónov (2012). En ella, vuelve a mezclar de manera atrayente e ingeniosa los géneros literarios para contar la biografía de un personaje real, desmesurado, Limónov, un exiliado ruso, constante viajero, que se mueve por los bajos fondos de diferentes ciudades, escribe novelas y, asqueado del mundo capitalista, funda el Partido Bolchevique. Acaba en la cárcel, pero no abandona una ideología caótica repleta de surrealistas contradicciones. Carrère, hijo de la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, especializada en el régimen soviético, realiza una radiografía anárquica de la Rusia actual sirviéndose de un esperpéntico personaje. Este libro tuvo muchísimo éxito en todo el mundo.

En El Reino (2015) vuelve a convertir sus propias peripecias en la principal materia narrativa del libro. En este caso, cuenta su conversión al catolicismo tras un periodo de profunda depresión y su posterior desencanto y decepción. La obra incluye un personalísimo y parcial análisis de los Hechos de los Apóstoles.

Al año siguiente publicó Calais (2016), un reportaje sobre la incidencia de la inmigración en esta ciudad francesa.

Su última obra publicada es Yoga, en la que cuenta diferentes episodios de su vida, como su pasión por el yoga, la muerte de uno de sus mejores amigos, su caída en una profunda depresión y su colaboración en algunas actividades solidarias.

Una mirada muy personal

Carrère ha conseguido ser uno de los máximos representantes de una renovadora manera de narrar que combina el relato biográfico con los recursos del reportaje periodístico. Su literatura resulta muy amena por la facilidad que tiene para indagar en su propia intimidad y en cuestiones reales y cercanas a los lectores.

Es cierto que, a veces, el peso del yo ahoga y cercena las posibilidades literarias de los asuntos que está contando, traspasados continuamente por una única y dominante manera de mirar la realidad, obsesiva y subjetiva, que puede incluso llevar a manipular esa realidad en detrimento de otros personajes. Aborda, además, cuestiones muy actuales, aunque las muestre de una manera cómodamente crítica y a veces superficial, aunque no den esa apariencia.

Pero su estilo ofrece un individualismo novedoso que plantea interesantes retos narrativos. Además, es capaz de descubrir en la realidad insólitos personajes que le sirven de modelo para ofrecer una atrevida disección de las luces y sombras de la cultura contemporánea.

fuente: aceprensa 

 

Emmanuel Carrère: "Lo que le permite a uno mantenerse a flote es estar consciente de que todas las etapas son transitorias"

  • Norberto Paredes
  • Festival Digital Colombia@BBC Mundo
Emmanuel Carrère en Milán en 2015.

Fuente de la imagen, Getty Images 

El francés Emmanuel Carrère está acostumbrado a romper moldes. 

Y eso es lo que precisamente hizo con "Yoga", su último libro, que desde que se publicó en septiembre del año pasado se ha convertido en un bestseller.

Después de "El reino" (2014) -en el que habla de los orígenes del cristianismo y de su muy breve experiencia como creyente-, Carrère vuelve a la palestra con una obra que, como es de esperar por el título, habla de esa actividad tan de moda en nuestros tiempos y que él ha practicado por más de 30 años, pero también de una oscura y depresiva etapa de su vida.

Inicialmente, su ambición era redactar un "librito sonriente y sutil" que le pudiera servir a muchos amantes del yoga.

Y aunque (al principio) lo logra, la novela de 400 páginas evoca experiencias traumáticas, como la muerte de su amigo y colega periodista Bernard Maris, asesinado en el atentado contra la revista Charlie Hebdo, y además relata sin tapujos un duro episodio depresivo que lo hizo acabar en un hospital psiquiátrico

La obra ha dado mucho de que hablar, y no solo en los círculos literarios.

De hecho, se volvió el epicentro de un renovado campo de batalla en su accidentado divorcio de la periodista francesa Hélène Devynck, quien, en una carta publicada por Vanity Fair, calificó la nueva obra de su exesposo como un libro donde "la línea entre la ficción y las mentiras está difuminada".

"Emmanuel y yo estamos sujetos a un contrato que lo obliga a obtener mi consentimiento para utilizarme en su obra. No consentí el texto tal como se publicó", escribió Devynck a finales de septiembre de 2020

Emmanuel Carrère y su exesposa Hélène Devynck en el estreno de "Remember" en el Festival de Cine de Venecia de 2015.

Emmanuel Carrère y su exesposa Hélène Devynck en el estreno de "Remember" en el Festival de Cine de Venecia de 2015.

Poco después, Carrère ofreció su propia versión en el diario Libération, asegurando que respetó las peticiones de su exmujer y "fue mucho más lejos", haciéndole leer no solo las líneas que le concernían sino todo el libro, que enmendó "no una, sino dos veces".

Para muchos, la polémica en torno a "Yoga" hizo que el libro fuera excluido de la segunda selección del codiciado premio Goncourt -uno de los galardones literarios más importantes de Francia-, a pesar de que era uno de los grandes favoritos para hacerse con la distinción.

A lo largo de "Yoga", el parisino hace gala de su sentido del humor dando distintas definiciones de lo que son la meditación y el yoga.

Su concepto favorito de la primera, cuenta, es uno que toma prestado "del budismo Zen más rústico": "meditar es orinar cuando orinas y hacer caca cuando haces caca".

Carrère es uno de los autores más prominentes de su país. Y aunque utilizó la ficción para darse a conocer, ahora destaca por los relatos que escribe en primera persona sobre su vida y la de otros.

Para muchos críticos, con la publicación en 2000 de "El adversario" -un relato sobre un mitómano que mató a toda su familia y luego intentó suicidarse, una historia real que conmocionó a Francia en los años 90- Carrère marcó un antes y un después del género.

Lo adaptó y lo hizo suyo, concibiendo obras que incluyen relatos muy íntimos mezclados con reportaje, filosofía y hechos históricos, como "Una novela rusa", "Limónov" y "El reino".

Lo que sigue es un extracto del diálogo que BBC Mundo tuvo con el galardonado autor, que ha sido calificado como uno de los escritores vivos "más interesantes de nuestros tiempos".

Línea

¿Por qué ahora escribes novelas no ficción cuando tuviste tanto éxito con tus libros de ficción?

No se trata de una elección ideológica ni de una preferencia por la no ficción sobre la ficción. De hecho, no es totalmente imposible que algún día vuelva a escribir novelas de ficción.

Digamos que desde "El adversario", un libro que relata un caso criminal, me adentré en el territorio particular de la no ficción, donde uno se enfrenta a lo real y donde nos exponemos mucho más a una especie de respuesta surrealista inesperada.

Emmanuel Carrère
Getty
Me parece más honesto contar una historia de la que formo parte, o con cuyos personajes he tenido interacciones, que contarla como si fuera Dios".
Emmanuel Carrère

Es básicamente como la diferencia en el cine entre hacer una película de ciencia ficción, con actores y un guion, y rodar un documental en el que nunca sabes lo que va a pasar o a dónde te va a llevar.

Esa incertidumbre, esa apertura a lo desconocido, es algo que me encanta, con los peligros que representa.

En los últimos años son además cada vez más personales. ¿Por qué?

En cierto modo está relacionado con el hecho de que escribir historias basadas en hechos o personajes reales me obliga a exponerme también.

Me parece más honesto contar una historia de la que formo parte, o con cuyos personajes he tenido interacciones, que contarla como si fuera dios o pudiera ver las cosas desde el planeta Marte.

Cuando hago no ficción, las interacciones que puedo tener con los personajes forman parte de la obra.

Emmanuel Carrère en París en 1983.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto,

Emmanuel Carrère publicó su primer libro cuando tenía 24 años y a lo largo de su carrera ha sufrido de depresión y de trastornos bipolares de los cuales habla abiertamente en su obra.

En "Yoga", hablas de tu admiración por "los pocos hombres" que saben que vinieron a la tierra solamente para contemplar el cielo, como tu amigo Hervé. ¿Eres uno de ellos?

(Risas). Me encantaría, me encantaría... pero no podría decir eso. No. Diría que la razón por la que me siento en la Tierra es más bien para tratar de formar frases que reflejen mi experiencia como ser humano.

También hablas de la salud física y mental y citas el concepto de Freud, que dijo que la salud física es ser capaz de amar y trabajar. Me imagino que es un concepto con el que estás de acuerdo, pero ¿qué significa para ti estar en buena salud física y mental? ¿Cómo haces para tratar de mantenerla?

Absolutamente, esa definición de Freud es muy cierta.

En realidad, no soy la mejor persona para hablar de salud física y mental: en mi libro hablo de la enorme depresión que atravesé.

Pero pienso que lo que le permite a uno mantener la salud física, o al menos mantenerse a flote, es estar consciente de que todas las etapas son transitorias.

Puede parecer tonto y banal dicho de esa manera, pero con frecuencia dentro de las banalidades encontramos las cosas más ciertas.

Hay que estar consciente de que las etapas marcadas por la controversia no son absolutas.

También es importante saber que cuando pasas por un momento de mucho dolor, en algún punto lo vas a superar.

Y, de la misma forma, cuando las cosas van muy bien, no está mal decirse que la buena racha no va a durar. No se trata de ser pesimista, sino de ser realista.

Emmanuel Carrère
Getty
Es importante saber que cuando pasas por un momento de mucho dolor, en algún punto lo vas a superar. Y cuando las cosas van muy bien, no está mal decirse que no va a durar".
Emmanuel Carrère

Hay que aceptar la idea de que existen ciclos.

A lo largo de "Yoga", también das varias definiciones de meditación, ¿cuál es tu favorita?

(Risas) Hay una que voy a citar y que es una definición que proviene realmente del budismo Zen más rústico y es: "la meditación es orinar cuando orinas y hacer caca cuando haces caca".

¿Por qué te gusta tanto esa definición?

No es hallazgo paradójico mío, es una definición clásica que quiere decir que es algo muy simple y su dificultad es precisamente hacer de eso algo simple.

Solamente es hacer lo que uno está haciendo mientras lo hace, en lugar de agregar capas, comentarios y razonamiento.

¿Cómo la meditación y el yoga te han ayudado personalmente?

Siempre resulta complicado responder a eso, porque es como el psicoanálisis: uno nunca sabe qué habría pasado si uno nunca hubiera hecho.

Pero tanto la meditación como el yoga son de gran utilidad y todos los que las practican terminan por darse cuenta de que ayudan mucho.

Por supuesto, uno podría decir lo mismo de correr y de todas esas disciplinas que son a la vez físicas y que aportan beneficios físicos, pero que también hacen un trabajo de fondo sobre la conciencia.

Idealmente, te ayudan a aumentar el área y la capacidad de conciencia. Son actividades extremadamente benéficas en muchos ámbitos.

¿Son para todo el mundo?

Totalmente. Bueno, hay personas cuyo temperamento no les permite del todo practicarlas, pero que pueden encontrar otras formas de meditación, que pueden ser las artes marciales, por ejemplo.

Creo que incluso uno puede jugar fútbol como una forma de meditación.

Personas practicando yoga.
Getty
El yoga no sería yoga si no fuera para todo el mundo".
Emmanuel Carrère

Pero creo que cada uno puede encontrar lo que mejor le convenga.

El yoga no sería yoga si no fuera para todo el mundo.

¿Qué significa el yoga para Emmanuel Carrère aparte de la"bienfaisante gymnastique" (un tipo de gimnasia que hace bien)?

Es, ante todo, la"bienfaisante gymnastique", en cualquier caso. 

Pero también es la idea de que esta "gimnasia" que trae beneficios físicos poco a poco puede llevar incluso a una transformación de la consciencia.

Y si no llegas allí, al menos habrás hecho ejercicio, lo cual ya es bastante.

¿Cuáles son tus referencias actuales? ¿En quién te reconoces?

¿En literatura? Tal vez sea muy pretencioso decir esto, pero actualmente no hay ningún escritor del que yo me sienta cercano, que me haga decir que hacemos un poco la misma cosa.

(Pausa). Espera. Hay un escritor inglés con el que siento cierta cercanía: Geoff Dyer. Escribe cosas muy buenas, en las que habla de sí mismo, y del mundo, con mucho humor y mucho ingenio.

¿Ya pensaste en escribir un libro sobre 2020? ¿Sobre qué iría?

Sí. Obligado por las circunstancias, hace poco comencé un libro estilo documental sobre un par de calles del barrio en el que vivo en París. Trato de describirlas, de describir a la gente que hace vida acá.

Es una especie de diario, en realidad, en el que, por supuesto, he anotado cosas que vi que pasaron durante este año absolutamente espantoso que fue 2020.

fuente: bbc internacional

 

 

lunes, 13 de septiembre de 2021

Vuelve el club de lectura juvenil

 

 Si tienes de 10 a 13 años... apúntate al club de lectura juvenil de la biblioteca. De momento online, pero con las mismas ganas que si fuera presencial.

Más info en la sala infantil de la biblio.

fuente: pixabay

Vuelve el club de lectura infantil

 Llega el comienzo de curso, y con él el club de lectura infantil, de momento online, pero con las mismas ganas que si fuera presencial.

Si tienes 8 y 9 años, no te lo pienses más. 

Más info en la sala infantil de la biblioteca


fuente: pixabay

miércoles, 9 de junio de 2021

la princesa y el traidor

El último libro que hemos leído en el club de lectura juvenil ha sido La princesa y el traidor. Un libro escrito por Andreu  Martín y Jaume Ribera, y que pertenece a la serie La cadena Mágica. De hecho, este es el segundo libro. 

Durante siglos, hubo dos mundos en conflicto compartiendo una misma tierra: el mundo de las tinieblas y aquel donde la magia solo existía como leyenda. Hasta que el gran mago del Agujero creó el " mundo nuevo " y, con él, la cadena mágica de cristal que obraría la magia de abrir su Puerta.
Atrapado en el mundo mágico del Agujero, Héctor sigue el rastro de Bijou, que ha caído prisionera del ejército del despiadado rey koon. Podría haber escapado haciendo uso del primer eslabón pero, fiel a su amistad y a pesar de las adversidades, Héctor correrá un sinfín de aventuras para tratar de regresar con ella a casa.
 

Y parece mentira, pero hemos terminado el club juvenil en este año tan raro en el que no hemos podido hacer nuestras sesiones en la biblioteca, pero donde hemos seguido disfrutando de los libros en los encuentros a través de la pantalla. 

¡


El curso que viene nos volvemos a ver!

última sesión del club de lectura infantil

El martes 2 de junio tuvimos nuestra última sesión del club de lectura infantil de este curso 2020-2021. Un curso en el que no hemos podido encontrarnos físicamente, pero donde nos hemos visto las caras a través de la pantalla y hemos seguido disfrutando de las lecturas, y de los comentarios. 

El último libro que hemos leído ha sido Un mundo a capas, un libro divulgativo sobre la tierra, su composición, interesantísimo, que nos ha encantado.

Y para terminar, hemos participado de nuestro concurso: ¿Qué sabes de cuentos? y... nos hemos llevado el bote. Ahí van las preguntas. Por si queréis intentar contestarlas. 

1. ¿quién entró en una casa con tres osos?

2. Fruta envenenada que duerme eternamente.

3. Conciencia de Pinocho

4. ¿qué dos cosas llevó Jack en el cuento de las habichuelas mágicas? 

a) arpa y gallina     b)arpa y monedas de oro    c)arpa y un cofre del tesoro

5. ¿Cuál era la profesión de los enanitos de Blancanieves?

6. ¿Cuántos cabritillos se enfrentaron al lobo?

7. ¿Dónde se escondió el cabritillo al que no encuentra el lobo?

8. ¿Cómo se llama el enano saltarín?

9. ¿Cuál es la moraleja de la liebre y la tortuga?

10. ¿Quién es Rocinante?

11. ¿Cómo se llama el niño malo de  Harry Potter?

12. enumera tres libros que hayamos leído este año

13. ¿quién escribió Harry Potter?

14. ¿Qué se representa con la onomatopeya "zas"?

a) el tic tac del reloj    b)una caída o golpe        c) un disparo

15. ¿quién escribió Marco y Mirco?

16. ¿Con quién toma el té Alicia en el país de las maravillas?

17. ¿dónde vive Peter Pan?

18. ¿quién saca huesos de pollo por una jaula?

19. ¿a quién se lleva un tornado lejos de casa con su perro Totó?

20. ¿qué tienen en común Pedro, los tres cerditos y Caperucita? 

21. Charlie va a una fábrica de

a)gominolas    b)chocolate    c)pasteles y pancakes

22. ¿dónde vive Peter Pan?


martes, 8 de junio de 2021

Miguel Delibes de Castro, la Tierra herida

 

Miguel Delibes de Castro: “Sin una justicia económica global no podremos salvar la naturaleza”

Miguel Delibes de Castro, en el jardín de su casa en Sevilla, con sus formidables prismáticos Leica.
Miguel Delibes de Castro, en el jardín de su casa en Sevilla, con sus formidables prismáticos Leica.

Delibes hijo heredó el amor por el medio ambiente de Delibes padre, cuyo centenario se celebra en 2020 y quien ya en 1975 alertó en su discurso en la RAE de la “inmolación” planetaria en ciernes. Juntos escribieron en 2004 La tierra herida, una charla casera sobre la amenaza del colapso ecológico. El padre defendió la cultura rural sublimándola en sus novelas. Su hijo fue director de la Estación Biológica de Doñana y ha sido el gran protector del lince ibérico. Jubilado y activo, el biólogo avista tempestades.

Es mediodía, hace sol en Sevilla y Miguel Delibes de Castro ya ha dado su habitual paseo mañanero en bicicleta con su yerno Jose. Ha recorrido 40 kilómetros —cifra estupenda para un hombre de 73 años— y lo único reseñable es que al sortear un camino recién arado se ha pinchado con una rama en un brazo. El biólogo no se fijó en qué clase de árbol lo rozó. Unos días más tarde, tras otro paseo, el exdirector de la Estación Biológica de Doñana y máxima autoridad en el lince ibérico envía un escueto mensaje de móvil informando de que se trataba de una planta leguminosa: “Fue una acacia”.

Miguel Delibes de Castro en entrevista

El 17 de octubre se cumplieron 100 años del nacimiento de su padre, el escritor Miguel Delibes, fallecido en 2010. La Biblioteca Nacional está celebrando con una gran exposición el centenario de un prodigio de las letras que fue a su vez un enamorado y un defensor de la naturaleza, sensibilidad que absorbieron sus hijos. En 1975, en su acto de ingreso en la Real Academia Española —sillón e minúscula para una persona que siempre rehuyó lo mayúsculo—, leyó un discurso titulado El sentido del progreso desde mi obra en el que advertía de los peligros de “un progreso de dorada apariencia pero absolutamente irracional” y sostenía la necesidad de encauzar el desarrollo con sentido ético y manteniendo la conexión con la naturaleza. Para quienes entonces pensaban sobre todo en un rápido crecimiento económico y en la modernización de aquella España anquilosada, podían sonar como las palabras de un aguafiestas o, como el propio Delibes dijo aquel día, de un retrógrado o un reaccionario. Hoy se leen simplemente como las palabras de un individuo cabal y perspicaz.

La preocupación medioambiental acompañó al escritor toda su vida, y en 2004 publicó con su hijo Miguel el libro La tierra herida, una charla casera en la que el novelista anciano apremia al científico en su plenitud a que le dé respuestas concretas sobre el desaguisado que se estaba produciendo en el planeta Tierra.

Nuestro desaguisado de ayer. Nuestro desaguisado de hoy. Nuestro desaguisado de mañana.

En la sala de estar de Miguel Delibes de Castro hay un simpático peluche de lince eurasiático, el Lynx lynx. El biólogo se encuentra fresco y bien dispuesto.

Es importante la bicicleta, ¿verdad?

Es esencial, cómoda y entretenida. Su empleo no debería ser visto como una imposición desagradable, sino como algo saludable y que permite disfrutar del paisaje de otra manera. En bici ves muchas cosas. Mi libro Cuaderno del carril bici: pedaladas de un viejo naturalista en Sevilla y más allá [Tundra, 2019] nació un día por la mañana en el que yendo hacia el trabajo tuve la suerte de observar el instante en el que un águila pescadora —el Pandion haliaetus— capturaba un pez junto a la Torre del Oro. En realidad, la he visto dos veces intentar pescar por la ciudad. Una se llevó una buena pieza, la otra falló. Por lo demás, es obvio que el uso de la bicicleta es muy importante por la reducción del dióxido de carbono y de otras partículas contaminantes que emiten los coches, y que la salud de los ciudadanos que andan en bici mejora. ¡Es tan absurdo gastar dinero y tiempo pedaleando en un gimnasio, o haciendo spinning como dicen, cuando se puede hacer ejercicio al aire libre para desplazarse de un lugar a otro! Una buena noticia es que parece que con el posconfinamiento se está haciendo un esfuerzo en las ciudades europeas por mejorar los carriles bici. París lidera el proceso, según dicen. En un lugar como Copenhague se le da tanta relevancia que esta vía es la primera que se limpia cuando cae una nevada. Madrid, al contrario, es nefasta para la bici.

¿Cree que en España hay un rechazo hacia este humilde medio de transporte?

No, tampoco diría eso. Lo que sí es un problema generalizado es que caminamos poquísimo para el clima tan benévolo que tenemos. Cogemos el coche para movernos uno o dos kilómetros. La verdad es que no sé de dónde viene esto.

En su familia la bici ha sido objeto de veneración.

¡Hombre, no tanto! Es cierto que a mi padre le gustaba muchísimo. Antes de casarse se hacía 100 kilómetros en bici para ir a ver a mi madre, y la usó hasta que tenía 85 años. Pero lo más importante para él, la pluma aparte, fue la escopeta. Ten presente que él no dijo nunca: “Soy un ciclista que escribe”. Dijo: “Soy un cazador que escribe”.

¿Y usted en qué está investigando?

Ya no tengo grandes proyectos, trabajo en temas con los que llevo años. Por ejemplo, otros biólogos del CSIC y yo tenemos pendiente la publicación de un par de artículos relacionados con la nutria. En uno estudiamos cómo va disminuyendo la contaminación en el río Guadiamar, ocasionada por el vertido de Aznalcóllar, mediante el análisis de las cargas de minerales pesados en los excrementos de las nutrias. Otro tiene que ver con las poblaciones de este animal en Marruecos, por donde hemos andado unos cinco años buscando nutrias. Es muy grato investigar cuando estás jubilado porque, aunque tengas que pagarte los gastos, te ahorras la horrorosa burocracia de la ciencia en España. Me siento más libre.

¿Por qué las nutrias?

Hace medio siglo, cuando yo empecé, aquí no había una estructura científica y básicamente escogías para investigar lo que más te apetecía. A mí me gustaban los mamíferos carnívoros como la gineta, el lince o la nutria, que en los setenta estaba desapareciendo en toda Europa y se ha recuperado con mucho éxito.

Tiene fama de ser pelín agresiva.

No hay animales agresivos si tú no los agredes, al menos en España. Todos son huidizos, y si hay algún riesgo se derivaría de una excesiva confraternización con ellos. Hay que comprender que los animales son distintos a nosotros, que Walt Disney creo una fantasía, que no es nada prudente acercarse a un oso cuando está devorando su pieza de carroña. Nosotros podemos considerarnos amigos de los animales, como Félix Rodríguez de la Fuente, pero ellos no tienen por qué ser amigos nuestros.

Su padre en su discurso de 1975 precisó que había escrito aquella disertación en memoria de su esposa, Ángeles de Castro, fallecida un año antes.

Sí, a ella le hizo muchísima ilusión que lo eligieran académico. Mi hermana Elisa recuerda que mi madre andaba por casa y de repente decía: “¡Uy, no sé por qué estoy tan contenta hoy!”, y luego: “¡Ay, sí, claro, por lo de la Academia!”. Ella murió en 1974, cuando aún no estaba acabado el discurso. A mi padre le entra una gran depresión y no tiene ánimo para hacer nada, pero en los primeros meses de 1975 saca fuerzas para terminarlo por ella. Por cierto, que esa parte del discurso que mencionas decidió no leerla en el acto porque temía quebrarse y echarse a llorar.

Delibes de Castro asoma entre el follaje de una madreselva.
Delibes de Castro asoma entre el follaje de una madreselva.

No quería exponerse.

Se conocía. Las comidas y las reuniones formales lo angustiaban. Decía que se le cerraba el estómago y que le entraba ansiedad. También le daban claustrofobia los aviones, y por eso cuando tenía que ir de viaje, así fuera a lugares remotos como Moscú o Estambul, nos pedía a alguno de los hijos y nuestras parejas que viajáramos con él. Mi esposa, Isabel, y yo lo acompañamos una vez en una gira por los países nórdicos, y después de Noruega y de Suecia, cuando aún teníamos que ir a Finlandia, se angustió, se le cerró el estómago y nos propuso que nos fuéramos a hacer turismo hacia el círculo polar, huyendo de comidas formales y clases magistrales. Él decía que era neurasténico.

¿Su madre y su padre compartían la preocupación por el medio ambiente?

Mi madre tenía otra clase de relación con el campo. Simplemente lo disfrutaba y, por su carácter alegre, tendía a ver el lado bueno de todo. Pienso que si ahora le dijesen que han desaparecido las truchas en tal sitio, ella diría: “Pero fíjate cuántas hay en tal otro”. En mi padre, sin embargo, las inquietudes siempre adquirían el cariz de una preocupación grave. Si se interesaba tanto por el medio ambiente, aparte de porque también lo disfrutaba mucho, era porque tenía la sensación de que era un bien que se estaba perdiendo rápido; lo mismo le sucedía con la cultura rural. Él, por su carácter depresivo, tendía a ver las cosas como negativas e irreversibles. Me acuerdo de que aun a los 89 años, poco antes de morirse, me dijo: “Hijo, yo sabía que el fin del mundo estaba cerca, pero no tanto. Me parece que aún voy a llegar a verlo”.

¿Ella era ama de casa?

Sí, aunque no el ama de casa al uso que se quedaba siempre en el hogar cuidando a los hijos y haciendo la comida. Le interesaba hacer patrones de moda, durante un tiempo fue con una tía mía distribuidora de libros en Valladolid, era agente de mi padre, lidiaba con sus traductores, organizaba sus viajes, reservaba los hoteles. Cuando ella murió, mi padre se encontró de pronto inerme, sin capacidad de hacer nada solo.

¿Qué comían en su casa en un día especial?

De muy niños, pollo, que ahora suena de lo más corriente. Comer pollo era excepcional. Mi madre hacía un formidable pollo guisado.

Imagínese que sus padres y sus siete hijos se ­reuniesen hoy a comer. Corre un día cualquiera de octubre de 2020. Una pandemia ha provocado ya la muerte de más de un millón de personas. Se atropellan las noticias sobre el cambio climático. ¿De qué hablarían?

Uy, qué difícil de imaginar. Ella murió hace 46 años, todavía vivía Franco y por entonces lo que más le preocupaba era la transición al posfranquismo. Le daba mucho miedo por su recuerdo de la Guerra Civil. Temía que hubiera otra guerra, y a los hijos nos pedía calma, prudencia, huir de los extremos; nos decía que había que buscar la democracia pero sin causar daños mayores que los que ya habíamos tenido. A mi padre esto no le preocupaba tanto. Creo que lo veía de modo más racional. En fin, que recuperar a mi madre en 2020 me resulta demasiado difícil. Pero la verdad es que sí estaría muy bien juntarnos otra vez todos a la mesa a comer un bonito con tomate, unas manitas de cordero o unos calabacines rellenos. Y hablaríamos de la pandemia, claro, pero casi seguro también de la familia, porque los Delibes somos muy familiares. Hablaríamos de las bodas de los nietos de mis padres, de sus nuevos bisnietos…

Cuando escribieron La tierra herida lo subtitularon ¿Qué mundo heredarán nuestros hijos? Han pasado 16 años. ¿Qué mundo heredarán los bisnietos de Delibes?

La situación es peor. Pese a que en comparación con entonces hay una mayor conciencia del problema, e incluso una tendencia casi universal a llevar a cabo políticas ecológicas y sostenibles, el deterioro del medio ambiente se acelera. Podemos constatar muchas mejoras concretas —los ríos europeos están mucho más limpios que hace unas décadas, hay más parques naturales y hay especies como la nutria o el lince en una situación más positiva, por poner algunos ejemplos—, pero todo pequeño avance local es casi insignificante a escala mundial.

¿Qué es lo más grave del deterioro actual del medio ambiente?

¡Eso es una pregunta de liga de fútbol! Los científicos no nos dedicamos a los rankings. Yo suelo decir que estamos ante un solo problema: un único problema ambiental y social con diversas facetas. Si no conseguimos una justicia económica global, la sostenibilidad social a la par que la ecológica, no arreglaremos nada ni salvaremos la naturaleza. Mientras haya gente que viva muy mal, habrá gente que daña el medio y gente que acaba con especies de animales; habrá pérdida de bosques; habrá pérdida de biodiversidad; seguirá sin detenerse la hiperfertilización de la tierra y de los océanos… Y parece inevitable que el mundo vaya volviéndose más y más complicado. Aunque dejásemos de emitir del todo gases de efecto invernadero, continuarán el aumento de la temperatura, el deshielo, la subida del mar, los huracanes y otros fenómenos extremos, y todo ello dará lugar a grandes dificultades de orden práctico, además de probables guerras por el agua. Esto va a más y solo se podrá afrontar con una gobernanza global, con algo como lo que supuso la ONU en tiempos del temor a un apocalipsis nuclear. Para evitar el colapso de nuestro mundo —climático o de otro tipo, pues bien pudiera ser tecnológico, por ejemplo— no hay soluciones locales.

¿Diría que su padre fue un ecologista?

Creo que sí, aunque el ecologismo hoy es muy heterogéneo. Algún ecologista lo rechazaría con cajas destempladas, pero otros lo aceptarían de buen grado. En todo caso, creo que es el único ismo al que se adscribiría.

No lo aceptarían, por ejemplo, los animalistas. ¿Cree que su padre, como cazador que era, tenía una concepción poco evolucionada de los derechos de los animales?

El punto de vista de los derechos de los animales es una conciencia nueva muy urbanita, y mi padre era de otra época y entorno y no tenía dicha conciencia. Yo como biólogo tengo dudas sobre algunos de esos derechos. No me considero en absoluto animalista y creo que esta corriente está llegando a extremos antiecológicos. ¡Hay movimientos que reclaman eliminar a los animales depredadores porque hacen sufrir a las presas!

En su discurso su padre dijo que se le acusaba de retrógrado por cuestionar la idea imperante de progreso en defensa de la naturaleza.

Más bien yo creo que si lo tachaban de eso era por el mundo rural que representaba en novelas como El camino o Las ratas. Entendían que era un conservador que no quería el progreso de los españoles (“¡cómo va a defender Castilla si convierte en héroe a un niño que vive en una cueva!”), cuando lo que subyacía a esas historias era una defensa de la necesidad de mantener la cohesión en el campo, los lazos con la tierra y la lentitud de ese modo de vida, adelantándose al problema tan obvio hoy del vaciamiento de los pueblos.

Le traslado una pregunta que lanzó su padre en su discurso: “¿En qué consiste el bienestar? ¿Qué entiende el hombre contemporáneo por estar bien?”.

Te digo lo que yo creo: que si pudiéramos ser felices sin comprar mucho, sin tener que cambiar de casa o de coche cada poco, sin necesidad de ir a las Maldivas de vacaciones, nos estaríamos acercando a una idea sensata del bienestar. Hacen falta economistas que nos orienten hacia la economía del no crecimiento y políticos que nos ayuden a ir por ese camino sin necesidad de que nos obligue una catástrofe como la actual o como otras que puedan venir.

¿Qué era para él el bienestar?

Estar en el campo. Que la familia estuviera bien. Ir de caza: “Ser un hombre libre en un campo libre contra una pieza libre”, decía. Y, por supuesto, la justicia social.

Y usted, ¿cuándo está bien?

Yo también en el campo. Es donde más canto.

¿Qué canta?

Canciones de los sesenta o de los setenta. En las excursiones familiares cantamos mucho. Hace apenas un año, en un viaje a Noruega, cantaba Palmero sube a la palma, de Los Sabandeños, con mi hermano Germán mientras navegábamos en piragua por aguas del círculo polar.

Es divertido que en La tierra herida su padre lo chinchaba seguido con comentarios como “Necesitamos hablar con cierto rigor”, “Pero bueno, ¿estás elucubrando?”, “Hablas y hablas…” o “¿Es que los científicos trabajáis por tanteo?”.

Sí, mi padre me chinchaba porque quería que fuera muy concreto, como le gustaban las cosas a él, y yo, como corresponde a la formación del científico, le iba dando vueltas a todo.

Y si ahora mismo su padre le reclamara que le dijera cómo va la cosa del medio ambiente, seca y llanamente, qué le diría.

Como decía el cartel de un niño que me llegó el otro día al WhatsApp: “Regulinchi”.